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El Banco de Alimentos de Paraná enfrenta desafíos ante el incremento de la demanda

La organización revela el crecimiento en las solicitudes de asistencia alimentaria, planteando interrogantes sobre la sostenibilidad de su modelo de operación y la necesidad de reformas legislativas.

Publicado Origen UNO Entre Rios + AI Editor
Ingerida por el sistema 6 may 2026, 6:02 p. m.
El Banco de Alimentos de Paraná distribuye un promedio mensual de más de 40.000 kilos de alimentos - imagen de origen
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El Banco de Alimentos de Paraná, que en marzo distribuyó más de 40 toneladas de alimentos, se encuentra en una encrucijada ante un aumento significativo en la demanda de asistencia. Este fenómeno no solo pone de manifiesto las carencias de la población en situación de vulnerabilidad, sino que también abre un debate sobre la efectividad y la sostenibilidad de las estructuras actuales en un contexto económico complicado. Aunque la organización ha conseguido ofrecer un sustento vital a miles de personas, la realidad es alarmante: millones de argentinos no logran satisfacer sus necesidades básicas. La presidenta del Banco, María Paz Montenegro, sostiene que el hambre es un problema de gestión. Sin embargo, surge la interrogante sobre la capacidad real de la institución para hacer frente a tal aumento en las necesidades alimenticias, dado que el modelo de funcionamiento se enfrenta a limitaciones estructurales y presupuestarias. A pesar de que el Banco de Alimentos de Paraná se integra en una red más amplia de entidades y opera bajo un esquema logístico internacional, la dependencias de donaciones y de normativas como la Ley Donal suscitan dudas sobre la seguridad alimentaria a largo plazo. Aunque esta legislación proporciona un marco de seguridad jurídica, Montenegro admite que sigue habiendo un déficit en incentivación para las empresas respecto a la donación. Actualmente, resulta más ventajoso para muchas empresas deshacerse de productos excedentes que donarlos, lo que plantea un serio problema ético y logístico. En cuanto a las nuevas iniciativas, como la propuesta de “doble etiquetado”, la efectividad de tales reformas todavía está por verse, y generar consenso en el ámbito legislativo representa un desafío considerable. La reciente implementación de almacenes sociales para permitir que las personas cocinen en sus hogares es un paso hacia la dignificación de la asistencia alimentaria, pero se debe considerar si esta alternativa será sostenible a gran escala, dadas las restricciones en el contexto actual. La creciente demanda también ha puesto en evidencia la necesidad de diversificar los canales de asistencia, ya que el aumento de solicitudes entre adultos mayores y trabajadores con ingresos insuficientes destaca la desigualdad que impera en la sociedad. La colaboración con entidades como UNICEF, aunque valiosa, no es suficiente para ocultar las deficiencias estructurales que enfrenta el Banco. Como conclusión, si bien el trabajo del Banco de Alimentos de Paraná ha sido loable y entregado, la efectividad del modelo deberá ser cuestionada ante la creciente realidad de la pobreza y la inseguridad alimentaria en el país. Un llamado a la acción se hace evidente, tanto a nivel provincial como nacional, para que la transformación del sistema de gestión de alimentos no sea una opción, sino una obligación indispensable para garantizar que la dignidad de todos los ciudadanos sea efectivamente preservada.