viernes, 15 de mayo de 2026
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La Caja de Jubilaciones de Victoria: la bomba previsional que maneja STRATTA y que nadie quiere mirar

Victoria discute poco y administra tarde. Mientras la ciudad convive con un municipio asfixiado por el gasto corriente, una Caja de Jubilaciones sostenida por aportes insuficientes, propiedades imp…

Publicado Por La CalderaLectura 5 min
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Victoria discute poco y administra tarde. Mientras la ciudad convive con un municipio asfixiado por el gasto corriente, una Caja de Jubilaciones sostenida por aportes insuficientes, propiedades improductivas y decisiones políticas de corto plazo empieza a convertirse en una espada de Damocles sobre el presupuesto municipal. El problema no es sólo Camilo Stratta. El problema es que detrás de su designación aparece una dirigencia sin coraje para discutir qué ciudad quiere dejar dentro de quince años. La Caja de Jubilaciones municipal dejó de ser un asunto técnico reservado a contadores, funcionarios o gremios. Es un tema político de primer orden porque compromete, al mismo tiempo, a los trabajadores activos, a los jubilados, al presupuesto municipal y al futuro de Victoria. Cuando una ciudad tiene una planta de casi 1500 empleados y un gasto corriente que ronda el 80% de sus recursos, cualquier desequilibrio previsional deja de ser un problema sectorial y pasa a convertirse en una amenaza directa sobre los servicios, la obra pública, el mantenimiento urbano y la capacidad mínima de gestión. Durante años se sostuvo la idea de que la Caja podía garantizar su futuro acumulando patrimonio. Terrenos, inmuebles y propiedades fueron presentados como respaldo, como si la sola existencia de bienes alcanzara para asegurar la sustentabilidad. Pero ese razonamiento es débil. Una propiedad improductiva no paga jubilaciones. Un inmueble devaluado no reemplaza aportes suficientes. Un terreno que no genera renta no corrige una mala relación entre activos y pasivos. Confundir patrimonio con solvencia es uno de los errores más graves que puede cometer una administración previsional. El dato central que Victoria necesita conocer no es cuántos bienes tiene la Caja en papeles, sino cuánto producen, cuánto valen realmente, qué liquidez tienen y por cuánto tiempo podrían sostener un desequilibrio si el sistema empieza a ser deficitario. También hace falta saber cuántos trabajadores aportan hoy, cuántos jubilados y pensionados cobran, cuál es la evolución proyectada para los próximos diez, quince y veinte años, y qué impacto tendría sobre el presupuesto municipal una caída en la relación entre aportantes y beneficiarios. Sin esos datos, todo lo demás es relato. El modelo actual parece descansar sobre una lógica peligrosa: seguir sumando activos para sostener el sistema. En castellano claro, incorporar más empleados para que haya más aportes. Pero esa salida tiene un límite evidente. Si la Caja necesita una planta municipal cada vez más grande para sobrevivir, entonces el problema no está resuelto: está escondido dentro del gasto corriente. Y si para sostener esa planta se pagan salarios bajos, el resultado es doblemente injusto: trabajadores mal remunerados y una ciudad sin margen para invertir. La solución no puede ser sostener la Caja apretando salarios ni multiplicando cargos. Victoria no necesita más empleados pobres para financiar un equilibrio artificial. Necesita un municipio eficiente, moderno, profesionalizado y con trabajadores que ganen bien. Eso exige discutir productividad, digitalización, reorganización administrativa, capacitación, control del ausentismo, eliminación de estructuras duplicadas y planificación seria del empleo público. Una Caja sana no puede depender de un Estado municipal inflado, lento y caro. Debe apoyarse en un municipio ordenado, con cuentas claras y capacidad real de desarrollo. Ahí es donde aparece la responsabilidad política de los Stratta y de Castagnino. Camilo Stratta, colocado al frente de la Caja, no puede limitarse a ocupar un cargo sensible como si fuera una escala más en la distribución familiar del poder. Tiene la obligación de explicar públicamente cuál es el estado real del sistema, qué patrimonio existe, qué rentabilidad tiene, cuál es la proyección actuarial y qué medidas se van a tomar para evitar que el déficit futuro termine cayendo sobre el municipio. Laura Stratta tampoco puede mirar desde afuera un problema que involucra a una estructura política que durante años tuvo peso decisivo en Victoria. Y Castagnino, como intendente, es responsable directo de conducir la ciudad, no de administrar la inercia hasta que el problema le explote al próximo. La irresponsabilidad consiste justamente en eso: actuar como si el tiempo no corriera. Cada año sin diagnóstico, sin auditoría y sin proyección achica el margen de decisión. Hoy todavía se puede discutir con alternativas sobre la mesa: reforma interna, saneamiento patrimonial, auditoría externa, estudio actuarial, modernización administrativa o incluso una conversación seria sobre la posibilidad de integración con el sistema provincial. Mañana, si el déficit se vuelve estructural, ya no habrá debate político sino ajuste. Y el ajuste siempre cae sobre los mismos: trabajadores, jubilados y vecinos. Victoria necesita una investigación pública y completa sobre la Caja. No una defensa partidaria, no una conferencia tranquilizadora, no una planilla parcial. Necesita saber la verdad con números: activos, pasivos, aportes, beneficios, bienes, rentabilidad, deuda, proyección y riesgo fiscal. Porque si el sistema está sólido, que lo demuestren. Y si no lo está, que dejen de esconderlo detrás de cargos, apellidos y discursos. La Caja de Jubilaciones puede ser una herramienta de protección para los trabajadores municipales o puede convertirse en una pesada carga sobre una ciudad que ya tiene muy poco margen presupuestario. La diferencia entre una cosa y la otra depende de la seriedad con la que se actúe ahora. Lo que no puede seguir ocurriendo es que Victoria funcione con un municipio sobredimensionado, salarios que no alcanzan, propiedades que no producen y dirigentes que se niegan a hablar del problema de fondo. El futuro de la Caja no se resuelve sumando empleados, apretando sueldos o acumulando inmuebles. Se resuelve pensando una ciudad distinta: con un Estado más eficiente, trabajadores mejor pagos, servicios modernos y una administración previsional transparente. Todo lo demás es seguir estirando una cuerda que, tarde o temprano, se va a cortar. Web: