Claves
- Las históricas firmas lácteas SanCor y Verónica están en una crisis terminal.
- La sociedad anónima que pretende adquirir la primera está presidida por Gustavo Scaglione, un nombre importantísimo para esta comarca.
- Además de ser propietario de una fenomenal cadena de medios en la provincia de Santa Fe; que incluye el histórico diario La Capital, entre otros; adquirió las acciones del matutino Uno Entre Ríos y El Diario de Paraná.
El 4 de julio es el día del cooperativismo. Fruto de la casualidad, seguramente, se conoció un fallo de la Cámara de Apelación de Rafaela que suspendió el proceso de venta de los activos de SanCor al hacer lugar a la apelación presentada por Fidulac S.A, que reclama créditos en la quiebra y, al mismo tiempo, está interesada en adquirirla. Las históricas firmas lácteas SanCor y Verónica están en una crisis terminal.
La sociedad anónima que pretende adquirir la primera está presidida por Gustavo Scaglione, un nombre importantísimo para esta comarca. Además de ser propietario de una fenomenal cadena de medios en la provincia de Santa Fe; que incluye el histórico diario La Capital, entre otros; adquirió las acciones del matutino Uno Entre Ríos y El Diario de Paraná. Fue noticia hace unos meses cuando ingresó con capital a Telefé. Nota al pie, tiene vínculos con Guillermo Michel.
Esta semana, también, se conoció un fallo relevante. La Justicia entrerriana homologó la propuesta de compra presentada por los trabajadores de la Cooperativa de Trabajo Cotapa, que desde hace más de tres años sostiene la producción. La láctea nacida el 12 de julio de 1964 por iniciativa de un grupo de productores de leche de Paraná, cuenta con 40 asociados activos a la cooperativa. El sitio especializado Código Campo tituló con certeza: “Cotapa ya es de sus trabajadores”.
Al inicio de la gestión, la Municipalidad de Paraná decidió acompañar el proceso de Cotapa, ya no solo de recuperación, sino de expansión en la apertura de una nueva boca de expendio en el Mercado Sud, en el edificio de Villaguay y Perón. Es el cuarto local que tienen. Carlos Strada, presidente de la cooperativa, subrayó “el apoyo de clientes, proveedores y la comunidad local fue fundamental, especialmente en los inicios, cuando la confianza externa era limitada”. Cotapa fue víctima de todas las crisis.
Pasado el 2001, los problemas económicos y financieros fueron agravándose por altos costos, por la necesidad de mejorar los sistemas administrativos, la baja productividad operativa y la pérdida de proveedores. La reconocida firma no supo enderezar el barco. Las aguas kirchneristas para el sector habían encontrado en la relación de Guillermo Moreno y José Mastellones, de La Serenísima, el monopolio en la comercialización de productos lácteos. Raro en el fundador de Principios y Valores, que quiere volver al ‘45.
En Entre Ríos, durante el segundo gobierno de Sergio Urribarri, el entonces ministro de Desarrollo Social, Carlos Ramos, planteó la posibilidad de comprar leche y otros productos lácteos a Cotapa. Resolvía así dos problemas: por un lado, eficientizaba las compras del Estado; por el otro, contribuía a la permanencia a flote de una empresa que iba de mal en peor. La experiencia se discontinuó por diversos factores. Uno, clave, fue que la centralización quitaba poder de maniobra a otros actores.
El otro, que la empresa no siempre pudo cumplir con las obligaciones. Lo cierto es que el gerenciamiento estatal de esa gestión de gobierno no funcionó y se decidió privatizar Cotapa. El urribarrismo borró del mapa político a Ramos. El periodista Exequiel Flesler publicó hace unos años en la revista Cicatriz un completo informe histórico sobre las muertes y resurrecciones de este emprendimiento paranaense. Click aquí. El último crack fue a principios de 2022.
Las crónicas del momento muestran a trabajadores quemando gomas sobre avenida Almafuerte con la planta de producción paralizada. Fue en medio de este ruido que llegó la idea del asociativismo que hoy cobra sus frutos. “En SanCor, buena parte del debate judicial gira alrededor de los activos: las marcas, las plantas, la valuación, el procedimiento de venta, los derechos de los acreedores y el mejor precio posible para la liquidación.
Incluso aparece una definición muy fuerte: los fierros valen poco; lo que vale es la marca”, dijo en sus redes el concejal Emiliano Gómez Tutau, ligado al sector de cooperativas, y delegado del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes) para la Región Centro en la gestión anterior. Para el edil, “en Cotapa, la Justicia entrerriana construyó otro razonamiento.
No negó la existencia de acreedores ni el proceso concursal, pero entendió que había un valor superior que merecía ser preservado: la continuidad de la unidad productiva sostenida por quienes demostraron, durante años, que podían seguir produciendo”. Y resumió: “Sin trabajadores no hay marca que valga. Una marca puede tener prestigio comercial, pero ese prestigio sólo existe porque hubo generaciones de personas que aprendieron a producir, innovar y sostener estándares de calidad”.
Cotapa y Sancor no son casos similares, claramente. Otras dimensiones. Sería inapropiado inmortalizar la frase “lo viejo funciona” popularizada por el personaje Favalli en la serie El Eternauta, pero cuando lo nuevo no presenta nada alcanza con mirar atrás. Algo quedó.
Delta