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El país despide al Indio Solari, un ícono eterno del rock nacional

El país despide al Indio Solari, un ícono eterno del rock nacional

Publicado Por La CalleLectura 5 min
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Claves

  • Hay artistas que trascienden el tiempo, los géneros musicales y hasta las propias canciones.
  • Carlos Alberto Solari, el Indio, fue uno de ellos.
  • Con su partida se apaga una de las voces más singulares, influyentes y representativas de la música popular argentina.

Hay artistas que trascienden el tiempo, los géneros musicales y hasta las propias canciones. Carlos Alberto Solari, el Indio, fue uno de ellos. Su muerte, ocurrida este viernes a los 77 años, provocó una profunda conmoción en todo el país y abrió una jornada de homenajes espontáneos, reuniones de fanáticos y despedidas cargadas de emoción en plazas, calles y espacios públicos de distintas ciudades argentinas.

Con su partida se apaga una de las voces más singulares, influyentes y representativas de la música popular argentina. Pero también se despide una figura que logró convertirse en símbolo de una época, referente cultural y bandera para millones de seguidores que encontraron en sus letras una forma de interpretar el mundo. El Indio nació en Paraná el 17 de enero de 1949. Su padre trabajaba en el Correo y fue esa circunstancia la que vinculó para siempre al músico con Entre Ríos.

Aunque gran parte de su vida y de su carrera artística se desarrolló en La Plata, donde se radicó junto a su familia siendo muy joven, la capital entrerriana volvió a ocupar un lugar especial en estas horas de despedida. Durante la jornada de este viernes, la Plaza 1° de Mayo de Paraná se convirtió en escenario de un emotivo homenaje. Decenas de seguidores se acercaron para compartir canciones, recuerdos y abrazos en una suerte de «misa ricotera» espontánea.

Escenas similares se repitieron en distintos puntos del país, incluida la Plaza de Mayo, donde cientos de fanáticos transformaron el dolor en un encuentro colectivo atravesado por la música y la memoria. La historia artística del Indio comenzó mucho antes de la fama. Formado en Bellas Artes y vinculado desde joven a los movimientos culturales alternativos de La Plata, participó de experiencias artísticas que mezclaban música, teatro, poesía y performance.

En ese ambiente contracultural surgió, junto a Eduardo «Skay» Beilinson, Carmen «La Negra» Poli Castro y un grupo de artistas y amigos, el germen de lo que luego sería Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Lo que empezó como una propuesta casi experimental terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos más importantes de la historia del rock argentino.

Con una identidad completamente independiente, alejada de las grandes compañías discográficas y de los circuitos tradicionales de promoción, Los Redondos construyeron un vínculo único con su público. Discos como Gulp!, Oktubre, Un baión para el ojo idiota, ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado, La mosca y la sopa o Luzbelito forman parte del patrimonio cultural de varias generaciones.

Canciones como «Jijiji», «Preso en mi ciudad», «Ji ji ji», «Todo preso es político», «Un poco de amor francés», «Mi perro dinamita» o «Nuestro amo juega al esclavo» trascendieron el ámbito del rock para convertirse en verdaderos himnos populares. Detrás de esa obra había una pluma inconfundible. Solari construyó un universo poético propio, cargado de imágenes, metáforas y lecturas múltiples. Sus letras fueron estudiadas, discutidas y reinterpretadas durante décadas.

Para muchos, el Indio no era solamente un cantante: era un narrador de la realidad argentina, un observador agudo de las transformaciones sociales y un artista capaz de condensar en pocas palabras emociones complejas y contradicciones profundas. La separación de Los Redondos, a comienzos de los años 2000, lejos estuvo de disminuir su influencia. Con su carrera solista volvió a convocar multitudes inimaginables.

Acompañado por Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, protagonizó algunos de los recitales más convocantes de la historia del país. Cada presentación se transformaba en una peregrinación multitudinaria de seguidores llegados desde todos los rincones de la Argentina. Su última actuación en vivo tuvo lugar en Olavarría en marzo de 2017. Tiempo antes había revelado públicamente que padecía Parkinson, enfermedad con la que convivió durante los últimos años.

A partir de entonces se alejó de los escenarios, aunque continuó componiendo, grabando música y manteniendo contacto con su público a través de distintas producciones y apariciones esporádicas. La noticia de su muerte generó una inmediata reacción en el mundo de la cultura, la música y la política. Artistas, periodistas, escritores, deportistas y miles de ciudadanos expresaron su dolor y compartieron mensajes de despedida.

En La Plata, ciudad profundamente ligada a su historia personal y artística, se decretaron tres días de duelo. La magnitud del fenómeno que representó el Indio también quedó reflejada en la organización de su despedida. Según informó su familia, el funeral abierto a los seguidores se realizará este domingo 7 de junio para permitir la llegada de personas desde distintos puntos del país.

Al cierre de esta edición, todavía no se había confirmado el lugar exacto ni el horario del homenaje debido a la enorme convocatoria prevista. Resulta difícil dimensionar el legado de Carlos Solari. Fue músico, poeta, dibujante, compositor y creador de una estética propia. Pero, sobre todo, fue una figura capaz de generar identificación, pertenencia y emoción en millones de personas.

Por eso, aunque la noticia de su muerte deja un vacío imposible de llenar, también confirma algo que sus seguidores repiten desde hace años: los artistas que logran convertirse en parte de la vida de un pueblo nunca desaparecen por completo. Permanecen en sus canciones, en sus ideas, en sus historias y en la memoria colectiva. Y mientras en cada rincón del país vuelven a sonar sus versos y sus melodías, la despedida se transforma también en celebración.

Porque el Indio se fue físicamente, pero su obra, su voz y su universo cultural seguirán acompañando a generaciones enteras de argentinos.