sábado, 27 de junio de 2026
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Entre Rios

Cabo Verde, el rival menos pensado

El pequeño país africano que desafiará a la Argentina en el Mundial 2026

Publicado Por El HeraldoLectura 6 min
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Claves

  • El pequeño país africano que desafiará a la Argentina en el Mundial 2026 Hay selecciones que cargan sobre sus espaldas más de un siglo de historia mundialista.
  • Otras, en cambio, llegan para escribir la primera página de un sueño que parecía imposible.
  • Después de una fase de grupos memorable, en la que permaneció invicta frente a rivales de la talla de España, Uruguay y Arabia Saudita, el conjunto africano se ganó el derecho de enfrentar al campeón del mundo.

El pequeño país africano que desafiará a la Argentina en el Mundial 2026 Hay selecciones que cargan sobre sus espaldas más de un siglo de historia mundialista. Otras, en cambio, llegan para escribir la primera página de un sueño que parecía imposible. Cabo Verde pertenece a este último grupo.

Con una población similar a la de una ciudad mediana argentina, un territorio formado por diez islas volcánicas perdidas en el océano Atlántico y una tradición futbolística muy inferior a la de las grandes potencias, la selección conocida como los Tiburones Azules se convirtió en la gran revelación de la Copa del Mundo 2026.

Después de una fase de grupos memorable, en la que permaneció invicta frente a rivales de la talla de España, Uruguay y Arabia Saudita, el conjunto africano se ganó el derecho de enfrentar al campeón del mundo. El próximo viernes 3 de julio, desde las 19 (hora argentina), en el Hard Rock Stadium de Miami, la selección dirigida por Lionel Scaloni buscará el pase a los octavos de final, mientras que Cabo Verde intentará prolongar el cuento de hadas que ya cautivó al planeta.

Sin embargo, detrás de esa selección existe una historia fascinante que combina geografía, migraciones, identidad y resiliencia. La odisea del Grupo H: el invicto que sorprendió al mundo El camino de Cabo Verde hacia los dieciseisavos de final comenzó con un desafío que, en los papeles, parecía casi imposible.

El sorteo lo ubicó en el Grupo H junto a tres selecciones de enorme tradición: España, una de las candidatas al título; Uruguay, bicampeón del mundo; y Arabia Saudita, un seleccionado que en las últimas Copas del Mundo supo protagonizar grandes sorpresas. Pocos imaginaban que el modesto conjunto africano terminaría siendo uno de los protagonistas de la zona. Su debut fue toda una declaración de principios.

Frente a España resistió durante los 90 minutos y rescató un valioso empate sin goles, mostrando una gran disciplina táctica y una defensa difícil de vulnerar. En la segunda jornada volvió a desafiar los pronósticos. Uruguay necesitaba sumar para encaminar su clasificación, pero se encontró con un rival que nunca perdió el orden. El empate 2-2 dejó a los sudamericanos obligados a jugarse todo en la última fecha. La definición llegó en la tercera jornada.

Mientras España vencía a Uruguay para asegurarse el primer puesto del grupo, Cabo Verde igualó 0-0 frente a Arabia Saudita y selló una clasificación histórica. Con tres empates, tres puntos y una campaña invicta, los Tiburones Azules terminaron segundos detrás de España y dejaron en el camino a dos selecciones con mucha mayor experiencia mundialista: Uruguay y Arabia Saudita. Más allá de los números, el recorrido tuvo un enorme valor simbólico. Cabo Verde no ganó ningún partido, pero tampoco perdió.

Compitió de igual a igual frente a rivales con mucha más historia, confirmó que su presencia en el Mundial no era una casualidad y escribió la página más importante del fútbol de su país. Un país perdido en el Atlántico Muchos argentinos jamás habían escuchado hablar de Cabo Verde hasta que apareció en el cuadro del Mundial.

Su nombre oficial es República de Cabo Verde y se trata de un archipiélago integrado por diez islas principales y varios islotes, ubicado a unos 600 kilómetros de la costa occidental de África, frente a Senegal. Aunque geográficamente pertenece al continente africano, Cabo Verde posee una identidad muy particular. Sus calles, su arquitectura, su idioma y hasta su música reflejan una mezcla de raíces africanas y portuguesas que lo convierten en uno de los países más singulares del continente.

Su capital es Praia, situada en la isla de Santiago, donde vive una parte importante de la población. Un país nacido del océano A diferencia de la mayoría de los países africanos, Cabo Verde no tenía población originaria. Cuando los navegantes portugueses descubrieron las islas, a mediados del siglo XV, estaban completamente deshabitadas.

Portugal estableció allí una colonia que rápidamente se convirtió en un punto estratégico para el comercio marítimo entre Europa, África y América, además de uno de los principales centros del tráfico de esclavos del Atlántico. Con el paso del tiempo comenzaron a mezclarse colonos portugueses y poblaciones africanas, dando origen a una identidad cultural única.

Esa fusión explica por qué hoy los caboverdianos hablan portugués y criollo caboverdiano, tienen apellidos portugueses y conservan costumbres que combinan influencias europeas y africanas. La independencia llegó el 5 de julio de 1975, iniciando una nueva etapa para el archipiélago. El país de la diáspora Existe una particularidad que ayuda a entender el crecimiento de su selección. Actualmente viven más caboverdianos fuera del país que dentro de sus propias islas.

Durante décadas, las sequías, la escasez de recursos naturales y la búsqueda de mejores oportunidades impulsaron una fuerte emigración hacia Portugal, Francia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Italia, España y Estados Unidos. Como consecuencia, muchos de los futbolistas que hoy integran la selección nacieron en Europa, se formaron en clubes europeos y desarrollaron allí sus carreras profesionales.

Sin embargo, cuando llegó el momento de elegir una camiseta, optaron por representar la tierra de sus padres o de sus abuelos. En cierto modo, la selección nacional simboliza el reencuentro de una nación dispersa por el mundo. El fútbol como identidad Durante muchos años Cabo Verde fue considerado un seleccionado menor dentro del continente africano. Hasta comienzos del siglo XXI ocupaba posiciones muy relegadas en el ranking africano y rara vez competía por los grandes torneos.

Sin embargo, poco a poco comenzó una transformación silenciosa. Cada vez más futbolistas formados en academias europeas decidieron vestir la camiseta nacional. La federación profesionalizó su estructura, aparecieron entrenadores con una visión más moderna y los resultados comenzaron a acompañar. En 2013 consiguió clasificarse por primera vez para la Copa Africana de Naciones, un hito que marcó el inicio de una nueva etapa.

Más tarde repetiría la participación en otras ediciones del torneo continental y empezaría a competir de igual a igual frente a potencias africanas como Ghana, Camerún o Nigeria. El Mundial era el gran objetivo pendiente. Y en 2026, ese sueño finalmente se hizo realidad. Los Tiburones Azules El apodo de la selección no es casual. El océano forma parte de la vida cotidiana del país.

La pesca continúa siendo uno de los pilares de la economía y el mar está presente en la cultura, la gastronomía y el paisaje de las islas. Por eso el seleccionado adoptó el nombre de Tiburones Azules, un símbolo de fortaleza, resistencia y orgullo para una nación acostumbrada a convivir con el Atlántico. Ahora, esos Tiburones Azules tendrán el mayor desafío de su historia. El viernes 3 de julio, en Miami, se medirán por primera vez con la Argentina, vigente campeona del mundo.

Para los dirigidos por Lionel Scaloni será un nuevo paso en la defensa del título. Para Cabo Verde, cualquiera sea el resultado, ya será otra página inolvidable en una historia que comenzó en unas pequeñas islas del Atlántico y que hoy tiene al mundo entero observándolas. Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión