martes, 16 de junio de 2026
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Entre Rios

La inteligencia artificial y el desafío de preservar los vínculos humanos

El reto es cómo preservar el pensamiento crítico, la confianza y las relaciones en un mundo cada vez más mediado por la inteligencia artificial y los algoritmos

Publicado Por UNO Entre Rios - La ProvinciaLectura 6 min
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Claves

  • Se trata de una realidad que atraviesa el trabajo, la educación, la comunicación, la salud, el entretenimiento y, cada vez más, las relaciones humanas.
  • La preocupación expresada por el Pontífice no apunta a rechazar la IA, sino a advertir sobre los riesgos de convertirla en una herramienta de dominio, exclusión o reemplazo de la experiencia humana.
  • El llamado a “desarmar la IA” busca poner el foco en la necesidad de que estas tecnologías estén al servicio del bien común y no de intereses económicos o políticos que profundicen desigualdades.

El reto es cómo preservar el pensamiento crítico, la confianza y las relaciones en un mundo cada vez más mediado por la inteligencia artificial y los algoritmos Por Vanesa Erbes Cómo integrar la Inteligencia Artificial sin perder lo que nos caracteriza como humanos es hoy un desafío La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la vida cotidiana ya no es una posibilidad futura ni una discusión reservada a especialistas.

Se trata de una realidad que atraviesa el trabajo, la educación, la comunicación, la salud, el entretenimiento y, cada vez más, las relaciones humanas. En ese contexto, la reciente encíclica del papa León XIV, Magnifica humanitas, abrió un debate que excede los límites de la Iglesia y alcanza a toda la sociedad: ¿qué lugar ocupa la persona en un mundo cada vez más mediado por tecnologías capaces de pensar, responder y decidir?

La preocupación expresada por el Pontífice no apunta a rechazar la IA, sino a advertir sobre los riesgos de convertirla en una herramienta de dominio, exclusión o reemplazo de la experiencia humana. El llamado a “desarmar la IA” busca poner el foco en la necesidad de que estas tecnologías estén al servicio del bien común y no de intereses económicos o políticos que profundicen desigualdades. La reflexión encuentra eco en ámbitos académicos, educativos y empresariales.

El investigador, escritor y docente entrerriano Daniel Giosa, especialista en informática y nuevas tecnologías, sostiene que la IA representa una transformación comparable a la revolución industrial. Sin embargo, advierte que el problema no es la herramienta en sí misma, sino el modo en que las personas la incorporan a sus vidas. “La inteligencia artificial recién está comenzando”, afirmó.

A su entender, quienes aprenden a utilizarla de manera estratégica obtienen ventajas concretas en productividad, formación y capacidad de innovación. Pero al mismo tiempo observa fenómenos que generan preocupación, especialmente entre los más jóvenes. Uno de ellos es la pérdida progresiva de habilidades vinculadas al pensamiento crítico y la comprensión profunda de la información.

Según relató a UNO a partir de sus experiencias en escuelas secundarias y espacios de formación universitaria, muchos estudiantes se limitan a aceptar la primera respuesta que encuentran en internet sin desarrollar procesos de análisis, contraste o reflexión. La paradoja es evidente: nunca hubo tanto acceso al conocimiento y, sin embargo, crecen las dificultades para interpretar, seleccionar y evaluar información de calidad.

La expansión de la IA también está modificando la forma en que las personas se relacionan con instituciones tradicionalmente asociadas a la confianza, como la educación, la medicina o incluso los medios de comunicación. Cada vez más usuarios consultan asistentes virtuales antes que profesionales, buscan respuestas inmediatas y valoran la disponibilidad permanente de las plataformas digitales. Esto no significa necesariamente un reemplazo de los especialistas, pero sí plantea nuevos desafíos.

En el ámbito laboral, por ejemplo, ya existen empresas que utilizan la IA para realizar los primeros filtros en procesos de selección de personal. En educación, comienzan a desarrollarse experiencias donde la IA participa en evaluaciones y devoluciones de trabajos. En comunicación, la producción de contenidos automatizados crece a una velocidad sin precedentes. Para Giosa, lejos de representar una amenaza inevitable, este escenario obliga a las personas a mejorar sus propias capacidades.

La formación continua, la creatividad, la empatía, la comunicación efectiva y el pensamiento crítico aparecen como competencias cada vez más valiosas precisamente porque son atributos profundamente humanos. La cuestión que atraviesa tanto la Encíclica Papal como muchos debates contemporáneos es el impacto de la tecnología sobre los vínculos humanos. Las redes sociales primero y la inteligencia artificial después ampliaron las posibilidades de comunicación.

Hoy es posible interactuar con personas de cualquier parte del mundo, acceder a comunidades de interés común y obtener respuestas inmediatas a casi cualquier consulta. Sin embargo, numerosos especialistas advierten sobre una paradoja creciente: mientras aumentan las conexiones digitales, muchas personas experimentan mayores niveles de aislamiento, soledad y fragilidad emocional.

Daniel Giosa reflexiona sobre el impacto de las IA en los vínculos humanos Sobre este punto, Giosa reflexionó que la imagen de antiguas comunidades donde vecinos, amigos y familiares que compartían espacios cotidianos contrasta con formas de vida urbanas marcadas por el anonimato. La tecnología no creó ese fenómeno, pero puede profundizarlo cuando sustituye encuentros reales por interacciones exclusivamente virtuales.

Incluso comienzan a surgir experiencias que hasta hace poco parecían propias de la ciencia ficción: asistentes virtuales personalizados, vínculos afectivos con personajes generados por IA y relaciones emocionales mediadas por algoritmos. Aunque estos casos siguen siendo minoritarios, reflejan una pregunta de fondo: ¿qué sucede cuando una parte creciente de nuestras necesidades afectivas es satisfecha por sistemas diseñados para responder siempre lo que queremos escuchar?

Frente a quienes anuncian un futuro dominado por lo virtual, la realidad muestra también señales en sentido contrario. Giosa observó que los conciertos siguen convocando multitudes. Los eventos deportivos mantienen niveles récord de asistencia. Los encuentros presenciales continúan siendo valorados incluso por generaciones nacidas en entornos digitales. La necesidad de compartir experiencias reales parece resistir el avance tecnológico. Ese aspecto resulta central en la mirada del Papa León XIV.

La preocupación de la Iglesia no radica únicamente en los riesgos técnicos de la inteligencia artificial, sino en la posibilidad de que el ser humano delegue en las máquinas dimensiones esenciales de su existencia: el discernimiento moral, la responsabilidad, la construcción de comunidad y el encuentro con el otro. La IA puede procesar información, generar imágenes, redactar textos o asistir en diagnósticos.

Lo que no puede hacer es reemplazar la experiencia humana de la empatía, el afecto, el compromiso o la solidaridad. Este debate recién comienza y a poco de la publicación de Magnifica humanitas parece destinado a extenderse mucho más allá de los ámbitos religiosos. La pregunta ya no es si la IA formará parte de nuestras vidas, porque eso ya ocurre. La cuestión es cómo convivir con una tecnología que promete enormes beneficios, pero que también obliga a redefinir aspectos centrales de la condición humana.

En ese escenario, las advertencias del Papa y las observaciones de especialistas como Daniel Giosa coinciden en un punto fundamental: la tecnología puede potenciar capacidades, facilitar tareas y abrir oportunidades inéditas, pero los vínculos, la confianza, el pensamiento crítico y la construcción de comunidad siguen dependiendo de las personas.