lunes, 15 de junio de 2026
Tu amigo en la noticia
Logo DeltaDelta
En vivo
Volver a portada
Entre Rios

¿Cuidamos a los viejos o los anulamos?

Detrás del cariño sobreprotector y los trámites resueltos "para que no se cansen", se esconde la violencia más silenciosa y cotidiana de nuestra sociedad.

Publicado Por La PiramideLectura 4 min
¿Cuidamos a los viejos o los anulamos? - imagen de origen
Ver fuente original ↗

Claves

  • Hay una expresión bien nuestra, bien argentina, que describe con precisión quirúrgica el destino de muchos mayores: "quedar pintado al óleo".
  • En esta querida Concepción del Uruguay, a menudo asistimos a ese silencioso montaje familiar donde el viejo pasa a ser un espectador mudo de su propio destino.
  • Nos creemos directores de una película donde les escribimos el guión de la pasividad, convenciéndolos de que su tiempo de decidir ya caducó.

Hay una expresión bien nuestra, bien argentina, que describe con precisión quirúrgica el destino de muchos mayores: "quedar pintado al óleo". En esta querida Concepción del Uruguay, a menudo asistimos a ese silencioso montaje familiar donde el viejo pasa a ser un espectador mudo de su propio destino. Nos creemos directores de una película donde les escribimos el guión de la pasividad, convenciéndolos de que su tiempo de decidir ya caducó.

El 15 de junio es el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. No es una fecha para celebrar o regalar flores. Es un recordatorio sumamente incómodo de todo lo que elegimos no mirar... Solemos pensar en la violencia como un golpe físico o una estafa económica brutal en una esquina oscura de la ciudad. Sin embargo, la herida más profunda suele ser invisible.

En nuestra práctica gerontológica hablamos del "viejismo", ese prejuicio sistemático que asocia la vejez con la invalidez y el deterioro. Pero hay algo más dañino aún: el "viejismo implícito"... Aquel que opera sin mala intención, camuflado bajo el ropaje del amor y el cuidado familiar. "No te preocupes, papá, yo te manejo las cuentas del banco", "Dejá, vieja, que a esa reunión de consorcio no hace falta que vayas".

Son frases cotidianas, que se escuchan en cualquier sobremesa entrerriana, pero que van limando la soberanía del otro... Le quitamos la billetera, le confiscamos el voto y, finalmente, lo despojamos de la palabra. En las aulas de la facultad siempre discutimos que la vejez no es una enfermedad, sino una etapa vital singular. Cuando teorizamos sobre el envejecimiento activo, no nos referimos a obligar al viejo a correr una maratón...

Hablamos de respetar su derecho a seguir decidiendo sobre su propio cuerpo, su dinero y su destino cotidiano. Argentina dio un paso gigante al darle rango constitucional a la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Pero la ley escrita es una cosa y la realidad de la calle es otra... De nada sirve el tratado internacional si en el living de casa tratamos al adulto mayor como a un nene de jardín.

La infantilización es una de las formas más perversas de maltrato psicológico. Les cambiamos el nombre por "abuelito", les hablamos con tono de guardería y decidimos qué ropa deben ponerse... Es una violencia cultural que destruye la autoestima del sujeto y lo empuja a asumir ese rol de descarte que la sociedad le asigna. En mi trabajo cotidiano con los afiliados de PAMI veo cómo esta desvalorización sistemática pasa una factura carísima.

El aislamiento de los mayores no es sólo geográfico; es principalmente subjetivo. Cuando una persona mayor siente que su opinión ya no pesa en las decisiones familiares, se repliega en el silencio... Y ese repliegue suele ser la antesala directa de la depresión. Por suerte, la resistencia gerontológica se está cocinando, en las aulas, en algunas instituciones y en los talleres.

Se comprueba cada semana en los encuentros de UPAMI o de la Dirección de Adultos Mayores, donde el debate comunicativo se convierte en un espacio de militancia subjetiva... Ver a las personas de setenta años, o más, argumentar con pasión es un cachetazo soberbio al prejuicio social. El psicólogo Ricardo Iacub insiste en que el empoderamiento no es un regalo que los profesionales le hacemos a los viejos. Es una autonomía que ellos reclaman y conquistan.

El viejo debe dejar de ser un pasivo "objeto de cuidado" para volver a plantarse en la cancha como el dueño absoluto de su propia jugada. Para erradicar el maltrato, la respuesta jamás podrá ser puramente médica. Necesitamos un abordaje interdisciplinario que incluya como mínimo a la medicina, la psicología, el derecho y la comunicación social... Debemos desnaturalizar la mirada biomédica que reduce la existencia del mayor a un mero registro de dolencias físicas, pastilleros y turnos médicos.

Nos da pánico la vejez porque nos devuelve el reflejo de nuestra propia fragilidad. Por eso preferimos silenciarla, esconderla o maquillarla con consignas vacías sobre la "etapa dorada"... Pero la vejez real tiene arrugas, tiene deseos sexuales, tiene broncas políticas y, sobre todo, tiene una voz que exige ser escuchada. La toma de conciencia no se agota en una efeméride del calendario ni en un lazo violeta en la solapa del saco.

Se juega todos los días cuando decidimos mordernos la lengua antes de contestar por ellos, cuando les habilitamos el espacio para la contradicción y el deseo... Al final del día, ¿seremos capaces de construir una sociedad donde envejecer no signifique pedir permiso para seguir existiendo?