Claves
- El 22 de mayo de 1892 nacía en Capriasca, Suiza, Alfonsina Storni, una de las voces más profundas y trascendentes de la literatura argentina y latinoamericana.
- Instalada junto a su familia en Rosario, Alfonsina debió enfrentar desde muy joven la pobreza y el trabajo duro.
- Colaboró en un café familiar limpiando y atendiendo mesas, mientras comenzaba a desarrollar una sensibilidad artística precoz.
El 22 de mayo de 1892 nacía en Capriasca, Suiza, Alfonsina Storni, una de las voces más profundas y trascendentes de la literatura argentina y latinoamericana. Hija de un empresario cervecero sanjuanino, llegó al país siendo apenas una niña, en medio de un contexto familiar atravesado por las dificultades económicas y la inestabilidad emocional que marcarían gran parte de su vida. Instalada junto a su familia en Rosario, Alfonsina debió enfrentar desde muy joven la pobreza y el trabajo duro.
Colaboró en un café familiar limpiando y atendiendo mesas, mientras comenzaba a desarrollar una sensibilidad artística precoz. A los 12 años escribió su primer poema, cargado de tristeza y desesperanza, un texto que anticipaba el tono melancólico que atravesaría buena parte de su obra. La muerte de su padre y la falta de contención afectiva la empujaron a trabajar en distintos oficios, desde obrera en una fábrica de gorras hasta cantante y corista.
En medio de profundas crisis personales, llegó incluso a pensar en quitarse la vida. Sin embargo, su formación como maestra significó un punto de inflexión: recuperó el entusiasmo y comenzó a publicar sus primeros poemas en revistas rosarinas. Su debut literario llegó con el libro La inquietud del rosal, al que luego seguirían títulos fundamentales como El dulce daño. El reconocimiento literario creció rápidamente y la convirtió en una figura admirada dentro de los círculos intelectuales de la época.
Entre quienes valoraban su talento se encontraba Federico García Lorca, quien durante su paso por Argentina expresó públicamente su admiración por la escritora. También mantuvo una estrecha amistad con Horacio Quiroga, con quien compartía lecturas, charlas y largas jornadas de escritura. Aunque muchas veces fueron vinculados sentimentalmente, ambos aseguraban que los unía una profunda admiración mutua. En el momento más alto de su carrera literaria, Storni recibió una noticia devastadora: padecía cáncer de mama.
Durante ese duro proceso contó con el acompañamiento del pintor Benito Quinquela Martín, quien estuvo presente en sus consultas médicas y en la recuperación posterior a la operación. La mastectomía dejó secuelas físicas y emocionales que agravaron aún más su frágil estado anímico. En octubre de 1938 viajó a Mar del Plata. Allí escribió cartas de despedida y envió al diario La Nación su célebre poema Voy a dormir.
Durante la madrugada del 25 de octubre se dirigió a la playa Playa La Perla, donde horas más tarde su cuerpo fue hallado sin vida en el mar. La muerte de Alfonsina Storni conmocionó profundamente a la sociedad argentina.
El entonces senador Alfredo Palacios resumió el sentimiento colectivo con un discurso que quedó para la historia: “Nuestro progreso asombra al mundo, hemos construido urbes inmensas y poblado nuestras fértiles planicies de millones de cabezas de ganado, pero con todas nuestras riquezas no hemos podido crear la atmósfera propicia para que prospere esa planta delicada que es un poeta”. Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión
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