lunes, 22 de junio de 2026
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El juego de la silla en el pejotismo entrerriano: Cresto, Fuertes y Lauritto out; Michel no se anima y Rosario siempre quiso, quiere y querrá

Mientras el peronismo entrerriano discute candidaturas, la verdadera competencia parece ser otra: quién logra sobrevivir al juego de eliminación que desde hace años practican las propias conduccion…

Publicado Por La CalderaLectura 4 min
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Claves

  • Mientras el peronismo entrerriano discute candidaturas, la verdadera competencia parece ser otra: quién logra sobrevivir al juego de eliminación que desde hace años practican las propias conducciones partidarias.
  • Algunos por causas judiciales, otros por diferencias económicas, otros por falta de volumen político.
  • Al final, cuando la música deje de sonar, parece quedar una sola silla.

Mientras el peronismo entrerriano discute candidaturas, la verdadera competencia parece ser otra: quién logra sobrevivir al juego de eliminación que desde hace años practican las propias conducciones partidarias. Uno a uno van quedando afuera. Algunos por causas judiciales, otros por diferencias económicas, otros por falta de volumen político. Al final, cuando la música deje de sonar, parece quedar una sola silla. Y esa silla tiene nombre y apellido. El problema para el PJ no es quién se siente en la última silla.

El problema es que, después de veinte años de decisiones tomadas por los mismos sectores, la silla ya no conduce necesariamente al poder. La semana dejó un dato político imposible de ignorar. Enrique Cresto recibió un golpe que lo deja seriamente condicionado para cualquier aspiración electoral. El rechazo al sobreseimiento y la continuidad de investigaciones que parecían encaminarse hacia un cierre favorable vuelven a colocarlo bajo los reflectores judiciales.

En política, cuando se acercan las definiciones electorales, los tiempos judiciales rara vez son neutrales. Así, uno de los nombres que aparecía como posible candidato comienza a quedar fuera del juego. La segunda silla que empieza a tambalear es la de Adrian Fuertes y José Lauritto. No por una cuestión electoral sino económica. Dentro del partido crece la presión sobre quienes no realizan aportes partidarios mientras otros sectores sostienen financieramente la estructura. El reclamo ya no se plantea en voz baja.

Empiezan a escucharse versiones sobre posibles sanciones y medidas disciplinarias para quienes pretenden participar de las decisiones sin contribuir al sostenimiento de la organización. Porque hay una realidad incómoda: alguien está pagando la cuenta. Y allí aparece Guillermo Michel. Michel es probablemente quien más influencia acumula hoy dentro de la estructura partidaria. Habla con todos, negocia con todos y financia buena parte del funcionamiento político.

Sin embargo, hay una diferencia entre conducir desde atrás y exponerse al voto popular. Su problema es que carga con demasiados costos propios. El ruido político que todavía generan las SIRA, las denuncias opositoras y el desgaste de haber sido una figura central del último gobierno nacional lo obligan a medir cada movimiento. Además, sabe que una candidatura lo convertiría en blanco principal de todos los ataques. Por eso juega, pero no juega. Opera, organiza, ordena, conversa y condiciona.

Pero difícilmente se siente en la silla. Y cuando Cresto queda golpeado, Fuertes y Lauritto entran en conflicto, y Michel decide mantenerse detrás del escenario, la pregunta aparece sola: ¿quién queda? La respuesta parece conducir siempre al mismo lugar. Rosario Romero. La actual intendenta de Paraná lleva años preparándose para ese momento. Siempre quiso. Quiere. Y probablemente querrá mientras exista una posibilidad política de disputar el liderazgo del peronismo provincial.

Paradójicamente, no llega como producto de una construcción expansiva sino por descarte. Sobrevive porque los demás se debilitan. Sobrevive porque el sistema interno elimina competidores antes de generar alternativas. Sobrevive porque la estructura que ayudó a construir termina favoreciéndola. El problema es que el peronismo entrerriano corre el riesgo de ganar una candidatura mientras pierde la provincia.

Porque toda esta discusión ocurre mientras Rogelio Frigerio observa desde la Casa Gris sin demasiadas preocupaciones. Las divisiones internas, las operaciones cruzadas, los conflictos económicos y las causas judiciales han terminado generando un escenario donde la principal oposición parece más ocupada en eliminar jugadores propios que en construir una alternativa de gobierno. La silla final sigue allí. Pero ya no parece el premio mayor.

Después de años de acuerdos, exclusiones y roscas de aparato, la última silla puede terminar siendo apenas un poroto. Y cuando la música finalmente se detenga, quizás el verdadero ganador no sea quien se siente en ella. Quizás el ganador sea quien nunca tuvo que jugar. Web: