miércoles, 24 de junio de 2026
Tu amigo en la noticia
Logo DeltaDelta
En vivo
Volver a portada
Entre Rios

El FEF un partido convertido en COMISION DE HOMENAJES, entre la nostalgia y el abuso de la palabra “negacionismo”

El Frente Entrerriano Federal volvió a demostrar que, antes que un partido político con agenda de futuro, muchas veces funciona como una comisión permanente de homenajes a Jorge Pedro Busti. Cada g…

Publicado Por La CalderaLectura 4 min
El FEF un partido convertido en COMISION DE HOMENAJES, entre la nostalgia y el abuso de la palabra “negacionismo” - imagen de origen
Ver fuente original ↗

Claves

  • El Frente Entrerriano Federal volvió a demostrar que, antes que un partido político con agenda de futuro, muchas veces funciona como una comisión permanente de homenajes a Jorge Pedro Busti.
  • La polémica por el modo en que el gobierno provincial menciona a la Escuela Técnica Nº 4 de Paraná expone, otra vez, esa obsesión.
  • El FEF denunció “negacionismo” porque en comunicaciones oficiales no se habría utilizado el nombre completo del establecimiento, que lleva el nombre de Busti.

El Frente Entrerriano Federal volvió a demostrar que, antes que un partido político con agenda de futuro, muchas veces funciona como una comisión permanente de homenajes a Jorge Pedro Busti. Cada gesto, cada placa, cada denominación y cada recuerdo del ex gobernador parecen ser elevados a la categoría de causa provincial, como si Entre Ríos no tuviera problemas más urgentes que resolver que la administración ceremonial de una memoria partidaria.

La polémica por el modo en que el gobierno provincial menciona a la Escuela Técnica Nº 4 de Paraná expone, otra vez, esa obsesión. El FEF denunció “negacionismo” porque en comunicaciones oficiales no se habría utilizado el nombre completo del establecimiento, que lleva el nombre de Busti. La palabra elegida no es menor: “negacionismo” remite a tragedias históricas, a crímenes atroces, a intentos deliberados de borrar horrores colectivos.

Usarla para discutir una gacetilla oficial o la denominación abreviada de una escuela es, como mínimo, una desproporción política y moral. Nadie está obligado a negar que Busti fue tres veces gobernador. Nadie puede borrar que fue un dirigente central de la política entrerriana durante décadas. Pero tampoco puede exigirse que la provincia entera acepte una canonización permanente de su figura.

La memoria pública no es propiedad de un partido, ni de una viuda política, ni de un sello electoral que sobrevive más por nostalgia que por representación social. El problema del FEF es que pretende discutir nombres sin discutir legados. Quiere defender la placa, pero no revisar el sistema de poder que ayudó a construir. Quiere hablar de institucionalidad, pero evita mirar de frente una arquitectura política que dejó organismos de control débiles, capturados o condicionados por la lógica del reparto.

Quiere dar lecciones de democracia, pero omite que buena parte del deterioro entrerriano se gestó bajo esa cultura de poder que confundió Estado con partido, gestión con aparato y mayoría electoral con permiso para colonizar instituciones. Sería saludable que quienes hoy se indignan por una omisión administrativa revisen también la Constitución que celebran como legado intocable.

Porque esa reforma, presentada durante años como modernizadora, terminó conviviendo con una provincia cada vez más pobre, más dependiente, más atrasada y más atada a estructuras de control que rara vez estuvieron a la altura de los abusos del poder. No alcanza con invocar derechos, autonomías y organismos si después la realidad política los transforma en decorado institucional. También sería honesto reconocer que el bustismo no fue una isla separada del urribarrismo. Fue su antesala, su matriz y su plataforma.

Urribarri no apareció de la nada: fue parte de una continuidad política, de una sucesión construida desde el poder y avalada por el mismo sistema que durante años administró la provincia como territorio propio. Después vinieron causas, condenas, escándalos y una larga decadencia moral del peronismo entrerriano. Pero la semilla de esa cultura no brotó sola. Por eso irrita tanto el tono solemne del comunicado. Porque habla de “madurez democrática” mientras reduce la democracia a la obligación de repetir un nombre.

Habla de “identidad” mientras se niega a discutir el impacto real de décadas de hegemonía política sobre la calidad institucional de Entre Ríos. Habla de “rencores” cuando tal vez lo que existe no es rencor, sino cansancio social frente a una dirigencia que exige homenajes pero nunca balances. Una escuela técnica debería ser noticia por sus talleres, sus estudiantes, sus docentes, su infraestructura, su vínculo con el trabajo y la producción.

No por convertirse en escenario de una disputa simbólica entre dirigentes que siguen atrapados en los apellidos del pasado. Entre Ríos necesita menos placas sagradas y más instituciones que funcionen. Menos liturgia partidaria y más educación técnica real. Menos comunicados indignados y más autocrítica. El FEF tiene derecho a defender la denominación oficial de una escuela si considera que hubo una omisión. Pero llamar “negacionismo” a ese episodio es banalizar una palabra demasiado grave.

Y pretender que toda crítica al bustismo equivale a borrar la historia es una forma cómoda de evitar la discusión de fondo: qué dejó realmente ese ciclo político, a quién benefició, qué controles debilitó y por qué la provincia sigue pagando las consecuencias de una cultura de poder que envejeció mal. La historia no se borra por no escribir un nombre completo en una gacetilla. Pero tampoco se limpia convirtiendo a un ex gobernador polémico en prócer obligatorio.

La memoria democrática exige recordar todo: las obras, los votos, las decisiones, las sucesiones, los errores, las complicidades y las consecuencias. Eso es lo que el FEF no quiere discutir. Web: