sábado, 23 de mayo de 2026
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Entre Rios

El kilo de pan aumentó entre 12% y 20% en las panaderías de Gualeguaychú

En los últimos días se hizo efectiva la actualización de precios en los comercios de la ciudad que responde a varios factores de la cadena de producción

Publicado Por Diario El ArgentinoLectura 7 min
El kilo de pan aumentó entre 12% y 20% en las panaderías de Gualeguaychú - imagen de origen
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Claves

  • Hace mucho tiempo (un año, aproximadamente) que no variaba el precio del kilo de pan.
  • Esto cambió hace algunos días, cuando se empezaron a registrar aumentos que varían entre el 12 y el 20%, dependiendo de la zona geográfica.
  • Este aumento responde a diferentes factores, entre ellos: la suba cercana al 20% de la harina, acompañada por aumentos en los valores de las grasas, margarinas y las tarifas de servicios, principalmente la luz y el gas.

Por Luciano Peralta Nuestro pan de cada día no está exento de la tendencia inflacionaria que, pese a la sostenida desaceleración que evidencian los precios en el último año, hace que el elemental y vital acto de comer sea más caro mes a mes. Hace mucho tiempo (un año, aproximadamente) que no variaba el precio del kilo de pan. Esto cambió hace algunos días, cuando se empezaron a registrar aumentos que varían entre el 12 y el 20%, dependiendo de la zona geográfica.

Este aumento responde a diferentes factores, entre ellos: la suba cercana al 20% de la harina, acompañada por aumentos en los valores de las grasas, margarinas y las tarifas de servicios, principalmente la luz y el gas. En la actualidad, el precio de los alimentos se convirtió en una de las principales preocupaciones de las familias argentinas. Comer bien es caro. Y esto hace que los hábitos de consumo vayan variando.

Para conocer cómo se compone el precio final del pan, El Argentino dialogó con profesionales de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), una institución sin fines de lucro que elabora, difunde y gestiona proyectos de políticas públicas. Según el “Informe Composición de Precios”, publicado por la fundación hace tres meses el precio del pan alcanzó los $3.538 por kilo, lo que representa un aumento del 11% respecto al informe que habían publicado en agosto del año pasado.

En el mismo período, la inflación general fue del 16,5%, y la del rubro alimentos y bebidas, del 19,5%. Cifras que nos ofrecen un primer dato importante: en líneas generales, el pan aumentó menos que la inflación. Según datos oficiales del Indec, el precio del pan francés mostró grandes diferencias según la región. En el Gran Buenos Aires, el kilo se vendió a $4.202, mientras que en la región noreste el precio promedio fue de $2.230.

“Lo que pasa en Medio Oriente afecta nuestros bolsillos: en el actual contexto de guerra, el primer costo que va a subir es el de los fletes, principalmente por el aumento en los combustibles debido al bloqueo del estrecho de Ormuz. El flete representa el 6% del precio del sachet de leche y es el 8% de los costos del productor de trigo”, explicó Nicolle Pisani Claro, economista Jefa de FADA.

“Los aumentos en la logística van a repercutir en precios y en las ganancias de los diferentes eslabones que producen estos alimentos”, afirmó. En lo que va del año, la cadena del trigo-pan viene atravesando un contexto menos beneficioso que durante la segunda mitad del año pasado. Los costos aumentaron más que el precio del pan. Eso explica un mayor peso de los costos en el precio final y al mismo tiempo, una baja de la importancia de ganancias e impuestos.

Según el informa de FADA, los fletes totales de la cadena representan el 1,8% del precio al consumidor, equivalente a $63,4 por kilo de pan. Sin embargo, si se analiza por eslabones, el flete del trigo representa el 10,5% de su precio, y el de la harina el 7,8% del precio de la bolsa. Por otro lado, el valor total de la mano de obra en la cadena representa el 34% del precio final del pan, acumulado en gran parte en el sector panadero. Es decir que, por cada kilo de pan se paga $1.214 de salarios.

Desde el campo hasta la mesa, cada etapa incorpora costos de producir, tiene ganancias y paga impuestos que se van acumulando a lo largo del proceso y dan como resultado el precio que se paga en la góndola. En este sentido, el caso del pan (pero también el de la carne y los lácteos) es claro: $1 de cada $4 que pagamos, son impuestos. Y, los que se destacan son: el Impuesto al valor Agregado (IVA) a nivel nacional, Ingresos Brutos en lo provincial y las tasas a industrias y comercios a nivel municipal.

Del total de los impuestos de la cadena, el 79% son nacionales, 18% provinciales y el 3% municipales. El Impuesto a las Ganancias y el IVA son los de mayor participación, ya que juntos representan el 72% de los impuestos totales. Si a ello se le suma Ingresos Brutos, el tercero en importancia, suman el 91% del total. Para que se entienda: el precio final del kilo de pan está conformado por los costos de producción (61%), los impuestos (24%) y la ganancia (15%).

“Este precio se construye a lo largo de toda la cadena. Si lo vemos por eslabones, cronológicamente, la producción del trigo en el campo es el 7% del precio del pan, el molino el 4% y la panadería el 65%, el otro 24% son los impuestos”, sostienen desde FADA. Como adelantamos más arriba, el precio del pan, como el de todos los bienes de consumo, varía según el lugar geográfico.

No es lo mismo comprar en una panadería de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, que hacerlo en una despensa de algún barrio periférico de Gualeguaychú, en la provincia de Entre Ríos. Los costos son distintos, por lo que el precio de góndola también lo es. Pero no es necesario salir de la ciudad para poder comparar las marcadas diferencias de precios.

Los testimonios de las panaderías de diversos puntos de la ciudad así lo evidencian: mientras que en el centro se llega a pagar el kilo de pan $4.000, en barrios periféricos llega a costar casi la mitad. En una de las panaderías que están cercanas al club Juventud Unida, el último sábado, el kilo de pan pasó de $3.000 a $3.400. Lo que representa una suba del 13,33%. “Hace un año y medio, más o menos, que el precio era el mismo”, aclaró la empleada del lugar. “La gente consume menos harina en verano, por el calor.

Pero ahora, con el frío, se notó el aumento de la demanda”, contó la mujer. Además, “muchos, por temas de salud, dejaron de consumir harina y eso se nota”. En la zona más céntrica los precios cambian. En un comercio de la zona de 25 de Mayo y Rocamora, el kilo de pan pasó de los $3.500 a los $4.000 (+14,28%). Mientras que la docena de facturas aumentó de $8.000 a los $10.000 (+25%).

A tres cuadras, en otra panadería del microcentro las variaciones de precios fueron similares, aunque menores: el kilo de pan pasó de los $3.200 a los $3.600 (+12,5%). La docena de facturas, en tanto, pasó de los $12.000 a los $14.000 (+16,66%). “Los precios y los cambios de hábitos han hecho que en los últimos años la gente consuma menos harina, menos pan, menos galleta y facturas.

Esto se notó mucho después de la pandemia, porque nunca más volvimos a vender lo que vendíamos”, aportó la responsable de atención al cliente del lugar. En esta línea, coincidió con otras de las consultadas: se come más pan con el frío y de mañana se vende más que de tarde. El contraste se nota mucho más en las panaderías alejadas del centro comercial de Gualeguaychú.

Respecto a los hábitos de consumo, un panadero de la zona oeste de la ciudad contó que, debido al impacto de la crisis económica, “durante la semana prácticamente no vendemos facturas, ahora sólo se compran los domingos, pasó a ser un lujito para las familias laburantes”. En su local, la docena de facturas pasó de costar $6.000 a $7.000 (+16,66%). En tanto, el kilo que estaba $2.000 ahora cuesta $2.400 (+20), mientras que la galleta suiza común pasó de $2.500 a $3.000 (+20%).

“Todos los costos han subido, la bolsa de harina (25 kilos) pasó de $14.000 a cerca de $17.000 hace algunas semanas. Eso impacta directamente en el precio de góndola”, aportó el comerciante. El aumento del pan se dio en toda la ciudad, como queda evidenciado, pero los porcentajes no fueron uniformes, ni mucho menos. En los barrios, los precios llegan a ser hasta la mitad de los que exhiben los comercios céntricos.

Y también los hábitos de consumo son diferentes: mientras que algunos clientes elijen no comer o comer menos harina por una cuestión de salud, otros lo hacen por un impedimento meramente económico. Por Luciano Peralta