Claves
- El lamentable hecho se produjo el 1 de junio de 1822.
- Ese día, el cadáver del comandante Gregorio Piriz, bravo guerrero federal, fue colgado de una horca en la plaza de Paraná.
- La orden la dio Lucio Mansilla, quien en ese momento gobernaba Entre Ríos.
El lamentable hecho se produjo el 1 de junio de 1822. Ese día, el cadáver del comandante Gregorio Piriz, bravo guerrero federal, fue colgado de una horca en la plaza de Paraná. La orden la dio Lucio Mansilla, quien en ese momento gobernaba Entre Ríos. Mansilla, mientras fue gobernador, debió sofocar numerosos intentos revolucionarios. Uno de éstos se pronunció el 29 de mayo en Uruguay y fracasó por la prisión de Tadea Jordán; madre de Ricardo López Jordán.
El movimiento tuvo repercusión en Paraná adonde había llegado subrepticiamente el comandante Gregorio Piriz, quien sorprendido, al dársele orden de prisión, se resistió siendo muerto de un balazo. Por disposición de Mansilla su cadáver fue colgado, a las 11 de la noche y hasta el otro día, de una horca levantada en la hoy plaza 1º de Mayo de Paraná, para escarmiento de los “criminales invasores”.
Esos “criminales invasores” eran federales que defendían la bandera argentina atravesada por una franja roja, algo que Mansilla no hizo. Mansilla fue traidor a la causa federal y a Ramírez. Lucio Norberto Mansilla, futuro padre de Eduarda y de Lucio V., quien fuera un joven coronel porteño con mundana cultura y sólidos conocimientos técnicos, que se puso durante un tiempo al servicio de Francisco Ramírez, terminó traicionándolo. Esa actitud fue determinante en la la muerte del caudillo entrerriano.
Cuando Buenos Aires y López se vuelven contra Ramírez, éste preparaba una gran campaña con el fin de recuperar el territorio paraguayo para la Argentina y tenía como objetivo final recuperar la Banda Oriental que estaba en poder de los brasileños. Mansilla se echa atrás, argumentando que no desenvainará la espada contra su ciudad de nacimiento. Ramírez acepta esto pero le solicita que al menos conduzca a la infantería desde Corrientes hasta Paraná. Mansilla acepta pero no cumple.
Su defección priva a Ramírez de las fuerzas imprescindibles para enfrentar a López, a Bustos y a Lamadrid y lo precipita hacia la ruina. No pocos afirman que Mansilla fue desde siempre un infiltrado porteño en las filas del Supremo Entrerriano. Hay un hecho que no es menor: tras la muerte de Ramírez, Buenos Aires y Santa Fe lo ayudarán a cumplir ambiciones personales con el cargo de gobernador de Entre Ríos.
A la codicia política y económica se habría sumado otra de distinto orden: Mansilla deseaba, también, los favores de La Delfina, algo que no pudo alcanzar. En este marco, la causa federal no finiquitó con la muerte de Ramírez. Los jordanistas se levantaron contra Mansilla. Fue entonces que Gregorio Píriz fuera asesinado. El comandante Piriz fue uno de los más valientes y aguerridos soldados de la República de Entre Ríos. Desde muy joven, casi de niño, se inició en las milicias del general Ramírez.
Formó en el Ejército Federal cuando, en 1820, llegó hasta Buenos Aires. A la muerte del Supremo Entrerriano, continuó siendo fiel a su política, resistiendo y combatiendo tenazmente al gobernador Mansilla. Por ello se le deportó a Mendoza y de regreso continuó conspirando y, no obstante la amnistía que le acordó el Congreso, en todo momento hizo presente su rebeldía, hasta su último suspiro. Federal hasta la muerte. Algo que Mansilla jamás pudo decir, y seguramente tampoco le importó.
Este último, que puede ser aplaudido por los porteños, no debería serlo por los entrerrianos y todos quienes llevan el sentimiento federal en el alma.
Delta