Claves
- Hay fenómenos misteriosos en la Argentina que aparecen de manera cíclica.
- El viernes se vivió uno de ellos: la movilización en torno a la muerte de un ídolo del rock.
- Es un desplazamiento enigmático y raro, no solo por su dimensión -se cubrió la Plaza de Mayo y hubo alrededor de 15 cuadras de cola para asistir al funeral en el Centro Deportivo Gatica en Villa Dominico-.
Hay fenómenos misteriosos en la Argentina que aparecen de manera cíclica. El viernes se vivió uno de ellos: la movilización en torno a la muerte de un ídolo del rock. Es un desplazamiento enigmático y raro, no solo por su dimensión -se cubrió la Plaza de Mayo y hubo alrededor de 15 cuadras de cola para asistir al funeral en el Centro Deportivo Gatica en Villa Dominico-.
El fallecimiento del Indio Solari plantea una serie de interrogantes sobre lo que parece ser un país subterráneo que se moviliza espontáneamente alrededor o detrás de un muerto. Son formas extrañas de expresión, que lindan casi con la fe, por ejemplo al hablar de “misa ricotera”. Pero esto no se circunscribe sólo a lo social, radica también en lo político. Sin ir más lejos, el programa de streaming de Daniel Parisini (conocido como “El Gordo Dan”), uno de los voceros del oficialismo, se llama “La Misa”.
También, alrededor del asesor Santiago Caputo, existen personajes que se autoidentifican como las “Fuerzas del Cielo”. La convocatoria por el deceso de Solari cuenta solo con algunos antecedentes, como los funerales de Hipólito Yrigoyen, Carlos Gardel, Eva y Juan Domingo Perón, Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner y Diego Maradona. Ante cualquiera de estos fenómenos naturales, la política trata de no ser ajena. Intenta, aunque sea subliminalmente, apropiarse de aquel sentimiento.
El “Indio” era un hombre de izquierda, un “anarco” según sus allegados. En sus últimos años, se identificó y se aproximó al kirchnerismo. Dentro del Gobierno, que tiene algunos rasgos populistas, sabían también que no podían quedar fuera de este fenómeno.
Personas cercanas a Milei como el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y el realizador audiovisual Santiago Oría, asomaron una despedida que incluyó una especie de pedido de perdón hacia el electorado por tener esa manifestación de dolor, que los conecta con dicho fenómeno popular. El kirchnerismo, por su parte, intentó presentar aquella manifestación como una pieza de su propia historia.
Para la microfísica del movimiento, permitió que se produjera un hecho que podría transformarse en una semilla: la organización del funeral de Solari, en la que intervino la municipalidad de Avellaneda, estuvo a cargo de Máximo Kirchner y Axel Kicillof. Hablaron después de mucho tiempo, lo que no asegura que vaya a ser tampoco el comienzo de otras conversaciones. Una de las incógnitas que atraviesa hoy a la política argentina es bajo qué esquema competirá el peronismo en las elecciones presidenciales de 2027.
En los últimos meses, uno de los movimientos más relevantes fue la fractura del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, su principal bastión. Esa división tuvo origen en las diferencias entre Kicillof y Cristina Kirchner, profundizadas por las tensiones del gobernador con Máximo Kirchner y La Cámpora. En ese contexto, el diálogo que ambos referentes mantuvieron durante el velatorio del Indio podría marcar el inicio de un acercamiento.
Es necesario detenerse en un aspecto importante de la discusión electoral: existen dudas respecto de cuál será la oferta política del próximo año. Ha habido una descomposición total del sistema, una de cuyas manifestaciones ha sido la llegada de Javier Milei al poder con La Libertad Avanza. Del otro lado, un Juntos por el Cambio que se desarmó y un peronismo con una crisis sin precedentes. Así como se desconoce la oferta, tampoco hay certezas respecto de la demanda: ¿qué pedirá el electorado?
Puede elegir continuar con el proyecto economicista de Milei, ligado a una pretensión de desregulación y liberalización de la economía por la vida del ajuste. O, por el contrario, apoyar otra alternativa “más confortable”. Un estudio de Casa Tres de Mora Jozami podría tener la respuesta. Ante la pregunta “¿Piensa que los esfuerzos que hicieron hasta el momento valieron la pena para mejorar el futuro económico del país?”, el 52% de los encuestados optó por la negativa.
Esta lectura, de una demanda de cambio, coincide en gran medida con los niveles de adhesión y rechazo al gobierno de Milei. Hay mucho camino, sin embargo, hacia las elecciones. Quizás otros resultados económicos en el corto plazo puedan ayudar al cambio de sentido. Hay algunos indicios que se deben tener en cuenta. El aumento de las reservas del Banco Central, que se traduce en la baja del Riesgo País, es uno de ellos. Hubo un incremento en lo que va del año de US$900.000 millones.
La inflación parece continuar también su proceso de desaceleración, como refleja en el índice de mayo para la ciudad de Buenos Aires (2,1%), dato que suele anticipar el porcentaje a nivel nacional. Por otro lado, sectores como construcción, consumo, comercio e industria, que tienen conexión directa con los grandes centros urbanos y representan el 51% del empleo, están planchados. Esta interrupción impacta de lleno en la vida de la gente, y trastoca la percepción de bienestar o malestar que produce esta economía.
Los salarios siguen deprimidos, caída que se manifiesta junto a un problema que es otro motivo de enojo en la base de la sociedad: el endeudamiento y morosidad para pagar las deudas. En un artículo para LA NACION, el periodista Agustín Maza precisa que el 25% de personas que solicitaron un crédito tienen una mora de al menos 90 días para saldar su deuda, lo que genera intereses y se convierte en una situación irritante.
Existen otros sectores, en los que se detiene la administración Milei y por los cuales se regocija, donde la economía es más dinámica. Uno es el sector agropecuario, aún a pesar de las retenciones, lo que da pauta de su nivel de profesionalización y modernidad. Hay también novedades curiosas, que son ejemplo además del misterioso movimiento de la historia.
El ataque de Rusia contra Ucrania puso en crisis la provisión de girasol a nivel internacional, lo que llevó a un aumento en su valor y resultó en que la producción fuera más rentable. Aquel fenómeno tuvo tal efecto en la Argentina que inspiró a Louis Dreyfus, una de las grandes cerealeras a nivel mundial, a anunciar una inversión de entre 300 y US$400 millones en Bahía Blanca para levantar la planta de molienda de girasol más importante del planeta. Hay luces y sombras.
Mientras se conocen noticias como esta, también aparecen otras. Daniel Yofra, sindicalista del sector aceitero, cerealero y de la soja, encaminó un reclamo de 20% de aumento salarial que las aceiteras rechazan, lo que podría derivar en la interrupción del flujo de comercio que sale por Hidrovía, que tiene su núcleo en el puerto de Rosario. Es una novedad de magnitud para Santiago Bausili, presidente del Banco Central, quien pone la vista en la cantidad de dólares que se producen en dicho sector exportador.
Empieza un problema en Rosario y hay que mirarlo de cerca. El Gobierno, que empieza a mirar con preocupación los rasgos recesivos de esta política económica en los grandes conurbanos en industria y comercio, y lo que tiene que ver con construcción, dice que no va a llevar adelante ninguna política industrial porque descree, aunque sí lo tiene para la Cordillera, con los hidrocarburos y la minería, que son dos actividades promovidas por la política nacional a través del RIGI.
Incluso ahora va a ser un “Super RIGI”, con más ventajas para ese tipo de inversiones. Hay quienes critican estas ventajas porque sostienen que son para sectores muy aventajados para inversiones que vendrían de todos modos. Esa es la discusión. El otro día, Luciana Vázquez planteó en una nota de LA NACION, si con el RIGI no se están generando varias Tierra del Fuego: regímenes de privilegio que después son muy difíciles de remontar porque generan un derecho adquirido de una forma legal.
Todo esto rodea una pregunta: ¿la gente qué va a pedir de la política el año que viene? ¿Cambio o continuidad? Y la otra que surge es qué le va a ofrecer la política. En este marco aparecen varias preguntas tanto para el oficialismo como para la oposición: ¿cómo se va a organizar la interna peronista? El otro día dimos un dato de una encuesta de Hugo Aime que generó sorpresa en mucha gente y malestar y satisfacción en otra.
Cristina Kirchner está muy bien dentro del universo opositor a Milei, de los que no quieren este tipo de gobierno. Ahora, la pregunta es: ¿Cristina, que no puede ser candidata, le puede transferir esa luz a otro? Es muy complicado responder. En Brasil, Lula no pudo; ganó Bolsonaro y Haddad, que era su candidato, perdió. Después volvió, pero compitiendo él. La otra pregunta es si Kicillof tiene destino después de Cristina.
¿Será él a quien ella finalmente le transmita ese prestigio en el mundo peronista enfrentado al Gobierno? A lo mejor Kicillof quiere otra cosa, como ir hacia el centro. ¿Pero no es tarde? ¿Qué tendría que hacer para que le crean que ya no pertenece al modelo estatista, que en alguna medida puso en un pentagrama cuando Cristina sólo lo tarareaba? ¿Puede salir y convertirse en otra cosa o están condenados a entenderse?
Allí está otra pregunta que Kicillof no quiere hacerse del todo: ¿estará obligado a someterse a Cristina? Es muy difícil pensar en ser candidato de ella sin pensar en una dosis de sometimiento, como pasó con Alberto Fernández. ¿Esta es la única versión del peronismo que vamos a tener? ¿Qué van a hacer los peronistas que dicen querer emanciparse de la experiencia kirchnerista para conectar con los valores que parece que hoy pesan en la sociedad, sobre todo en materia de economía y rigor fiscal?
Ese grupo, que lideran en la Capital Juan Manuel Olmos: en la provincia de Buenos Aires, Victoria Tolosa Paz; y en Entre Ríos, Guillermo Michel; y tiene representantes en muchas provincias. ¿Tiene tiempo ese peronismo “renovador” de encontrar un candidato y construirlo, o va a tener que comprar uno llave en mano? Ahí piensan en un empresario: Jorge Brito, uno de los accionistas del Banco Macro y fantasea con saltar a la política.
Fue presidente de River y desde esa experiencia busca meterse para sacar a Kicillof y ganarle dentro de una interna. Pareciera que la interna del peronismo va a estar sembrada de incógnitas. Es curioso pensar qué liderazgos vamos a ver. Un líder es alguien que puede modificar y condicionar el proceso histórico con un programa derivado de su voluntad. En el universo oficialista -que sería la base de Milei- cabe preguntarse qué va a hacer Mauricio Macri.
Tuvo dos reuniones importantes este fin de semana: una fue con Maximiliano Pullaro, gobernador radical de Santa Fe, provincia importantísima, sobre todo para la sociología no peronista. Pullaro le sigue hablando a Macri en términos de alianzas, de reconstruir con los gobernadores radicales lo que sería Juntos por el Cambio, obviamente sin Milei.
Su idea es contener ahí a los desencantados de Milei, suponiendo que no va a haber una reversión importante de este achatamiento de los sectores productivos, sino que va a seguir habiendo desencanto y que la gente que cree que no valió la pena va a ser más. Ellos le quieren ofrecer un instrumento para que no se vayan al peronismo, principalmente a aquel que intenta una renovación.
Sin embargo, según trascendió, Pullaro le hizo una advertencia: que Macri no les haga hacer todo esto para después renegociar en la mesa de la Casa Rosada con el solo objetivo de que Jorge Macri siga siendo el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. El gobernador leyó muy bien porque para los Macri la Capital es crucial. El expresidente además tuvo una reunión con Rogelio Frigerio, gobernador de Entre Ríos del Pro, con el cual habló de temas similares, pero también de algo más, algo operativo.
El exdiputado le planteó apoyar al Gobierno en eliminar las PASO y que haya una elección menos; que haya una ocasión menos para Milei de hacer sentir el rigor fiscal de la nación a los gobernadores que quieren armar esta nueva experiencia, de tal manera que no pida ir a unas primarias en contra de suya. Esa es una idea que no le conviene al peronismo que quiere pelear contra Cristina. Para M...
Delta