Claves
- Esta historia comienza en el año 1990, cuando un desconocido de nombre Marcelo Bielsa asumió la dirección técnica de Newell’s Old Boys para afrontar el torneo Primera División.
- La propaganda radial de la legendaria revista deportiva El Gráfico anunciaba: “Conozca al técnico de Ñuls puntero”.
- El equipo rosarino ganó el campeonato en la última fecha en un mano a mano con el River de Daniel Passarella.
Esta historia comienza en el año 1990, cuando un desconocido de nombre Marcelo Bielsa asumió la dirección técnica de Newell’s Old Boys para afrontar el torneo Primera División. La propaganda radial de la legendaria revista deportiva El Gráfico anunciaba: “Conozca al técnico de Ñuls puntero”. El equipo rosarino ganó el campeonato en la última fecha en un mano a mano con el River de Daniel Passarella.
Unos meses antes de ese mismo año, la selección uruguaya había formado un muy buen plantel para competir en Italia 90, conducido por un joven Óscar Washington Tabárez. Los hinchas uruguayos tenían buenas expectativas que parecieron confirmarse en el debut contra España: dejaron una buena imagen y empataron cero a cero, con un penal malogrado por Rubén Sosa, una de sus figuras.
Sin embargo, unos días después, la dura derrota tres a uno contra Bélgica hizo revivir la goleada de seis a uno sufrida por la Celeste cuatro años atrás contra Dinamarca. La clasificación a octavos llegó en el último minuto por un cabezazo del delantero Daniel Fonseca que derrotó al arquero de Corea del Sur. Uruguay quedó afuera en octavos a manos de Italia, que lo sacó del mundial con un contundente dos a cero.
A partir de allí, habría que esperar hasta el 2002 para ver a la selección uruguaya participar en un mundial; la única satisfacción intermedia fue la Copa América ganada en 1995 a Brasil en una definición por penales. La eliminación contra Australia en 2005En las eliminatorias para el Mundial de Alemania 2006, a Uruguay no le alcanzó para clasificar directamente.
Finalizó en el quinto puesto de la tabla sudamericana con 25 puntos —producto de 6 victorias, 7 empates y 5 derrotas—, lo que lo obligó a jugar un repechaje internacional contra Australia. El partido de ida se disputó en Montevideo, donde los locales ganaron 1-0. La revancha en Sídney encontró ganador a Australia por el mismo marcador. Tras la igualdad global, se jugó un alargue y luego se definió por tiros desde el punto penal, donde los australianos se impusieron 4-2.
La selección había comenzado el proceso bajo la conducción de Juan Ramón Carrasco, pero tras una dura derrota ante Venezuela, este fue reemplazado por Jorge Fossati.
Del caos a la estructura: La era del maestro TabárezCuando Óscar Tabárez asumió las riendas de la selección uruguaya en 2006, el panorama del fútbol oriental rozaba el desamparo institucional: el equipo venía de quedar fuera del Mundial de Alemania y la federación carecía de pautas organizativas básicas, al punto de no contar siquiera con bases de datos unificadas para contactar a sus futbolistas en el exterior.
Frente a esto, el “Maestro” no planteó una simple dirección técnica, sino el “Proceso de Institucionalización de Selecciones Nacionales y la Formación del Futbolista de Élite”. Este plan refundacional colocó la piedra angular en la captación temprana y en la unificación de criterios desde las categorías sub-15 hasta la mayor, transformando el Complejo Celeste en una verdadera escuela de valores, respeto y sentido de pertenencia.
La revolución silenciosa de la infraestructura y el reclutamientoEl cambio más drástico y duradero de la era Tabárez se dio fuera de las canchas, modificando radicalmente la infraestructura y el sistema de reclutamiento. El Complejo de Alto Rendimiento de la AUF mutó de ser un predio rústico a convertirse en un centro deportivo de vanguardia donde los jóvenes no solo entrenaban en óptimas condiciones y bajo metodologías modernas de doble horario, sino que eran obligados a continuar sus estudios formales.
El reclutamiento se profesionalizó mediante un seguimiento exhaustivo y programado del baby fútbol y las ligas del interior profundo, garantizando que el talento no se perdiera por cuestiones geográficas o socioeconómicas. Se instaló así una fábrica de futbolistas basada en tres pilares conceptuales clarísimos: enseñar, entrenar y evaluar. La cosecha de los frutosLos frutos de este ordenamiento no tardaron en llegar, devolviendo a Uruguay un protagonismo perdido tras décadas de ostracismo.
A lo largo de quince años ininterrumpidos, la Celeste encadenó la histórica clasificación a las semifinales en el Mundial de Sudáfrica 2010, la obtención de la Copa América 2011 en Argentina y la clasificación consecutiva a Brasil 2014 y Rusia 2018, esta última lograda por primera vez de forma directa, sin pasar por el padecimiento del repechaje.
Más allá de las medallas, el mayor logro deportivo de este período fue la sistematización del recambio generacional; leyendas consagradas como Diego Forlán, Luis Suárez y Edinson Cavani ampararon y moldearon en la transición a la siguiente camada de relevo mundial, asegurando la vigencia competitiva del país. El desgaste del modelo y el vacío conceptualHacia 2021, el inevitable desgaste biológico y futbolístico terminó por sepultar el ciclo más longevo del fútbol moderno uruguayo.
El despido de Tabárez tras una seguidilla de derrotas en las Eliminatorias evidenció que, a pesar de los logros del proceso iniciado en 2006, se habían diluido de la memoria colectiva las dificultades del pasado. La dirigencia se quiso cubrir de una potencial eliminación y echó al hombre que había cambiado las oxidadas estructuras de un fútbol en decadencia.
El posterior fracaso en la Copa del Mundo no hizo más que ratificar la crisis de transición: la pérdida de la brújula conceptual y de la solidez colectiva que durante tres lustros compensaron la desventaja demográfica de Uruguay. La salida del “Maestro” cerró una época dorada, dejando la certeza de que el orden institucional fue el verdadero motor de los éxitos y que el desvío de ese camino suele pagarse caro en la máxima cita del fútbol.
El Loco Bielsa, el elegidoEl punto de unión entre Bielsa y la Selección se dio cuando el DT desembarcó como entrenador de Uruguay en 2023, abriendo un capítulo de alta intensidad doctrinaria para el fútbol charrúa. Fue contratado por su reconocimiento a nivel global debido a su rigor metódico, su verticalidad innegociable y una ética de trabajo que roza la obsesión; una personalidad difícil, “un tipo tóxico”, como él mismo se definió.
El técnico rosarino ha conocido la gloria deportiva en Newell’s Old Boys y Vélez Sarsfield, pasando por hitos como el oro olímpico con Argentina en Atenas 2004, la histórica refundación de las bases del fútbol chileno camino a Sudáfrica 2010 y la revolución táctica que devolvió al Leeds United a la Premier League en 2020 tras 16 años de ostracismo. Su verdadero capital es la capacidad transformadora y la mejora sustancial del futbolista.
Bielsa consolidó un libreto basado en la presión asfixiante, el protagonismo absoluto y una inquebrantable vocación de ataque que le valió la admiración de la élite de los directores técnicos mundiales, como Pep Guardiola. En el contexto uruguayo, su designación representó un violento cambio de paradigma estético y metodológico para las Eliminatorias y los torneos internacionales. Del idilio futbolístico al colapsoEl proceso de Bielsa tuvo un inicio idílico.
Uruguay jugaba un fútbol moderno, vertical y asfixiante, logrando victorias históricas en las Eliminatorias (como vencer a Brasil tras 22 años y ganarle a Argentina en La Bombonera). Sin embargo, el desgaste de su metodología y la rigidez en la convivencia intramuros sembraron tensiones que se hicieron insostenibles con el paso del tiempo. El punto final llegó en el Mundial 2026, donde Uruguay quedó eliminado de forma imprevista ante España, Arabia Saudita y Cabo Verde, desencadenando la renuncia del entrenador.
El fracaso deportivo excede a Bielsa; tuvo otros responsables, directos e indirectos, que incidieron en la salida prematura de la Copa del Mundo. Fue una lenta incubación letal que haría mella en el espíritu del equipo charrúa. Los otros responsables del fracaso uruguayo* Los referentes e históricos (octubre de 2024): La primera gran grieta pública ocurrió tras el retiro de Luis Suárez de la selección.
El histórico delantero encendió la mecha al denunciar públicamente destratos de Bielsa hacia el plantel y el personal del Complejo Celeste. Expuso que el DT obligaba a los jugadores a no saludar a los hinchas, restringía el contacto con los empleados del predio y mencionó el “maltrato” hacia Agustín Canobbio (a quien puso a entrenar con ejercicios tácticos propios de un sparring —juveniles de apoyo— durante la Copa América 2024).
Exjugadores y figuras históricas respaldaron estas críticas, instalando la idea de un técnico distante y deshumanizado en el día a día.* El plantel de cara al Mundial (junio de 2026): Aunque tras el “terremoto Suárez” hubo treguas y los futbolistas intentaron maquillar la situación puertas afuera, la relación táctica y humana terminó de romperse en la antesala del partido decisivo contra España en el Mundial 2026.
Días antes del cierre del grupo, se filtró una tensa reunión donde cuatro referentes del plantel se plantaron frente a Bielsa. Los jugadores manifestaron saturación por el exceso de información y las cargas de trabajo.
Al llegar a Montevideo tras despedirse como DT de la Celeste, Bielsa admitió en conferencia de prensa que los futbolistas le habían pedido cambiar la dinámica: le solicitaron no entrenar separados en dos grupos y reducir drásticamente la duración de sus charlas técnicas porque los “saturaba de información”.
Aunque el DT accedió a simplificar los conceptos, el cortocircuito futbolístico ya era irreversible.* La prensa (julio de 2024 / junio de 2026): La relación de Bielsa con el periodismo uruguayo siempre fue tirante, pero el quiebre definitivo tuvo dos hitos:o El estallido en la Copa América 2024: En una célebre conferencia de prensa en Estados Unidos, Bielsa explotó defendiendo a sus jugadores tras los incidentes con hinchas colombianos y acusó a un sector del periodismo de “corporativista” y de responder a intereses económicos de la Conmebol.o El tramo final del Mundial: La prensa local e internacional fue sumamente dura con las filtraciones del vestuario de la Celeste.
Para el final de su ciclo, las conferencias se convirtieron en un escenario de acusaciones cruzadas sobre la manipulación de la información para debilitar su gestión, cerrando su etapa en un clima de absoluta hostilidad mutua. (Como agregado, cabe destacar que en Argentina un sector importante de la prensa lo critica duramente desde la eliminación en fase de grupos en el Mundial de Corea-Japón 2002). Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión
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