sábado, 4 de julio de 2026
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Entre Rios

El consumo de frutas y verduras en Gualeguaychú: compras chicas y búsqueda de ofertas

El consumo de productos tradicionales, como la papa, sufre caídas en la zona oeste por sus constantes subas. Las ventas en el centro bajaron hasta un 40%

Publicado Por Diario El ArgentinoLectura 7 min
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Claves

  • Así lo demuestran los datos del Mercado Central de Buenos Aires y del Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA).
  • Las góndolas de Gualeguaychú también reflejan realidades diversas según la zona geográfica y el perfil comercial de cada barrio.
  • El 2026 comenzó con un enero caliente que registró una suba del 19,5% en el promedio ponderado de hortalizas, traccionado por el tomate, que trepó un 112,8% en apenas treinta días.

Por Sandra Insaurralde El comportamiento del mercado frutihortícola en Argentina durante el primer semestre de 2026 dejó en evidencia una marcada paradoja en los mostradores: mientras que el bloque de las hortalizas experimentó una altísima volatilidad, con picos alarmantes que sacudieron el presupuesto familiar, las frutas más consumidas operaron en sentido inverso, consolidándose como el principal amortiguador de la canasta básica alimentaria.

Así lo demuestran los datos del Mercado Central de Buenos Aires y del Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA). Las góndolas de Gualeguaychú también reflejan realidades diversas según la zona geográfica y el perfil comercial de cada barrio. El segmento de Verduras, Tubérculos y Legumbres (VTL) —liderado por la papa, el tomate, el zapallo, la cebolla, la lechuga y la batata, que concentran el 75,3% del volumen comercializado— fue el principal motor de la inflación de alimentos en varios tramos del año.

El 2026 comenzó con un enero caliente que registró una suba del 19,5% en el promedio ponderado de hortalizas, traccionado por el tomate, que trepó un 112,8% en apenas treinta días. Tras algunas oscilaciones, mayo marcó el pico más alarmante del semestre: las hortalizas en el Mercado Central saltaron un 33,4% respecto de abril. Una vez más, el tomate lideró las subas con un incremento del 132,1%, acompañado por la papa (+26,3%) y el zapallo (+19,6%).

Hacia el cierre de junio, las consultoras privadas comenzaron a registrar una desaceleración notable. Y, si bien el acumulado mensual se mantuvo al alza en torno al 5,3%, la última semana del mes exhibió un freno que contribuyó a estabilizar el rubro alimentario general. La contracara de este fenómeno estuvo en el sector de las frutas (banana, limón, manzana y naranja), representativas del 55% del volumen del Mercado Central. Este bloque funcionó como un "ancla" para el bolsillo de los consumidores.

Durante el primer cuatrimestre de 2026, el segmento acumuló una deflación del 25,1% en el Mercado Central. En mayo, mientras las verduras trepaban, las frutas se contrajeron un 7,6% ponderado, impulsadas por las bajas del limón (-26,5%), la naranja (-18,1%) y la banana (-14,3%), manteniendo la tendencia bajista con caídas semanales del 1,3% hacia finales de junio. La brecha de precios entre el mercado mayorista y las góndolas minoristas sumó un elemento de distorsión para los consumidores.

En los supermercados, el promedio de las hortalizas subió un 36,7% en mayo, ampliando la brecha con el Mercado Central al 87,3%. La papa se coronó como el producto con mayor dispersión dentro de las grandes cadenas, registrando diferencias de hasta un 69,1% para el mismo artículo entre la firma más cara (MasOnline) y la más económica (Coto). El mes de mayo también introdujo una particularidad ligada a la apertura comercial: el ingreso masivo de manzana importada de Chile.

Estas unidades ingresaron al Mercado Central a un valor promedio de $3.652 por kilo, un costo 56% superior al de las manzanas nacionales provenientes de Río Negro, que cotizaban a $2.299 promedio. El mismo fenómeno se dio semanas antes con el tomate chileno: su entrada al mercado provocó que el precio promedio de la especie aumentara un 56,5% en solo tres días (del 8 al 11 de mayo), elevando el piso de cotización de la hortaliza en el plano mayorista.

El traslado de estas cifras a la realidad local expone un mapa heterogéneo. La ubicación del comercio, la capacidad de compra década zona y las estrategias de comercialización determinan si las ventas caen de forma drástica o si logran sostenerse a fuerza de promociones. Desde Verdulería Alsina, ubicada en la zona norte de la ciudad, se refirieron a la dinámica del mercado actual y sus desafíos. "Tenemos muchas ofertas y la gente viene a buscar esos productos más económicos.

En la actualidad tenemos ofertas de papa y cebolla grande. En relación a la venta, por ejemplo, las familias llevan 4 kilos de diferentes productos que son nuestras promociones. Si hay ofertas, se llevan, y si no las hay, el consumo cambia", explicó Milagros. Respecto de las fluctuaciones de precios contó que la papa "sube y baja todo el tiempo", mientras que el zapallito se posicionó como lo más caro, rondando entre los $2.500 y los $3.500 el kilo.

A pesar del contexto inflacionario, en este comercio aseguran que las ventas crecieron respecto de meses anteriores, gracias a la capacidad propia de abastecerse en grandes volúmenes en Buenos Aires, lo que les permite trasladar mejores precios al mostrador. Una realidad opuesta se percibe en la zona céntrica de la ciudad, donde María, al frente de la verdulería La Finca, describió un panorama marcado por el cambio de estación y el impacto directo de la crisis. “Se vende, pero no se vende como antes.

La gente pregunta, se defiende, busca mucha oferta. Pero ni en la pandemia se vendió tan poco como ahora”. Con la llegada del frío, el consumo se volcó hacia los productos para preparaciones calientes: “La zanahoria, la calabaza y el zapallo están saliendo para sopas o estofados. La demanda de lechuga y tomate cae en invierno”, explicó la comerciante que, entre los gastos más importantes para la comercialización ubica al flete.

“La gente que viene a mi negocio es más adulta mayor, ellos están comprando de a poquito, dos bananas, dos papas o una cebolla”, manifestó la verdulera sobre el perfil de sus clientes. Al evaluar el impacto de la situación económica, María fue contundente: "Las ventas bajaron mucho. Si tenemos que poner un número, cayeron entre un 20% y un 40%". Esta retracción se evidencia de forma clara en la menor cantidad de mercadería que pueden ingresar semanalmente al negocio.

Otro dato que aportó la comerciante, y que genera alarma, es el crecimiento de productos importados. “Está llegando mucha fruta y verdura desde países vecinos, e incluso desde mercados más lejanos. Antes era impensado importa productos que en Argentina conseguíamos a la vuelta de la esquina. Ahora tenemos mercadería que viene de Chile, Paraguay y hasta papa de China”, señaló.

En la zona oeste, Braian, de la verdulería La Gran Delvalle, observa modificaciones profundas en los hábitos de compra, aunque el volumen general de ventas se mantiene firme. Según contó, la suba sostenida de precios modificó lo que los vecinos eligen poner en la bolsa: el año pasado la venta de papa era masiva y constante, pero el consumo de este tubérculo cayó de manera visible en los últimos meses, cunado se registraron subas de precios.

Hoy en día, la demanda en el oeste de la ciudad se concentra en verduras tradicionales y frutas accesibles, como la mandarina. La lechuga y la frutilla, en tanto, (esta última alcanzando los $5.600) se sostienen en el podio de lo más caro. Sin embargo, la percepción comercial en esta zona es positiva: afirman que la crisis no golpeó sus niveles de facturación y que las ventas se mantienen estables o, incluso, superiores en comparación con períodos anteriores.

El panorama en los mostradores de Gualeguaychú evidencia que el consumidor ha dejado atrás las compras automáticas para adoptar una estrategia de "caza de precios" y selección quirúrgica. El cambio de hábito es rotundo: la demanda ya no es constante, sino que está estrictamente ligada al bolsillo y a la oportunidad de ahorro del momento Esta nueva dinámica se traduce en un consumo por producto específico y en cantidades reducidas.

El cliente opta por llevarse solo lo que está en oferta —como los combos de productos económicos en la zona norte— o directamente abandona el consumo de artículos tradicionales, como la papa, cuando sus subas son constantes.

En definitiva, la mesa familiar de 2026 se ha vuelto un rompecabezas de precios, en el que la compra por unidad y la búsqueda de la brecha más económica entre comercios reemplazan al abastecimiento general, marcando una caída de ventas de hasta el 40% en sectores donde el costo logístico no permite ofrecer promociones competitivas.