Claves
- La gira mediática de Guillermo Michel sumó esta semana un nuevo capítulo con la presentación de un proyecto para impedir que familiares encubran femicidios.
- Porque si algo ha caracterizado la trayectoria de Michel es la capacidad de adaptarse a cada etapa.
- Durante años fue identificado con el massismo y no precisamente con el peronismo tradicional.
La gira mediática de Guillermo Michel sumó esta semana un nuevo capítulo con la presentación de un proyecto para impedir que familiares encubran femicidios. Más allá de la nobleza del título, la sensación es que estamos frente a otro intento de construir agenda y posicionamiento político en un momento donde el dirigente busca consolidar una identidad que todavía resulta difícil de definir. Porque si algo ha caracterizado la trayectoria de Michel es la capacidad de adaptarse a cada etapa.
Durante años fue identificado con el massismo y no precisamente con el peronismo tradicional. Recién cuando comenzó a involucrarse en la estructura del PJ entrerriano apareció una versión más pejotista de sí mismo. Ahora algunos lo ubican cerca del espacio de Miguel Ángel Pichetto. Mañana quién sabe. El problema no es cambiar de opinión. El problema es cuando la única constante parece ser el cambio mismo.
Michel parece pertenecer a una categoría muy particular de dirigentes: aquellos cuya verdadera identidad política es la oportunidad del momento. En ese sentido, se parece bastante a una tradición muy conocida del peronismo porteño. Esa escuela política capaz de pasar de Domingo Cavallo a la socialdemocracia sin escalas y sin explicaciones.
La misma lógica que encarnó Alberto Fernández, quien en los años noventa fue apoderado del partido de Cavallo y décadas después se presentó como referencia de un progresismo moderado y socialdemócrata. Todo sin mayores conflictos ideológicos ni demasiadas rendiciones de cuentas. Ese es, en gran medida, el albertismo: una cultura política donde las convicciones suelen ser mucho más flexibles que las circunstancias. Y es allí donde muchos encuentran similitudes con Michel.
Por eso el proyecto presentado genera más preguntas políticas que entusiasmo legislativo. No porque el tema no sea importante, sino porque apunta a una situación extremadamente específica y limitada dentro de un problema muchísimo más amplio. La violencia contra las mujeres requiere políticas integrales, prevención, asistencia, protección efectiva y un Estado capaz de actuar antes de la tragedia. En comparación, la iniciativa parece más diseñada para producir un titular que para impulsar una reforma profunda.
Quizás sea injusto juzgar una propuesta únicamente por quien la presenta. Pero en política la trayectoria importa. Y cuando un dirigente acumula más cambios de identidad que definiciones permanentes, resulta inevitable preguntarse si estamos frente a una convicción genuina o ante una nueva estación de una larga campaña personal. Después de todo, el único partido político al que Guillermo Michel parece haber pertenecido de manera ininterrumpida es el partido del oportunismo. Web:
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