miércoles, 1 de julio de 2026
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Entre Rios

Cada edición fue una botella arrojada al mar del tiempo

Durante 54 años, miles y miles de vecinos de una vasta zona entrerriana encontraron en estas páginas información sobre hechos que hoy nadie recordaría...

Publicado Por Paralelo 32Lectura 4 min
Cada edición fue una botella arrojada al mar del tiempo - imagen de origen
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Claves

  • Déjenme, amables lectores y lectoras, poner este nuevo aniversario en estos términos: un periódico no cumple años como una persona.
  • Durante 54 años, miles y miles de vecinos de una vasta zona entrerriana encontraron en estas páginas información sobre hechos que hoy nadie recordaría de otro modo.
  • Grandes y pequeñas iniciativas públicas y privadas, nacimientos, despedidas, proyectos, conflictos, elecciones, fiestas populares, debates, sueños y frustraciones de una región.

Déjenme, amables lectores y lectoras, poner este nuevo aniversario en estos términos: un periódico no cumple años como una persona. Cumple años una conversación colectiva. Durante 54 años, miles y miles de vecinos de una vasta zona entrerriana encontraron en estas páginas información sobre hechos que hoy nadie recordaría de otro modo. Grandes y pequeñas iniciativas públicas y privadas, nacimientos, despedidas, proyectos, conflictos, elecciones, fiestas populares, debates, sueños y frustraciones de una región.

Los diarios y semanarios terminan siendo, sin proponérselo, una memoria compartida. Hemos sido apoyo escolar cuando no existían las opciones de hoy; asesoramiento para el ama de casa cuando los trucos de la nueva cocina o las novedades sobre crianza de niños no llegaban de otra forma; y acompañamiento a las instituciones de bien público cuando necesitaban el apoyo de la comunidad. Cuando una región carece de registros sistemáticos, gran parte de su historia termina por evaporarse.

Los pueblos están llenos de hechos aparentemente pequeños que, con los años, adquieren valor documental.

Un hogar para ancianos logrado con la cooperación solidaria del pueblo, el asfalto que comenzaba a ser realidad, un cuartel de bomberos, el servicio sanitario que llegó por primera vez a un barrio, la primera televisión por cable, una escuela que abrió sus puertas, un tornado, una fiesta popular, una elección reñida, una empresa que comenzó con dos empleados, deportistas que dieron sus primeros pasos hacia una gran carrera. Hechos sobre los cuales no quedaba constancia pública sin un periódico.

Todo eso tiene una dimensión casi artesanal. Cada edición fue una pequeña botella arrojada al mar del tiempo. Muchas noticias parecían destinadas a durar una semana y, sin embargo, décadas después siguen siendo parte de la memoria colectiva porque alguien las escribió, alguien las editó y alguien decidió que valía la pena imprimirlas.

Muchos de esos casos y hechos volvieron a sorprendernos cuando, en 2020, creamos y sostuvimos durante dos años la columna “El borrador de la historia”, para traerlos a la luz del presente varias décadas después. Durante décadas, Paralelo32 ha sido también, y lo sigue siendo, una escuela silenciosa de lectura. Hubo niños que aprendieron a seguir la actualidad leyendo sus páginas junto a sus padres.

Hubo jóvenes que descubrieron el gusto por la información, por la historia local o por la opinión argumentada, allí donde antes nadie estaba escribiendo sobre esas cosas. Hubo adultos mayores que encontraron en cada edición una manera de seguir conectados con su comunidad. Eso no suele aparecer en los balances, pero constituye un legado cultural enorme.

Cuando salió a la calle la primera edición de este medio, el 1° de julio de 1972, o incluso antes, cuando comenzamos a trabajar en la idea, el desafío era lograr que la información que quedaba encerrada en pequeños círculos locales llegara a toda la gente y aún más allá de cada ciudad. Que en cada pueblo de nuestras corresponsalías se supiera también qué sucede, qué se hace o se proyecta en las localidades vecinas. Hoy la información sobra y siempre es urgente: es una carrera por ver quién la dice primero.

Lo escaso es la credibilidad. El oficio sigue siendo el mismo, pero el problema a resolver es otro. Cincuenta y cuatro años después de aquella decisión de fundar un semanario, la historia más interesante no es que Paralelo32 siga existiendo, sino que todavía haya muchos lectores esperando cada edición. Los periódicos pueden imprimirse por costumbre durante un tiempo; más de cinco décadas largas solo se explican cuando existe una comunidad que sigue encontrando valor en lo que lee.

Por eso decimos, sencillamente: gracias. Gracias de corazón a todos ustedes, lectores.