domingo, 21 de junio de 2026
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Entre Rios

Daniel Hernández, referente único, maestro de bomberos, especialista en temas de defensa civil, higiene y seguridad y medio ambiente

No es sencillo tratar de hacer la mención justa y adecuada ante un referente como Daniel Hernández, considerado un perito entre los bomberos, hombre de consulta permanente en cuestiones ambientales, como de seguridad e…

Publicado Por R2820Lectura 10 min
Daniel Hernández, referente único, maestro de bomberos, especialista en temas de defensa civil, higiene y seguridad y medio ambiente - imagen de origen
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Claves

  • Un buen tipo Asienta su base en una frase increíble: “Es preferible estar preparado para cosas que no van a ocurrir, a que nos ocurran cosas para las cuales no estamos preparados”.
  • Sin dudas que ha sido guía durante su vida, marcando un derrotero basado en la solidaridad como eje.
  • Por eso, al mencionarlo, estamos hablando de una persona idónea, pragmática y hacedora y, fundamentalmente, hablamos de un buen tipo.

Un buen tipo Asienta su base en una frase increíble: “Es preferible estar preparado para cosas que no van a ocurrir, a que nos ocurran cosas para las cuales no estamos preparados”. Sin dudas que ha sido guía durante su vida, marcando un derrotero basado en la solidaridad como eje. Por eso, al mencionarlo, estamos hablando de una persona idónea, pragmática y hacedora y, fundamentalmente, hablamos de un buen tipo.

Primeros pasos Daniel es un exponente típico, natural (y orgulloso) de la denominada “República de Pueblo Nuevo”, específicamente de calle Italia N° 986, que en ese tiempo se llamaba Humberto Primero, donde pasó su niñez y adolescencia “feliz, porque los requerimientos y necesidades que teníamos eran menores y estaban satisfechas plenamente porque teníamos comida, casa, escuela y jugábamos a la pelota en la esquina. No había celulares ni cosas que envidiarles a los otros porque no había envidia.

Así que, sano, tranquilo y feliz como todo gurí de barrio, crecido en Pueblo Nuevo”, comienza contando Daniel. Conocido más por su apodo “Manguera”, que, como todo sobrenombre, trasciende las fronteras barriales, es hijo de un obrero del Frigorífico y de una hija de chacareros y carpinteros. “Mi bisabuelo materno, Raffo, fue de los que, entre otras cosas, hicieron toda la parte de madera del órgano y muchos de los altares de la Catedral junto con mi abuelo”.

Por el lado paterno, de los Hernández, “mis abuelos eran inmigrantes españoles de Fuentesaúco, en Zamora, España, que llegaron en 1910 a Gualeguaychú. Con la particularidad que tuvieron 11 hijos y a los 14 o 15 años de haber llegado, mi abuelo falleció y mi abuela quedó sola con 10 hijos a criar en una tierra que no era propia, pero salieron adelante como eran los luchadores de esa época”.

Su escuela fue la N° 10 “Leopoldo Herrera”, donde tuvo el orgullo “de ser designado abanderado en 1965 e ingresar al año siguiente a la Escuela Nacional de Comercio (una sección anexa al Colegio Nacional Luis Clavarino), donde íbamos de tarde, de la cual egreso como perito mercantil en 1970”, informa nuestro entrevistado.

Amor innato No duda en manifestar su amor por todas las actividades que fue desarrollando a lo largo de 73 años, como la de ser un Bombero referente a nivel provincial y nacional, “nacieron conmigo”, ya que “en plena adolescencia formaba parte de los grupos que, si bien no eran de Acción Católica, eran de los grupos parroquiales.

Y en ese ámbito trabajábamos colaborando con la gente que estaba siendo erradicada de las zonas bajas de Pueblo Nuevo, donde actualmente está el parque de la Costanera del Tiempo, y de la erradicación de muchas de las casas del Barrio Munilla, para ser trasladados a los primeros barrios que se estaban haciendo (Villa María, Esperanza y algunos otros en la zona del polideportivo)”, recuerda.

Bombero visionario Cuenta también “a mi regreso de un frustrado estudio de ingeniería en La Plata, en épocas políticas complicadas y económicas también, me incorporo al cuerpo de bomberos como aspirante y después como bombero. Ya en 1972 participo de las evacuaciones de las primeras inundaciones de noviembre de ese año. Y durante muchos años, como bombero activo, fui creciendo dentro del escalafón interno hasta llegar en 1984 a Jefe de Cuerpo”.

En 1973 Hernández había promovido la fundación de la academia local “para sistematizar la capacitación del bombero voluntario ya que era visible que se fuera profesionalizando por el amplio campo de actividades”. En tanto en el año 1983 fundó la Escuela Provincial de Bomberos Voluntarios de la cual fue designado como primer director y “después, habiendo dejado el equipo activo, seguí en el cuerpo de reserva colaborando permanentemente.

También muchos años como director provincial y actualmente sigo como colaborador, en especial en estos temas específicos como el fenómeno del Niño que se aproxima”, agrega.

Si bien, como acota, “una cosa llevó la otra”, Daniel llega a ser bombero invitado “por un compañero, amigo y hermano de la vida que se llama Miguel Melo, que ya era bombero en esa época, acompañándolo, conociendo la actividad y demás, que surge del interés de incorporarme a una actividad que, allá a principios de la década del 70, no tenía la diversidad de ocupaciones que tienen los chicos de hoy”, no dudando que se trataba (y se trata) de “una actividad sana, donde además para cualquiera que sea curioso aprendés y mucho, no te digo que es un paralelismo con los scouts, pero es algo parecido, una actividad práctica, solidaria, donde aprendés y te integrás a grupos sociales ayudando”.

Un paso adelante siempre Pero Daniel no sería un bombero más ya que, más allá de hacer carrera en el cuerpo, su curiosidad, su visión, empeño y dedicación fueron llevándolo a analizar el estudio y sistematización de la capacitación, llevándolo “a estudiar y estudiar bastante, y eso me permitió armar, entre lo que conocía de los términos bomberiles, más lo que traía de metodología de la universidad, armar una academia para sistematizar la capacitación del bombero local que hasta ese momento se hacía básicamente solo con la práctica.

Es decir, hacer instrucción en el puerto tirando agua, eventualmente quemando algo para apagarlo y sino la otra capacitación era directamente en la práctica durante los incendios aprendiendo de los otros”. Otro paso y más aprendizaje No duda que “eso debía ser corregido y esa sistematización me conducía al estudio.

Posteriormente esto me llevó a que la comisión directiva de bomberos, cuando se estaba formando el Parque Industrial Gualeguaychú por la Corporación del Desarrollo, de la cual formaba parte Bomberos, le solicitara a la institución consejos de seguridad para implementar en el Parque Industrial y me encargaron ese trabajo, que lo hice y parece que cayó bien al punto que una semana después el ingeniero Romeo Cotorruelo, me llamó para que dejara el trabajo que tenía en ese momento, que era en un estudio contable, y me incorporara directamente a la Corporación para desarrollar actividades en el área de seguridad.

Y me permitió capacitarme entre los pocos profesionales que había en el país en ese momento, estamos hablando de fines de la década del 70, principios de la década del 80, no éramos más de 300 en todo el país las personas que hablábamos de seguridad industrial”.

Ese tiempo fue para Daniel de mucho aprendizaje, “que se lo debo a la Corporación, que es lo que me permite después volcarlo en el Parque Industrial formando brigadas de seguridad, como Jefe de Seguridad a posteriori, como Intendente del Parque Industrial, hasta que en el 97 me incorporo a la municipalidad como Director de Defensa Civil.

Ahí el campo se amplía y la necesidad de estudiar surge naturalmente porque después de hacer un mapeo de los riesgos potenciales que tenía la ciudad había que empezar a ver cómo es la forma de prevenirlos, detectarlos, encararlos y solucionarlos eventualmente”.

Su especialización En ese sentido nuestro entrevistado explica “hay toda una metodología que abarca distintas materias, entre las cuales los fenómenos que más amenazan a la ciudad son los relacionados con la naturaleza: tormentas, vientos, lluvias; las lluvias producen inundaciones pluviales, es decir, dentro de la ciudad, y posteriormente fluviales, es decir, las que llegan por el río.

Y ahí llegamos al estudio de las variantes meteorológicas, manejo de estaciones meteorológicas, todo el estudio de la meteorología que puedo llegar a hacer, aclarando que no soy para nada meteorólogo, que es una carrera universitaria. Los niveles desde observador meteorológico hasta las licenciaturas en ciencias de la atmósfera son carreras profesionales de las cuales no tengo grado, pero sí he estudiado mucho por una necesidad básicamente de trabajo”.

“Entre las últimas que más llamó la atención fueron las relacionadas con el fenómeno del Niño, sobre todo por el impacto que produce sobre la ciudad básicamente por las inundaciones fluviales.

Y he estudiado mucho sobre el tema y estoy en contacto permanente con los profesionales nacionales y también recibiendo información de los primeros organismos internacionales, básicamente la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica) de Estados Unidos, de la Universidad de Columbia y algunas otras fuentes importantes”, informa.

Sin duda que Daniel ha demostrado en su andamiaje por espacios institucionales que cuando encara una actividad le desarrolla a conciencia, sin dejar nada al azar y “llegar a los detalles, a la base del conocimiento, es conocer el porqué. A partir del porqué, vos podés sacar todas las conclusiones. Qué, cómo, cuándo, por qué y para qué son las preguntas que todos debemos hacernos con respecto a cualquiera de los temas.

Teniendo la respuesta uno tiene el conocimiento como para aplicarlo, como para transmitirlo y eventualmente para seguir ampliándolo”. Sus etapas en la Municipalidad Daniel ingresa a la Municipalidad como Director de Defensa Civil, tiempo que recuerda de la siguiente manera: “Jorge Maradey, que era en ese momento Secretario de Medio Ambiente, quería a toda costa que fuera a trabajar con él. Pero también Silvio Baffico quería que fuera a trabajar con él a Obras Públicas.

Así que terminé con una oficina en Obras Públicas, también trabajando en el área de electrotecnia que estaba a cargo del ingeniero Carlos Thea”. Agrega: “en el año 2000, en la intendencia de Martínez Garbino, la Municipalidad empieza a hacerse cargo del mantenimiento del alumbrado público, porque se quería mejorar el sistema que prestaba la cooperativa eléctrica. Por eso se crea un área directamente destinada al alumbrado público, donde hacíamos todo el mantenimiento.

Pero no solo el de reparaciones, sino el preventivo”. Para dicha tarea, agrega Hernández, “teníamos equipos de gente detectando cuál era la situación de todos y cada uno de los puntos de alumbrado de la ciudad, cómo estaban armados los circuitos y hacíamos lo que se llamaba mantenimiento preventivo.

Una persona encargada del relevamiento de la situación salía y detectaba cuáles lámparas que estaban apagadas, cuáles estaban a punto de colapsar y si habitualmente podíamos repararlas, antes incluso de que se produjera el llamado del vecino. También se hizo un trabajo muy importante de recambio completo y mantenimiento de todas las luminarias de las grandes vías (por ejemplo, Urquiza, Rocamora, Primera Junta).

Se desmanteló todo y se pusieron a cero kilómetros, con lámparas cero kilómetros, y las lámparas que se retiraban (que estaban en funcionamiento) se aplicaban a soluciones puntuales en otros lados de la ciudad. Eso nos aseguraba una eficiencia y una menor recurrencia de tener que estar cortando el tránsito. Teníamos mejor rendimiento lumínico, es decir, cada vatio que se aplicaba de energía eléctrica se transformaba efectivamente en buena cantidad de iluminación”.

Acota que “también hicimos un relevamiento de todos y cada uno de los puntos de la ciudad cuando se armó el proyecto de la Avenida Parque en 1997, junto con un programa nacional de Uso Racional de la Energía, con la Secretaría General de la Nación y la Universidad Politécnica de Cataluña de Barcelona, que es heredera de las viejas escuelas romanas de ingeniería. Trabajamos mucho con la gente de ahí, aprendimos mucho, y el trabajo de Avenida Parque fue coordinado con ellos.

Ahí habíamos instalado un sistema de manejo remoto, por sistemas de radio, desde la oficina podíamos monitorear el funcionamiento de cada una de las luminarias, pero además podíamos regular el flujo lumínico en función de la cantidad de circulación o del horario, bajando la tensión bajábamos la intensidad lumínica y producíamos un ahorro energético de hasta el 30% en cada punto”. Hurgueteando bajo tierra Puntualmente recuerda un momento particular, estando como presidente municipal Daniel Irigoyen.

“Hablando con él, en oportunidad de la inauguración del nuevo alumbrado de 25 de Mayo y Urquiza (como no había forma de inaugurar columna por columna se hizo un acto en...