Claves
- El desembarco político de Axel Kicillof en Entre Ríos ya tiene dueños.
- Son Enrique Cresto y Ángel Giano, dos referentes que integraron durante años el núcleo duro del poder peronista provincial y que hoy buscan presentarse como el motor de una supuesta renovación.
- El problema es que los entrerrianos ya los conocen.
El desembarco político de Axel Kicillof en Entre Ríos ya tiene dueños. No son dirigentes jóvenes ni caras nuevas. Son Enrique Cresto y Ángel Giano, dos referentes que integraron durante años el núcleo duro del poder peronista provincial y que hoy buscan presentarse como el motor de una supuesta renovación. El problema es que los entrerrianos ya los conocen.
Enrique Cresto pasó por casi todos los cargos imaginables: diputado provincial, senador, dos veces intendente de Concordia, titular del ENOHSA durante el gobierno de Alberto Fernández y, tras dejar la intendencia, volvió a refugiarse en una banca de diputado provincial. En la política de los Cresto nunca existe el llano. Cuando termina un cargo, empieza otro. Su desierto siempre tiene aire acondicionado. Pero además de su extensa carrera política, Cresto enfrenta una causa penal que continúa abierta.
La Justicia rechazó recientemente el pedido de sobreseimiento presentado por su defensa en la investigación por presuntas irregularidades vinculadas a la contratación de productores de seguros durante su gestión municipal. La investigación sigue su curso y todavía no existe una resolución definitiva. Su principal carta de presentación política tampoco ayuda.
Concordia continúa siendo una de las ciudades con mayores índices de pobreza del país después de décadas de administraciones encabezadas por el mismo espacio político. Nadie puede atribuir semejante realidad a una sola persona, pero resulta difícil vender experiencia de gestión cuando los resultados sociales son tan contundentes. Ángel Giano tampoco representa una novedad. Fue ministro, presidente de la Cámara de Diputados y candidato a intendente de Concordia.
Durante su presidencia en la Cámara quedó envuelto en una fuerte polémica por el nombramiento de los hijos del entonces intendente Adán Bahl. El propio Giano reconoció públicamente que esas designaciones fueron realizadas a pedido de Bahl y admitió que había sido un error, luego revertido por la nueva gestión legislativa. Ese episodio terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de una forma de entender el Estado como un espacio de distribución de cargos entre la dirigencia política.
El resto del armado confirma que no existe ninguna intención de renovar el peronismo entrerriano. Allí aparecen Marcelo Casaretto, histórico funcionario y legislador; Laura Rupp, identificada con el sector político URRIBARRISTA PURO nacido en El Pingo ; y Víctor Sanzberro, principal representante del strattismo en Victoria.
Sanzberro también protagonizó una fuerte controversia cuando se conoció que había sido designado en planta permanente del Senado durante la gestión de Laura Stratta mientras todavía ejercía como concejal de Victoria. La designación fue duramente cuestionada y finalmente terminó renunciando a ese cargo legislativo administrativo al asumir como senador provincial. La fotografía política termina siendo el mejor resumen del proyecto de Kicillof en Entre Ríos.
No hay renovación generacional, no aparecen dirigentes nuevos ni una autocrítica por los resultados de las últimas dos décadas. El gobernador bonaerense eligió apoyarse exactamente en quienes administraron el poder durante los gobiernos de Sergio Urribarri y Gustavo Bordet. Los mismos dirigentes. Las mismas estructuras. Las mismas prácticas. Y ahora pretenden convencer a los entrerrianos de que representan el futuro.
Más que el nacimiento de un nuevo espacio político, el kicillofismo entrerriano parece el regreso de los muertos vivos de la política. Un elenco que ya tuvo todas las oportunidades para gobernar y que, sin hacer una sola autocrítica, vuelve a escena con otro candidato, pero con los mismos protagonistas de siempre. Web:
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