Claves
- Imagen de archivo de una inundación en Gualeguaychú.
- La confirmación de que el fenómeno de El Niño podría alcanzar una intensidad fuerte o muy fuerte hacia finales de 2026 no debería interpretarse únicamente como un dato meteorológico.
- Debería ser, sobre todo, un llamado de atención para toda la sociedad.
Imagen de archivo de una inundación en Gualeguaychú. La confirmación de que el fenómeno de El Niño podría alcanzar una intensidad fuerte o muy fuerte hacia finales de 2026 no debería interpretarse únicamente como un dato meteorológico. Debería ser, sobre todo, un llamado de atención para toda la sociedad. Juan L. Ortiz supo percibir esa relación íntima entre las personas y el paisaje; al enseñar con su poética que comprender el río es también aprender a convivir con él.
El río nunca es un simple paisaje: es una presencia que dialoga permanentemente con quienes habitan sus orillas. Los especialistas del Área de Hidrología de Salto Grande advirtieron que entre septiembre de 2026 y abril de 2027 aumentará considerablemente la probabilidad de crecidas del río Uruguay, con antecedentes históricos que demuestran que los eventos más severos suelen ocurrir precisamente durante los años de Niño intenso. La ciencia hace su parte: observa, estudia, anticipa y comunica.
Ahora es la sociedad la que debe responder. Existe una idea profundamente arraigada que conviene revisar: creer que, ante una catástrofe, la respuesta depende exclusivamente del Estado. La realidad demuestra otra cosa. En toda emergencia, especialmente durante inundaciones, terremotos o tormentas severas, los primeros que responden son los propios ciudadanos.
Son los vecinos quienes realizan las primeras evacuaciones, quienes asisten a un adulto mayor, ayudan a una familia aislada o brindan los primeros auxilios mientras los equipos de emergencia aún están en camino. En ese sentido, la prevención constituye también una forma concreta de fraternidad. El papa Francisco lo expresó con claridad en “Fratelli Tutti” cuando afirmó que “nadie se salva solo”.
Preparar a una comunidad significa fortalecer los vínculos que permiten sostenerse mutuamente cuando la emergencia todavía no ha dado tiempo a que lleguen todos los recursos institucionales. Y en la Encíclica “Laudato si'”, el papa Francisco recuerda que “todo está conectado”. Esa afirmación trasciende la cuestión ambiental: también interpela a la responsabilidad compartida frente al riesgo. La preparación comunitaria no constituye un lujo ni una actividad secundaria.
Es una herramienta esencial para proteger vidas. Una comunidad preparada reduce drásticamente el riesgo de víctimas fatales. Conoce cómo actuar, identifica zonas seguras, comprende cuándo evacuar y evita decisiones impulsivas producto del miedo o la desinformación. La educación en gestión del riesgo disminuye el pánico colectivo y fortalece la capacidad de asistencia mutua hasta que los organismos oficiales logran desplegar todos sus recursos.
Conocer el comportamiento histórico de las crecidas también forma parte de esa preparación. La memoria colectiva es un recurso estratégico. Quienes recuerdan cómo respondió el río en otras oportunidades reconocen señales que muchas veces pasan inadvertidas para las generaciones más jóvenes. Carlos Mastronardi escribió que Entre Ríos posee “la gravitación del paisaje”. Esa gravitación no es solamente estética: también educa. El río enseña prudencia, paciencia y respeto por los tiempos de la naturaleza.
Sin embargo, persiste una deuda pendiente. No existen registros públicos que permitan conocer una planificación sistemática de simulacros abiertos a la ciudadanía ni programas permanentes de capacitación comunitaria frente a inundaciones, tanto en la costa del Uruguay como en la del Paraná. Una pena, aunque todavía se está a tiempo de subsanar esa falencia. Tampoco se observa una estrategia sostenida que involucre activamente a los vecinos en la planificación de las respuestas.
Esa ausencia limita la construcción de una verdadera cultura de prevención y, llegado el momento de una emergencia, contribuye a la saturación de los sistemas de Defensa Civil. Fray Mocho retrató como pocos la vida de los pueblos entrerrianos, donde la solidaridad era menos un discurso y era más una costumbre. Esa enseñanza conserva plena vigencia. Las redes de vecinos, los clubes, las parroquias, las escuelas y las organizaciones civiles constituyen el primer tejido de protección cuando sobreviene una inundación.
En uno de sus primeros mensajes como pontífice, León XIV recordó que la paz comienza construyendo comunidades capaces de encontrarse y cuidarse mutuamente. Esa misma lógica puede trasladarse a la gestión del riesgo: una comunidad organizada enfrenta mejor la adversidad porque ha aprendido a confiar en sus propios lazos. Los beneficios no terminan cuando baja el agua. Las comunidades preparadas experimentan una recuperación más rápida, tanto desde el punto de vista psicológico como económico.
Conocen los procedimientos, reducen pérdidas materiales evitables y recuperan antes su funcionamiento cotidiano. La solidaridad, como la caridad, no nace durante la emergencia; se construye mucho antes, con capacitación, organización y fraternidad. Ninguna ciudad puede impedir que llueva ni controlar el comportamiento de los cursos de sus ríos. Pero sí puede decidir si llegará preparada o improvisará cuando la emergencia golpee la puerta. La diferencia radica en la cultura de la prevención. Quizá Juan L.
Ortiz ofrecería la mejor imagen para cerrar esta reflexión. El río no es solamente el agua que vemos correr; es también la memoria que permanece en sus orillas. Escuchar esa memoria, aprender de ella y organizarse antes de la próxima crecida constituye una de las formas más inteligentes de cuidar la vida. Porque, al final, la verdadera prevención comienza mucho antes de que el agua alcance a la primera familia. El pronóstico de un posible Niño muy fuerte debe servir para algo más que monitorear el nivel del río.
Debe estimular a los municipios y a la provincia para instalar una verdadera cultura de la prevención. Cuidar la vida exige anticiparse. Porque cuando la naturaleza pone a prueba a una comunidad, la diferencia entre una tragedia y una emergencia bien gestionada se mide, en definitiva, en vidas humanas. Un informe oficial revela cuánto recauda la Nación en Entre Ríos, quiénes reciben beneficios fiscales, qué controla en la frontera y qué causas penales impulsa ARCA.
La información, obtenida por ANÁLISIS vía acceso público, combina datos inéditos y negativas por secreto fiscal, exponiendo tanto la actividad como las áreas que el organismo reserva.
Delta