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Entre Rios

La ciudad que aprendió a contarse a sí misma: el nacimiento de la prensa en Gualeguaychú

Cada 7 de junio, Argentina celebra el Día del Periodista en conmemoración de la fundación de “La Gazeta de Buenos Ayres” en 1810, el primer periódico...

Publicado Por El Dia OnlineLectura 9 min
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Claves

  • Surgidos al calor de las disputas políticas de mediados del siglo XIX, los primeros periódicos locales fueron parte de las ambiciones de Urquiza y tuvieron sus réplicas opositoras, construyendo la opinión pública.
  • También supieron reflejar la profunda transformación social que vivió Gualeguaychú por aquellos años.
  • El joven secretario entendió con claridad que un pueblo no puede ser verdaderamente libre si permanece en la ignorancia o si desconoce las decisiones de quienes lo conducen.

Surgidos al calor de las disputas políticas de mediados del siglo XIX, los primeros periódicos locales fueron parte de las ambiciones de Urquiza y tuvieron sus réplicas opositoras, construyendo la opinión pública. También supieron reflejar la profunda transformación social que vivió Gualeguaychú por aquellos años.

Cada 7 de junio, Argentina celebra el Día del Periodista en conmemoración de la fundación de “La Gazeta de Buenos Ayres” en 1810, el primer periódico patrio que fue creado por Mariano Moreno en plena etapa revolucionaria. La fecha encarna la defensa de la libertad de expresión, el derecho al acceso a la información y el principio de publicidad de los actos de gobierno, pilares indispensables para el desarrollo de una ciudadanía consciente y un pleno ejercicio de la democracia.

La pluma y pensamiento de Moreno se convirtieron en las herramientas conceptuales para justificar la legitimidad del nuevo gobierno y proyectar las bases de una república moderna, inspirada en las ideas de la Ilustración y la Revolución Francesa. El joven secretario entendió con claridad que un pueblo no puede ser verdaderamente libre si permanece en la ignorancia o si desconoce las decisiones de quienes lo conducen.

Por esta razón, impulsó medidas culturales de vanguardia destinadas a democratizar el conocimiento y fomentar el debate público, tales como la creación de la Biblioteca Pública (hoy Biblioteca Nacional) y la traducción y distribución de “El contrato social” de Jean-Jacques Rousseau. Algunas décadas después, cuando la joven nación aún se desangraba en guerras civiles, Gualeguaychú vio el nacimiento de su propia prensa escrita.

Lejos de ser un hecho casual o el resultado de una afición literaria, la circulación de la palabra por nuevos medios fueuna herramienta de construcción política forjada al calor de las tensiones nacionales, así como también el primer espejo público donde la sociedad local vio reflejadas sus transformaciones, carencias y aspiraciones.

Hoy, la reconstrucción de ese rico pasado es posible gracias al esfuerzo de instituciones que han comprendido que la memoria de un pueblo a veces se resguarda en sus papeles más frágiles.

Una de estas iniciativas es la del Centro Documental Gualeguaychú, un proyecto que, según explicó la museóloga Natalia Derudi a Ahora ElDía, “nace desde los Museos de la Ciudad, con el claro objetivo de preservar la documentación de valor histórico que existe en distintos archivos y hemerotecas, no solo de Gualeguaychú, sino de distintos lugares de la provincia y el resto del país, donde ya hemos tenido la posibilidad de trabajar registrando miles de páginas".

La museóloga señaló, además, que "las constantes consultas de investigadores y las características propias del material, papel generalmente ácido y fragilizado, hicieron muy necesaria su creación", e indicó: “Hace ya más de un año se trabaja colaborativamente con la Biblioteca Popular Sarmiento. La labor a cargo de Danilo Praderio y la archivista Romina Derudi ya alcanzó toda la colección del siglo XIX y continúa con los periódicos locales del siglo XX.

Un total aproximado de 9.000 periódicos ya fueron digitalizados”.

Este fondo documental, que también sumó valiosas colecciones preservadas históricamente por el Museo Mitre y la Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata, cumple con los objetivos de la Ordenanza que le dio origen: conformar un acervo digital, clasificar, catalogar, almacenar y, sobre todo, democratizar el acceso a la información histórica, permitiendo que el material original quede resguardado del deterioro de la consulta manual.A partir de este archivo digitalizado y del trabajo previo de distintos historiadores, periodistas e investigadores que han estudiado los orígenes de la prensa local, hoy podemos echar un vistazo hacia aquel pasado en que nuestra patria chica se construyó también con el filo de la pluma.

El punto de partida se ubica a finales de la década de 1840. En su artículo titulado "Isidoro de María, el ancestro del periodismo local", el periodista Marcelo Lorenzo explica que hacia la segunda mitad del siglo XIX aparece el primer periódico en letras de molde fundado en la ciudad. Hasta ese momento, el panorama de la prensa en Entre Ríos era sumamente acotado: solo se editaba una publicación en Paraná, llamado "El Federal Entre-Riano”, un semanario que contaba con la redacción de don Severo González.

Ante esta escasez de canales informativos, el General Justo José de Urquiza tomó una decisión estratégica. Tal como recuperó el presbítero e historiador Juan Carlos Borques en su obra de 1919 “Ensayos históricos sobre el periodismo de Gualeguaychú. 1849-1870”, Urquiza era consciente de la insuficiencia del único periódico de Paraná, por lo que resolvió fundar “nuevas hojas” en el territorio provincial.

Así es que encargó a don Antonio Cuya y Sampere la compra de dos imprentas en Montevideo: una fue destinada a Concepción del Uruguay y la otra a Gualeguaychú. El investigador local Hugo Daroca, en sus estudios recogidos en el documento “Sobre la historia del periodismo de Gualeguaychú”, precisa que Urquiza consideró a Isidoro De María como la persona más idónea para poner en marcha el emprendimiento local. Se trataba de un simpatizante uruguayo que ya había ejercido la profesión en Montevideo.

Además, era masón, lo cual lo ligaba al proyecto del caudillo entrerriano en la denominada "causa americana", un eje ideológico que luego se vería claramente en las columnas editoriales del periódico.De María llegó a la ciudad para convertirse en el redactor y tipógrafo de la nueva publicación, que en los primeros días de marzo de 1849 vio la luz bajo el nombre de “El Progreso de Entre-Ríos”.

El taller de impresión y redacción se estableció en una casa alquilada ubicada en la intersección de las actuales calles Belgrano e Ituzaingó. Daroca describe a este bisemanario como una publicación de formato pequeño, de 30 por 20 centímetros, impresa en papel de hilo, estructurada a tres columnas y con una página dedicada exclusivamente a avisos económicos y sociales. Aparecía dos veces por semana y funcionaba netamente como un órgano de difusión del gobierno de Urquiza.

La misión de fondo de Isidoro de María era clara: preparar el terreno de las ambiciones políticas de Urquiza, creando un clima de opinión pública favorable a la causa liberal y de organización nacional que terminaría desafiando al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. En sus primeras tiradas, para evitar represalias inmediatas y no enemistarse antes de tiempo con el régimen porteño, el bisemanario lucía en su cabecera el tradicional lema federal obligatorio: “¡Viva la Confederación Argentina!

¡Mueran los salvajes unitarios!”. Sin embargo, todo cambiaría tras el histórico Pronunciamiento de Urquiza del 1 de mayo de 1851. A partir de entonces, la segunda parte del lema del periódico varió drásticamente hacia “Mueran los enemigos de la Organización Nacional”.

En sus ensayos, Borques retrató una supuesta aversión del régimen rosista hacia la libre circulación de ideas políticas y filosóficas, mencionando que durante dicho gobierno cayó drásticamente la cantidad de imprentas operativas en las provincias del Interior.

Para ilustrar este fenómeno, el historiador cita a Sarmiento, quien decía que "Rosas teme más a la prensa que a las conspiraciones; una conspiración puede ser ahogada en sangre; pero un libro, una revelación de la prensa, aunque haya un puñal como el que dio fin a Varela, queda ahí siempre”. De María permaneció durante once años en la localidad antes de retornar a Montevideo.

En su paso por nuestra ciudad, de María no sólo ejerció el periodismo, sino que también cumplió la función oficial de Vicecónsul del Uruguay y fue un dinamizador clave de la cultura local, impulsando la creación del Teatro 1° de Mayo.

La evolución de la prensa escrita Tras el cierre de "El Progreso de Entre-Ríos” en julio de 1851, la actividad periodística local no se detuvo; por el contrario, se diversificó en una multiplicidad de cabeceras que daban cuenta de la intensa disputa facciosa y la evolución social de la comunidad. Los vecinos de nacionalidad uruguaya continuaron teniendo por muchos años las riendas del periodismo local en sus manos.

En cada una de las columnas impresas se evidenciaba nítidamente el perfil ideológico y militante de sus redactores, divididos entre quienes apoyaban de manera cerrada el federalismo urquicista y aquellos que ejercían una abierta oposición. El devenir de las publicaciones de la época permite trazar la siguiente cronología de la prensa local. El Federal Entre-Riano (1851–1852) fue la continuación inmediata del esfuerzo editorial tras el Pronunciamiento, redactado nuevamente por Isidoro de María.

Luego apareció el Eco del Litoral (1853–1856), que contó con la tutela periodística de De María, figurando Enrique Tovo como editor responsable. Reflejando su carácter oficialista, la publicación fue directamente subvencionada por el propio General Urquiza hasta su cierre definitivo en 1856. Ese mismo año surgió el El Mercantil (1856–1858), periódico que quedó bajo la dirección y redacción de Dermidio De María, hijo de Isidoro, quien continuó luego con La Época (1858–1859).

Para el mismo tiempo apareció La Esperanza de Entre Ríos (1858), que duró menos de un año y se caracterizó por su audacia editorial, tono crítico y oposición al urquicismo, lo que le valió la hostilidad de amplios sectores del poder. Detrás de él estaba José Lefevre, un inmigrante francés con el oficio de hojalatero que se volvió una figura intelectual y emprendedora de la ciudad.

El Duende (1859), que vio la luz poco después, marcó el hito de ser el primer periódico de carácter netamente satírico y de humor político. Lamentablemente, debido a las condiciones de conservación de la época, no se ha logrado conservar ningún ejemplar físico de este semanario. Casi en simultáneo, en la misma imprenta de Lefevre, apareció El Eco de Entre Ríos, dirigido y redactado por Honoré Roustand, un uruguayo hijo de franceses que impulsó diversas iniciativas de interés público en la ciudad.

El Pueblo (1861–1882), fue una de las hojas de mayor longevidad en el siglo XIX local. Sus talleres e imprenta funcionaron en la zona de las actuales Bolívar y República Oriental. El Pueblo Entre-Riano (1862–1866), en tanto, fue un periódico de enorme relevancia histórica y literaria, debido a que tuvo como redactor principal al poeta y pensador Olegario Víctor Andrade, considerado por la historiografía regional como el primer gran periodista nativo.

Desde sus encendidas columnas, Andrade defendió con fervor la causa del federalismo del interior. El periódico sufrió las consecuencias de la censura de la época; en su último número se lee de forma explícita que se ve obligado a cerrar sus puertas “por orden del poder”. La Democracia (1863–1867, fue fundado y dirigido por el uruguayo Marcelino Escalada. Este periódico posee la triste consideración histórica de haber sido víctima del primer atentado grave contra la libertad de prensa registrado en la localidad.

Conforme lo consigna la investigación histórica volcada en la edición especial del diario El Argentino (1783–1983), la imprenta donde funcionaba el periódico fue intencionalmente incendiada por sus adversarios políticos, constituyendo un hecho repudiable de violencia partidaria. El Alba es otra publicación de vida más breve que se sumó al debate de ideas en el convulsionado escenario de la década de 1860. El Porvenir (1864–1867), periódico fundado y dirigido por un joven O. V.

Andrade de apenas 25 años, fue un espacio donde vertió durísimas críticas contra la política centralista de Buenos Aires llevada adelante por Bartolomé Mitre. Desde sus páginas, denunció firmemente la guerra fratricida en el Paraguay. La intransigencia ideológica de la publicación motivó que fuera clausurada por disposición directa del presidente Mitre. A partir del surgimiento de figuras como Andrade, la prensa lo...