Claves
- Entrevista con Ileana Fernández, psicóloga deportiva.
- Por Julio Vallana Ileana Fernández y las claves y posibilidades del entrenamiento invisible.
- La licenciada Ileana Fernández explicó las prioridades en las fases iniciales de la actividad deportiva y señaló las distorsiones más habituales.
Entrevista con Ileana Fernández, psicóloga deportiva. El patinaje como felicidad. Facultad y el único libro. Rendimiento resultados. Hijos y deporte. Por Julio Vallana Ileana Fernández y las claves y posibilidades del entrenamiento invisible. La licenciada Ileana Fernández explicó las prioridades en las fases iniciales de la actividad deportiva y señaló las distorsiones más habituales.
“Ni la familia ni los entrenadores les enseñan a los chicos lo relacionado con la confianza, porque todo depende del resultado, lo cual repercute en el disfrute”, manifestó la ex patinadora. —¿Dónde naciste? —En Paraná, en el (sanatorio) Rawson. Mis papás vivían en (calles) Grella y Vucetich, donde viví hasta los ocho años, cuando nos fuimos al barrio El Sol, hasta los 30 años. —¿Cómo era la zona en tu infancia? —No cambió casi nada y es muy tranquila.
En mi casa, adelante, vivía mi abuela materna, a quien acompañaba a la iglesia Santa Teresita y tenía un fondo muy largo; atrás mi papá hizo su casa y vivimos hasta que le dieron la casita, con más comodidades, en barrio El Sol. En la de mi abuela había árboles de manzanas, duraznos, nueces, mamón, limones, aloe vera y muchas plantas. —¿Sufriste por el cambio de barrio?
—Me encantó porque había muchos vecinitos y compañeros de escuela de mi edad, con quienes jugábamos a la bolita en la plaza y andábamos libremente, mientras que en el barrio de mi abuela era gente mayor. —¿Otros lugares de referencia? —Donde ahora está Redengás estaba Fanta; enfrente vivía mi profesora de danza y en la esquina está el kiosco donde compraba chocolatines. Tomaba el 5 para ir a todos lados. —¿Qué actividad profesional desarrollaban tus padres?
—Mi papá trabajó en Arquitectura de la provincia, siendo ingeniero en construcciones, y daba clases en el secundario, y mi mamá, ama de casa. —¿Leías? —No. —¿A qué jugabas? —Desde los seis años hice dos años de danza clásica y española con Graciela Clotet, y luego patín artístico competitivo, desde los ocho años. Jugaba a la escondida, la cuerda, el elástico y la cachada. —¿Te mandaron a danza o pediste ir? —Me llevaron, me gustaba la española y no tanto la clásica.
Cuando me llevaron a patín vi a Carolina Pacher, quien fue compañera durante muchos años, haciendo un trompo y quedé maravillada. Tuve profesoras muy buenas y construyeron la motivación desde el primero al último día. —¿Cómo fueron esas primeras vivencias? — Era feliz subiéndome a los patines, porque era muy inquieta y tenía facilidad. —¿La danza te sirvió como plus? —Fue una buena base, por saber poner las manos y conocer los ritmos, sobre todo con la danza española. —¿Formadores importantes?
—Comencé en Talleres pero el grupo se fue a la Unión Árabe, donde trajeron de Rosario a Rogelio Saleme, y todos los profesores actuales que dan patín artístico son alumnos de alumnos de él, porque ahí fue un gran semillero desde donde comenzó a crecer el patín de Entre Ríos. También su mujer, Edelma. —¿Claves que aprendiste? —Valoraba mucho el compromiso, el esfuerzo, nos enseñó muchos valores y acompañaba mucho. En mi caso hizo que fuera una experiencia significativa y feliz. —¿Hasta cuándo practicaste?
—Hasta los 19 años, a nivel competitivo, y seguí un año más mientras hice cursos de computación y taquigrafía; dejé para hacer el CBC en la Universidad de Buenos Aires y estudiar Psicología, pero me volví a mitad de año porque no me adapté al ritmo de vida. Me ofrecieron estar en el club San Martín, estuve un par de años, luego hice un poco menos de un año de Diseño Gráfico, en Santa Fe, pero no me daban los tiempos ni era mi vocación.
También inicié una escuelita desde cero en el Club Litoral, de María Grande, con cien alumnos el primer año, fue un boom en el pueblo y tengo muy buenos recuerdos, ya que se armó un equipo de competición y ganaron la copa de la categoría C, no obstante que tenían una pista destruida. Eran excelentes. Luego todo el pueblo colaboró y se cambió el piso, siendo una de las pistas más lindas que hay. También estuve siete años en Patronato. —¿Cuál fue tu mejor etapa competitiva?
—A nivel rendimiento, los últimos dos años; Rogelio ya se había retirado, quedó a cargo Gerardo David, y yo tomaba clases en Buenos Aires con una profesora con muchos patinadores destacados a nivel internacional. Tuve un nivel alto y bueno, si bien no clasifiqué para un mundial, porque en mi categoría estaban las mejores del país. La vida del profesor de patín que se dedica a competición es muy absorbente, por la cantidad de torneos, y nunca me adapté a tantos viajes y quería formar una familia.
—¿Una competencia destacada? —La del primer podio nacional a los 14 años y que en ese momento quedé subcampeona. Fue muy significativo porque me sentí muy segura y no siempre se alcanza el mejor rendimiento. —¿Podías pensar y desarrollar una carrera profesional? —No, porque no lo es, salvo en hielo y en otros países. Lo que existe es el alto rendimiento. —¿Tus referentes deportivos? —De esa época, las compañeras que veíamos y sólo veíamos otras patinadoras en los nacionales.
Admiraba mucho a Juliana Herrera, de Paraná, y Carolina Pacher. —¿Sentías una vocación? —Siendo adolescente tenía claro que quería estudiar y trabajar, porque veía a las mamás de las compañeras de patín que tenían profesiones, sabían manejar y eran independientes, y me gustaba ese ejemplo. Cuando era niña idealizaba ser maestra y profesora de Educación Física. —¿Tuviste buenos profesores de esa materia? —Sí, aunque no recuerdo sus nombres; era la hora esperada. También tuve buenos maestros. —¿Materias predilectas?
—Ninguna, trataba de aprender y cumplía. Mi objetivo era aprobar porque mi vida era el patín. Psicología me encantó pero la tuvimos un solo año. —¿Te generó alguna inquietud? —Me resultaron muy interesantes las teorías del conductismo y el psicoanálisis, por eso quise estudiar la carrera en la UCA, donde en tercer año encontré el primer libro de psicología del deporte, de (Rafael) Linares. —¿Se concilió la carrera con la idea previa?
—Sí, me reforzó lo de que era lo que me gustaba, aunque me llevó diez años, porque trabajaba. —¿Cuál era el enfoque dominante? —La sistémica y la cognitiva, y un año entero me dediqué al psicoanálisis y psicología profunda, que me costaron mucho. —¿Qué analizaste en lo personal? —El saber de qué se tratan las emociones, la inteligencia y la regulación emocional. Uno puede mejorar su calidad de vida cuando la desarrolla.
Hay proyectos, como los de Lucas Malaisi, para incorporar el estudio de la inteligencia emocional en las escuelas, pero no se avanza. Ojalá se concreten. —¿Con qué teoría te identificaste luego? —Con la psicología cognitiva-conductual, la cual trabaja en cómo procesamos la información en los procesos mentales de percepción, atención, memoria, lenguaje, pensamiento e inteligencia, lo cual influye en las emociones, y éstas en nuestra conducta.
Es uno de los enfoques con los cuales más trabaja la psicología del deporte. —¿Habías escuchado algo sobre psicología del deporte hasta encontrar el primer libro? —No; estaba buscando algo sobre psicología educacional y en ese momento era el único libro en toda la biblioteca. —¿Qué conceptos te impactaron? —Me motivó mucho a terminar la carrera y especializarme en eso.
Pensé cómo no tuvimos esas herramientas cuando fuimos deportistas, para gestionar el nerviosismo antes de competir, y desarrollar otras habilidades y herramientas como la confianza, concentración, rendimiento y unión, por ejemplo, de un equipo, aunque no garantice resultados. —¿Sobre qué fue tu tesis? —Investigué sobre la arenga en equipos de vóley. —¿Pudiste desarrollarte en lo específico?
—Tras defender la tesis en 2013 comencé la especialización en la Asociación de Psicología del Deporte Argentino, pero empecé ejerciendo la psicología clínica, y me llevó varios años promocionarme como psicóloga del deporte, más allá de trabajar con algún deportista y en los clubes de patín. Hasta que una paciente que estudiaba marketing me armó una página, creció la demanda y hoy 90% son deportistas y 10%, pacientes de la clínica. —¿Cómo definís el nivel de inserción actual?
—No en todos los clubes y federaciones, pero todavía seguimos siendo un gasto y no una inversión, aunque es entendible porque siempre están juntando dinero para algo que necesitan. —¿Perduran prejuicios? —Perdieron bastante fuerza, incluso en la clínica, porque se ve como algo saludable, mientras que hace unos años se consideraba que si ibas al psicólogo, ni hablar del psiquiatra, es porque estabas loco, y ni hablar en el deporte. —¿Se entiende el rol específico del psicólogo deportivo?
—El perfil tiene que ser bajo y de mucha humildad, porque no le decimos al entrenador lo que tiene que hacer, aunque podemos colaborar o brindarle herramientas para que el equipo esté más cohesionado. Somos colaboradores, y podemos formar parte del equipo técnico o ser asesores externos. —¿Qué problemáticas afectan a deportistas y equipos? —Siempre registré mucho lo de la confianza, porque ni la familia ni los entrenadores les enseñan a los chicos, y todo depende del resultado, lo cual repercute en el disfrute.
También lo relacionado con la ansiedad y la frustración, sobre todo en patín, que perjudica el rendimiento. —¿Cómo influye la formación y actitud de técnicos y entrenadores en la gestión de la dimensión psicológica? —Cuando los entrenadores tienen apertura a que existe la dimensión psicológica y cuestiones internas del deportista, y humanizarse en cuanto a lo que le pasa, le permite un montón de cosas, además de enseñar lo técnico y físico. Pero si no ven al deportista como un ser humano se dificulta la contención.
Hoy se admite, salvo en el caso de los entrenadores más grandes con una mirada reducida, que hay un entrenamiento invisible vinculado con lo anímico, la confianza, el descanso y la nutrición. —¿Cómo el buen rendimiento garantiza resultados? —Cuanto mejor sea más se acerca a mejores resultados. Pero en el deporte profesional todo está puesto en el resultado, porque, por ejemplo, si un arquero no ataja bien, no lo contratan.
En ese ámbito el deportista sabe que es así y hay herramientas que se pueden brindar para manejar esa presión. El problema es cuando se da en un momento de formación, porque termina desmotivando y no pueden crecer. —¿Qué encontrás en el consultorio, como psicóloga generalista, en cuanto a cuestiones nuevas, comparadas con cuando comenzaste?
—Antes los motivos de consulta eran por problemas personales y familiares, y autoconocimiento, y hoy es por malestares de ansiedad y depresión; hay mucha gente que se siente mal y antes de la pandemia no era tanto. —¿Todavía hay efectos de confinamiento? —Totalmente. La pandemia fue un factor desencadenante y la demanda en clínica creció de una manera impresionante. —¿Casos llamativos?
—La población de adultos jóvenes, entre 25 y 35 años, no la está pasando bien, porque no pueden crecer, no consiguen un buen trabajo, no se pueden independizar de su familia ni formar una, y quienes están bien económicamente prefieren no hacerlo, porque quieren otro tipo de experiencias. En algunos casos, para bien, han cambiado los objetivos, y en otros se sienten muy atrapados al no tener ninguna estabilidad, o les da miedo apostar a algo. —¿Publicás contenidos?
—Sí, en Instagram: @if.psicodeldeporte La instructora nacional de patín artístico analizó el problema y recomendó alternativas en torno a la presión que suelen ejercer los padres sobre sus hijos en busca de resultados. —¿Qué dimensión tiene el problema de la exigencia de los padres sobre sus hijos y entrenadores por la obtención de resultados? —Tiene mucho que ver con la filosofía de trabajo de cada club y deporte, y de lo que cada familia piensa o entiende.
Lo más saludable es cuando todos apuntamos a la mejora del rendimiento, que el chico crezca, aprenda, disfrute, incorpore valores como el esfuerzo, la constancia, la perseverancia, el compromiso y el ser puntuales. Es donde se gana en el deporte....
Delta