Claves
- La presidenta del Centro de Defensa Comercial e Industrial, Eugenia Garbino, describió un escenario cada vez más complejo para los negocios de la ciudad.
- "Van a quedar sólo los dueños vendiendo", advirtió.
- Recorrer 25 de Mayo o Urquiza alcanza para advertir que algo cambió.
La presidenta del Centro de Defensa Comercial e Industrial, Eugenia Garbino, describió un escenario cada vez más complejo para los negocios de la ciudad. La caída del consumo, los elevados costos operativos, el avance de las compras online y la competencia de vendedores informales están poniendo en jaque a un sector que históricamente fue uno de los principales generadores de empleo local. "Van a quedar sólo los dueños vendiendo", advirtió. Recorrer 25 de Mayo o Urquiza alcanza para advertir que algo cambió.
En comparación con otros años, hay menos movimiento prácticamente durante todo el mes, algunos locales empezaron a irse, otros anuncian liquidaciones y varios comerciantes reconocen que sostener la actividad se volvió una tarea cada vez más difícil. Aunque la situación económica explica buena parte de este escenario, desde el sector sostienen que también se está produciendo una transformación más profunda, vinculada a los hábitos de consumo y a las nuevas formas de comprar.
La presidenta del Centro de Defensa Comercial e Industrial de Gualeguaychú, Eugenia Garbino, trazó un diagnóstico que combina preocupación e incertidumbre. A los problemas tradicionales del comercio, como la presión impositiva, los alquileres y los costos laborales, se suman fenómenos relativamente nuevos, como la expansión de las compras online y la irrupción de plataformas internacionales que ofrecen productos a valores imposibles de igualar para muchos negocios locales.
“Está todo raro”, resumió la dirigente al comenzar su análisis. Y enseguida apuntó a un factor que considera determinante para comprender la realidad actual: el cambio cultural en las formas de consumo: "Creo que esto se debe también a un factor sociológico, a un cambio de costumbre de la comunidad que no se puede cambiar mucho. El tema de comprar por Internet ya viene desde la pandemia y se ha instalado porque vino para quedarse”.
Para Garbino, el fenómeno excede las coyunturas económicas y responde a una modificación profunda en la conducta de los consumidores. La posibilidad de comprar desde el celular, recibir los productos en pocos días en su casa y acceder a precios considerablemente más bajos generó una dinámica que impacta de lleno sobre el comercio tradicional: “Hoy comprás dos remeras en China y te llegan en quince días”.
Sin embargo, aclaró que la preocupación no pasa únicamente por la competencia de las plataformas digitales, sino por las diferencias de condiciones entre quienes operan dentro del sistema formal y quienes venden sin afrontar las mismas obligaciones: “Nosotros queremos que todos trabajen igual. Que vendan barato si quieren vender barato, pero pagando todos los impuestos, todas las cargas sociales y todo lo que corresponde. Lo que pedimos es igualdad de condiciones”.
Según explicó, son numerosos los comerciantes que le transmiten inquietudes vinculadas a vendedores que operan de manera informal, principalmente a través de internet y redes sociales: “Hay mucha gente trabajando de esta manera. Muchos me dicen que hay precios con los que directamente no pueden competir: no compran ni al costo lo que otros venden. Eso es lo que veo que está mal y lo que debería regularse”.
Para Garbino, el debate no debe centrarse únicamente en el ámbito local, sino en la necesidad de generar normativas que permitan equiparar las reglas de juego: “No podemos tirarle el problema al Municipio ni a la Provincia. Sí hay que plantearlo en los ámbitos legislativos correspondientes para que se regulen estas situaciones”.
Una caída que se siente todos los días Más allá de las transformaciones en los hábitos de compra, Garbino reconoce que existe un problema económico concreto porque el dinero alcanza cada vez menos: “Los sueldos no aumentaron al mismo ritmo que los gastos. Los impuestos siguen en alza. Lo mismo pasa con las obras sociales que suben los precios todos los meses. Hay un montón de factores que afectan al consumo. Se nota cuando la gente todavía no cobró.
Hay muchas cosas que influyen, pero es real que a el dinero no alcanza. Me pasa lo mismo a mí. No voy a ser hipócrita”. La propia experiencia de Garbino trabajando en un local comercial del centro sirve como ejemplo de la situación general. Frente a la caída de las ventas, los negocios apelan cada vez más a descuentos, cuotas y promociones para intentar atraer clientes.
Sin embargo, esa estrategia también tiene límites: “Nosotros tenemos promociones para incentivar las compras, pero también competimos con la misma marca que vende directamente en cuotas y con facilidades que nosotros no podemos ofrecer porque los costos no dan”. Según comentó, referentes de franquicias nacionales con quienes mantiene contacto coinciden en que el escenario continuará dominado por las promociones: “Esto va a seguir así porque es la forma de poder vender”.
El problema es que esas herramientas permiten sostener cierto volumen de ventas, pero reducen significativamente la rentabilidad. “Cuando tenés cuatro empleados y un montón de gastos, no es fácil”, resumió. Y la ecuación se vuelve aún más compleja cuando se analizan los costos fijos que debe afrontar un comercio. Garbino mencionó especialmente el impacto de los alquileres, los cuales en algunos casos registraron incrementos muy difíciles de absorber: “Hay locales donde directamente les duplicaron el monto.
Es una locura”. A ello se suman tarifas de servicios, impuestos, cargas laborales y otros costos que continúan creciendo, incluso en un contexto de ventas estancadas. Negocios que se achican y ventas que migran a internet La Presidenta del Centro de Defensa Comercial también observó una tendencia cada vez más frecuente: comerciantes que abandonan los locales físicos para vender desde sus casas o que se mudan a espacios más pequeños para reducir gastos.
“Conozco personas que cerraron el local y se fueron a vender online desde su casa. Otros se achicaron y pasaron a un lugar más pequeño”, afirmó y agregó: “Tengo 58 años y hace casi 38 que trabajo en el rubro. Para mí es durísimo porque conozco esta actividad de toda la vida, pero hay que adaptarse a la nueva era”. En ese sentido, sostuvo que hoy ya no alcanza con abrir las puertas y esperar a que lleguen los clientes: “No podés quedarte sentado en el local esperando que entre alguien.
Tenés que salir a vender, usar las redes sociales, reinventarte”. Empleos en riesgo Quizás la advertencia más preocupante de Garbino tenga que ver con el futuro del empleo comercial. A medida que los márgenes de ganancia se reducen y los costos aumentan, cada vez más negocios se ven obligados a revisar sus estructuras: “Van a quedarse sólo los dueños vendiendo”, afirmó.
La frase sintetiza una preocupación creciente que no es otra que la dificultad para sostener puestos de trabajo: “Es muy angustiante decirlo, pero vamos camino a negocios atendidos por sus propios dueños si la situación no se revierte. Hoy es muy difícil tener empleados y lo estamos sintiendo”. La importancia del sector trasciende a los propios comerciantes, ya que es una de las principales fuentes de empleo privado de la ciudad y cualquier deterioro de la actividad repercute directamente sobre cientos de familias.
Por eso, Garbino insiste en la necesidad de que los consumidores tomen conciencia sobre las consecuencias que pueden tener sus decisiones de compra: “Mucha gente vive del comercio. Son fuentes de trabajo que se pueden perder”. A pesar del complejo panorama, la dirigente también reconoce que existen comerciantes que logran sostenerse.
En muchos casos, señaló, se trata de emprendedores que incorporaron con rapidez herramientas digitales y nuevas estrategias de comercialización: “Hay gente joven que maneja muy bien las redes sociales y tiene muchas facilidades para eso”, destacó. Sin embargo, ni siquiera una fuerte presencia digital garantiza ventas en un contexto de bajo poder adquisitivo.
Entre la caída del consumo, los costos crecientes y un mercado cada vez más dominado por la competencia digital, el comercio de Gualeguaychú enfrenta uno de los mayores desafíos de los últimos años. La incógnita es cuántos negocios podrán adaptarse a tiempo y cuántos empleos podrá conservar un sector que históricamente fue uno de los motores económicos de la ciudad.
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