domingo, 24 de mayo de 2026
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Consumo problemático en Gualeguaychú: el dolor de las familias y la esperanza de empezar de nuevo

El consumo problemático de sustancias crece día a día en Gualeguaychú y en buena parte del país. En los últimos años, el avance de la droga ha sido no...

Publicado Por El Dia OnlineLectura 9 min
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Claves

  • El testimonio de un matrimonio de la ciudad pone rostro a una problemática que crece día a día.
  • El consumo problemático de sustancias crece día a día en Gualeguaychú y en buena parte del país.
  • En los últimos años, el avance de la droga ha sido notorio, así como también sus consecuencias.

El testimonio de un matrimonio de la ciudad pone rostro a una problemática que crece día a día. Entre internaciones, recaídas y segundas oportunidades, Pedro y Liliana hablaron sobre el dolor de acompañar a un hijo con consumo problemático y destacaron el rol fundamental que cumplen la familia, la fe y los espacios comunitarios para reconstruir proyectos de vida. El consumo problemático de sustancias crece día a día en Gualeguaychú y en buena parte del país.

En los últimos años, el avance de la droga ha sido notorio, así como también sus consecuencias. En el camino, van quedando incontables historias de dolor de jóvenes que vieron sus metas y sueños interrumpidos por la enfermedad de la adicción.

Pero entre tanta adversidad también asoma la esperanza: cada vez que un pedido de ayuda es escuchado por las familias; acercamientos a la fe, cuando parece que todo está perdido; testimonios de superación, que recuerdan que se puede salir adelante; o la contención fundamental de las comunidades, porque nadie se salva sólo. En nuestra ciudad, existen distintos dispositivos que acompañan a las personas con adicción y sus familias, actuando a su vez como nexo para acceder a una internación y tratamiento.

En algunos casos, son las iglesias las que se comprometen con esta problemática, aportando en su abordaje una perspectiva de fe en comunidad que se vuelve un pilar central para sostener una vida libre de drogas. Uno de estos grupos, al que acuden tanto jóvenes víctimas del consumo como también sus familias, es la Comunidad Jonás, que se reúne en la capilla San Cayetano, perteneciente a la parroquia Cristo Rey, en el barrio Yapeyú.

Pedro y Liliana, un matrimonio que integra esta comunidad, compartió con Ahora ElDía su testimonio como padres de un hijo que ha sufrido a causa de las adicciones y ha sabido buscar ayuda. “Cuando supimos de su adicción fuimos los últimos en enterarnos. Por supuesto, enseguida recurrimos a la familia. Escuchamos sobre la Casa de Rehabilitación ‘El Buen Samaritano’, en Malabrigo, Santa Fé. Nuestro hijo habló con alguien que había estado ahí y decidió internarse.

Ahí estuvo súper acompañado por toda la familia; lo visitamos en distintas oportunidades y siempre veíamos que eso ayudaba a que continuara. Durante su tratamiento teníamos un grupo en la parroquia Cristo Rey, pero éramos cuatro o cinco mamás, así que cuando terminó la internación acá no había algo demasiado armado para darle acompañamiento”, contó Liliana.

Y agregó que, si bien en ese tiempo pudieron participar de manera intermitente en algunas primeras experiencias grupales, aún no se había constituido la Comunidad Jonás que conocen hoy en día.Aunque su hijo estuvo bien durante mucho tiempo y pudo trabajar, volvió a recaer en el consumo. Sin embargo, una vez más decidió buscar ayuda y salir adelante. En esta oportunidad, acudió al Hogar ‘Hijo Pródigo’, en Rafaela, Santa Fé, perteneciente a la Asociación Civil ‘Vistiéndonos de Sol’.

Lo hizo a través del contacto con la Comunidad Jonás, que para ese entonces ya se había vuelto un pilar de acompañamiento para toda la familia, y así lo siguió siendo tras su internación. “En el Hijo Pródigo el proceso es muy parecido al del Buen Samaritano. Los chicos que acuden empiezan por limpiarse, pasar esos días de abstinencia; algunos aprenden a rezar. Está el orden, la disciplina en el día a día y la sanación interior, en este caso, de la mano de Jesús.

Ambos tratamientos tienen un enfoque carismático, que busca proclamar con alegría que Dios es misericordioso, de la misma manera que se hace en la Comunidad Jonás”, comentó Liliana. Esta comunidad tiene un grupo de familia y un grupo para los jóvenes varones. Este último tiene lugar los lunes, miércoles y viernes a las 20 horas, y es acompañado por el sacerdote Eduardo Ramos. En simultáneo, los miércoles y viernes a la misma hora se reúnen las familias, pero en una sala aparte.

Los jóvenes y sus familias comparten un momento de alabanza con cantos, adoración al Santísimo y rezos del 1 al 7 de cada mes, en el llamado “Jericó”. Asimismo, todos juntos participan de retiros, como el que se realiza este sábado 23 y domingo 24 de mayo en Estancia Grande, Concordia, donde se encuentra la Comunidad de Vida y Rehabilitación en Adicciones “Juan XXIII”.

“Hay personas que ya hace mucho tiempo estuvieron en recuperación y siguen bien; hay chicos que caen ahí porque no tienen otra, porque están en la calle y dicen ‘voy a ver cómo es’; y otros que realmente están decididos y quieren cambiar. Se ven todas las realidades”, explicó el matrimonio. "Vamos a estos grupos por nuestros hijos, pero también por nosotros.

Y en eso coincidimos todos: lo hacemos para seguir sanando, estar un poquito más fuertes, y conocer la realidad al escuchar los problemas y vivencias de los demás”, aportó Pedro, y remarcó que “la adicción destroza emocional y económicamente a las familias”. “También nos preparamos para el regreso, cuando un hijo está internado, para lo que viene después. Uno aprende de otras situaciones y testimonios que escucha”, completó Liliana.

Ambos coincidieron en que, si bien la recuperación de los jóvenes adictos “depende siempre de ellos”, “el acompañamiento familiar es fundamental”. También observaron que hay una enorme mayoría de madres que acuden solas a estos lugares de encuentro. “A veces los chicos sí tienen un papá, pero este quizá no se anima a ir”, intuyeron.

Exponerse a hablar de un tema tan sensible muchas veces no es fácil, y en el caso de los hombres implica romper con los modelos tradicionales de masculinidad, que no dejan demasiado lugar a la expresión de los sentimientos y la vulnerabilidad; al menos no en todos los espacios. “Uno no tiene que tener vergüenza. Y es lo que creemos que puede pasar con algunos padres.

Tenemos que aceptar que tenemos un hijo que está enfermo, y hablar sobre eso”, manifestaron, y aclararon que ningún hogar está exento de que le suceda: “Pasa en todas las clases sociales; a veces el consumo empieza en el colegio, otras en el boliche. No necesariamente es porque haya problemas en las familias”. “No nos sentimos culpables, aunque ese sentimiento sí aparece en cierto momento, y uno empieza a hacerse preguntas. Quizá de ser responsables, de no habernos dado cuenta a tiempo.

Pero tiene que ver con nuestra ignorancia de algunas cosas también”, expresaron. Por último, Pedro y Liliana se refirieron a la dificultad que tienen muchos chicos para reinsertarse laboralmente una vez que salen de rehabilitación. “Ojalá se pudiera armar una cooperativa de trabajo, porque la mayoría de ellos están desocupados. Hoy por hoy a todo el mundo de por sí le cuesta conseguir un trabajo, pero a veces le cuesta mucho más a un chico que tuvo una adicción, porque hay un estigma.

En Gualeguaychú no hay un lugar al que estos jóvenes puedan ir a trabajar después de pasar por las internaciones”, lamentaron. También observaron que no existen grupos para mujeres que atraviesan situaciones de consumo problemático, a pesar de que efectivamente las hay.

A su vez, el matrimonio adelantó que, a partir de un convenio con la Municipalidad de Gualeguaychú, la Comunidad Jonás está trabajando en el proyecto de una casa de pre-internación, a la que los jóvenes puedan acudir y prepararse antes de iniciar un camino de rehabilitación “ya sea en Juan XXIII, en Concordia, o el Hijo Pródigo y el Buen Samaritano, en Santa Fé”.

En medio de una problemática que golpea cada vez más fuerte a Gualeguaychú, historias como la de Pedro y Liliana muestran que la recuperación es posible cuando existen redes de contención, acompañamiento y escucha. La lucha contra las adicciones no termina con una internación: continúa en el regreso al hogar, en la reinserción social y laboral, y en el compromiso cotidiano de las familias y la comunidad.

Mientras crecen los desafíos, también crecen los espacios que buscan tender una mano a quienes más lo necesitan, con la convicción de que detrás de cada joven que intenta salir adelante hay una vida que todavía puede reconstruirse.

El rol del Estado frente a un escenario cada vez más complejo A mediados de mayo, la Municipalidad de Gualeguaychú presentó el Plan de Prevención y Asistencia en Adicciones (PPAA): una política pública integral orientada a fortalecer el abordaje local de los consumos problemáticos de sustancias, prevenirlos y acompañar a las personas que atraviesan estas situaciones.

Según informaron desde el Municipio, el PPAA se presenta como “una estrategia que articula acciones de prevención, detección temprana, asistencia y acompañamiento, promoviendo el trabajo en red y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios”. Bajo el lema “Ver, escuchar, acompañar”, el plan pone el foco en la cercanía, la empatía y la construcción de respuestas colectivas frente a las adicciones.

En este marco, el plan contempla la implementación de dispositivos territoriales de atención, espacios de escucha y orientación, así como también instancias de capacitación destinadas a equipos técnicos, referentes institucionales y actores comunitarios. De esta manera, se busca ampliar la capacidad de respuesta del Estado local y generar herramientas concretas para el abordaje integral de la problemática.

Asimismo, el PPAA incorpora acciones de promoción y prevención en ámbitos educativos, deportivos y comunitarios, entendiendo que el trabajo sostenido en estos espacios resulta clave para reducir factores de riesgo y fortalecer factores protectores, especialmente en niños y jóvenes. Al respecto, el director de Desarrollo Social, Marcos Henchoz, señaló a este medio que a partir de junio comenzará la apertura de nuevos lugares de escucha, sobre todo en iglesias y clubes de barrio, para atender sus distintas demandas.

“Hay iglesias que ya abrieron estos espacios, y otras que los van a abrir, en la zona oeste y la zona sur. Junio va a ser un mes para conformar grupos pequeños en esa línea, por ejemplo, en clubes. Varios clubes han solicitado ya esta herramienta. Tenemos pre-acordado iniciar este tipo de capacitaciones con seis de ellos. Estos espacios sirven fundamentalmente para hacer contacto, y luego facilitar derivaciones”, manifestó Henchoz.

A su vez, resaltó la importancia del convenio firmado con Sedronar para capacitar en el abordaje de las adicciones. “La idea es preparar a los equipos técnicos municipales para tener más herramientas teóricas y prácticas con las que atender estas situaciones que cada vez son más complejas. Las personas que llegan a los espacios de escucha nunca están atravesadas por una sola problemática, sino que son muchos factores que se suman”, apuntó.