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A 34 años de su muerte, Atahualpa Yupanqui sigue siendo la voz eterna del folklore argentino

El 23 de mayo de 1992 fallecía en la ciudad de Nimes, Francia, el mayor referente del folklore argentino: Atahualpa Yupanqui. Poeta, guitarrista, compositor y escritor, su obra trascendió generaciones y se convirtió en…

Publicado Por El HeraldoLectura 3 min
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Claves

  • El 23 de mayo de 1992 fallecía en la ciudad de Nimes, Francia, el mayor referente del folklore argentino: Atahualpa Yupanqui.
  • Poeta, guitarrista, compositor y escritor, su obra trascendió generaciones y se convirtió en una de las expresiones culturales más profundas de la identidad nacional.
  • A 34 años de su muerte, sus canciones continúan resonando en el corazón popular argentino.

El 23 de mayo de 1992 fallecía en la ciudad de Nimes, Francia, el mayor referente del folklore argentino: Atahualpa Yupanqui. Poeta, guitarrista, compositor y escritor, su obra trascendió generaciones y se convirtió en una de las expresiones culturales más profundas de la identidad nacional. A 34 años de su muerte, sus canciones continúan resonando en el corazón popular argentino.

Nacido el 31 de enero de 1908 en Pergamino bajo el nombre de Héctor Roberto Chavero Aramburu, creció en una familia trabajadora radicada en Junín. Desde muy pequeño mostró un talento excepcional para la música. Formado por el concertista Bautista Almirón, aprendió violín y con apenas ocho años interpretaba piezas de compositores clásicos como Ludwig van Beethoven, Johann Sebastian Bach y Franz Schubert. Sin embargo, el destino artístico de Yupanqui cambió durante un viaje familiar a Tucumán.

Allí descubrió los ritmos, instrumentos y sonidos del norte argentino que lo marcarían para siempre. El bombo, la zamba y las expresiones musicales indígenas despertaron en él una pasión que terminó moldeando toda su obra. La muerte prematura de su padre lo obligó desde joven a sostener económicamente a su familia. Fue periodista, maestro rural, tipógrafo y cronista, mientras mantenía intacta su devoción por la música y también por el boxeo.

En 1927 adoptó el nombre artístico de “Atahualpa Yupanqui”, expresión quechua que significa “el que viene de lejanas tierras para decir algo”. Ese mismo año compuso “Camino del indio”, una de sus primeras obras emblemáticas, y comenzó un extenso recorrido por el interior profundo del país, atravesando Jujuy, Bolivia, los Valles Calchaquíes y Entre Ríos, entre otros destinos.

Comprometido políticamente, participó junto a Arturo Jauretche y Gregorio Pomar en la fallida sublevación de los Hermanos Kennedy contra el gobierno de facto de Agustín Pedro Justo, situación que lo llevó al exilio en Montevideo. Años más tarde regresó al país y profundizó su trabajo de recopilación cultural y etnográfica sobre las comunidades originarias argentinas.

Su afiliación al Partido Comunista provocó que fuera censurado durante el gobierno de Juan Domingo Perón, motivo por el cual abandonó nuevamente el país en 1949. Instalado en París, conoció a Édith Piaf, quien quedó impactada por su talento y lo ayudó a abrirse camino en Europa. Allí grabó “Minero Soy”, su primer disco de gran repercusión internacional.

De regreso en la Argentina, sus composiciones comenzaron a expandirse masivamente gracias a las interpretaciones de artistas como Mercedes Sosa, Jorge Cafrune y Alberto Cortez. Obras como “Lunita Tucumana”, “Los ejes de mi carreta” y “El arriero” se transformaron en verdaderos himnos de la cultura popular argentina.

En 1985 recibió el Premio Konex de Brillante como máxima figura de la música popular argentina y un año después Francia lo distinguió como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, reconocimiento que consolidó su prestigio internacional. Atahualpa Yupanqui murió el 23 de mayo de 1992 en Francia, pero por expreso deseo sus restos fueron repatriados y descansan en Cerro Colorado.

Su legado permanece intacto como una de las voces más auténticas y profundas del ser nacional argentino, capaz de retratar con poesía, música y sensibilidad el paisaje, el sufrimiento y la dignidad del pueblo. Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión