Claves
- "La bondad devuelve la dignidad fracturada." Es una frase sencilla, pero encierra una verdad profunda.
- Porque muchas veces las heridas más graves no son las que se ven.
- Son aquellas que deja la soledad, el abandono, la desesperanza y la sensación de que nadie escucha el dolor que una persona está atravesando.
"La bondad devuelve la dignidad fracturada." Es una frase sencilla, pero encierra una verdad profunda. Porque muchas veces las heridas más graves no son las que se ven. Son aquellas que deja la soledad, el abandono, la desesperanza y la sensación de que nadie escucha el dolor que una persona está atravesando.
En los últimos años, Entre Ríos ha visto crecer una realidad que nos interpela como sociedad: los intentos de suicidio y los suicidios consumados se multiplican, atravesando edades, ciudades y sectores sociales. Detrás de cada número hay una historia. Hay una familia. Hay una comunidad que queda marcada para siempre. Frente a esta realidad, no alcanza con conmovernos cada vez que una tragedia ocurre. Tampoco alcanza con la buena voluntad individual, aunque sea indispensable.
La bondad puede acompañar, contener y devolver algo de la dignidad que el sufrimiento ha quebrado. Pero cuando el dolor se vuelve un problema colectivo, la respuesta también debe ser colectiva. Por eso impulsé en el Honorable Concejo Deliberante de Concepción del Uruguay un proyecto solicitando a la Provincia de Entre Ríos la declaración de la Emergencia en Salud Mental. La iniciativa fue aprobada por mayoría, con nueve votos afirmativos y cuatro negativos.
Más allá de las diferencias políticas, ese resultado expresó una preocupación que trasciende partidos y coyunturas: la necesidad urgente de reconocer la dimensión de una problemática que ya no admite indiferencia. Declarar la emergencia no es una formalidad. Es reconocer que estamos frente a una situación extraordinaria que requiere recursos extraordinarios.
Es priorizar la prevención, fortalecer los equipos de atención, ampliar los dispositivos de acompañamiento, trabajar con las escuelas, las organizaciones sociales y las familias, y garantizar que quienes necesitan ayuda puedan acceder a ella a tiempo. Porque cuando una persona llega al punto de pensar que su vida no vale, no estamos solamente ante un problema individual. Estamos frente a una fractura social que nos involucra a todos. La salud mental no puede seguir ocupando un lugar secundario en la agenda pública.
Hablar de salud mental es hablar de derechos. Es hablar de igualdad de oportunidades. Es hablar de la posibilidad de construir proyectos de vida. Es hablar, en definitiva, de dignidad humana. La política tiene muchas responsabilidades, pero pocas son tan importantes como proteger la vida. Y proteger la vida también implica generar las condiciones para que cada persona encuentre motivos para seguir adelante, redes de apoyo cuando las necesita y un Estado presente cuando todo parece derrumbarse.
La bondad devuelve la dignidad fracturada. Pero una sociedad justa tiene una obligación aún mayor: evitar que esa dignidad se rompa. La emergencia en salud mental no puede esperar. Cada demora tiene consecuencias. Y cuando lo que está en juego son vidas humanas, el tiempo de actuar es ahora. Por la Concejal Maria Isabel Sola
Delta