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La Reforma Universitaria que cambió a la Argentina

El estallido de los estudiantes se produjo el 15 de junio de 1918 en Córdoba, pero la tensión llevaba décadas y había empezado con una muerte inesperada. Los reformistas lograron la autonomía universitaria, el co-gobier…

Publicado Por Chajari al DiaLectura 6 min
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Claves

  • El estallido de los estudiantes se produjo el 15 de junio de 1918 en Córdoba, pero la tensión llevaba décadas y había empezado con una muerte inesperada.
  • Los reformistas lograron la autonomía universitaria, el co-gobierno y la libertad de cátedra.
  • Hasta que finalmente, en junio de 1918, la mecha terminó de consumirse y estalló la bomba.

El estallido de los estudiantes se produjo el 15 de junio de 1918 en Córdoba, pero la tensión llevaba décadas y había empezado con una muerte inesperada. Los reformistas lograron la autonomía universitaria, el co-gobierno y la libertad de cátedra. La tensión duró décadas. Prácticamente medio siglo. Hasta que finalmente, en junio de 1918, la mecha terminó de consumirse y estalló la bomba.

La Reforma Universitaria, que tuvo epicentro en Córdoba, fue la condensación de un conflicto que se remontaba al siglo XIX e intentó ponerle fin a un funcionamiento prácticamente feudal de las Casas de Altos Estudios de la Argentina. Por eso, aunque este lunes se cumplen 108 años del día exacto en el que la Reforma se cristalizó, hay que rastrear sus huellas bastante antes.

En 1871, nada menos que cuarenta y siete años antes del estallido que cambiaría para siempre las reglas del sistema universitario, Roberto Sánchez reprobó su examen final de Derecho Romano en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Fue el 12 de diciembre de ese año y Sánchez, que colaboraba con cierta frecuencia con textos en el diario La Nación, tenía apenas 20 años. Era aplicado y los exámenes lo llevaban a un escenario de estrés extremo.

Después de fallar en el examen, Roberto Sánchez escribió una carta para su madre, una para su hermano y se suicidó en su casa. A su entierro fueron alrededor de dos mil estudiantes, conmocionados por el impacto de ese examen reprobado en la vida -y en la muerte- del joven, que era sanjuanino y había venido a Buenos Aires a formarse. Esos miles de alumnos convirtieron la despedida fúnebre en una protesta espontánea contra la arbitrariedad del sistema universitario.

Formaron, inmediatamente, el Movimiento 13 de Diciembre y denunciaron a decenas de profesores a los que acusaban de dar clases particulares y luego favorecer a esos alumnos en las mesas de exámenes. Los estudiantes exigieron las renuncias de los docentes a los que señalaban como autores de esas prácticas y propusieron un co-gobierno universitario del que formarían parte los profesores, el personal administrativo y ellos mismos.

Reclamaban, además, la enseñanza gratuita y la libertad de cátedra, y, por sobre todo lo demás, la autonomía universitaria. La llama estaba encendida. El poder en las sombras Más de cuarenta años después del suicidio de Roberto Sánchez, la Ley Sáenz Peña cambió drásticamente el escenario nacional. El acceso al voto universal (aunque exclusivamente masculino) llevó a la Presidencia a Hipólito Yirigoyen y puso fin a la hegemonía indiscutible de la oligarquía conservadora.

El título universitario era, para la clase media cada vez más numerosa, la vía más directa para ascender socialmente. Pero aunque ahora podían votar todos los varones, y decidir así el rumbo del país, en las universidades el control todavía era completamente de las élites, que operaban allí para ejercer su dominación ideológica. En las primeras décadas del siglo XX, el caso más resonante de “aristocracia doctoral” se daba justamente en “La Docta”.

La Universidad Nacional de Córdoba (UNC), fundada en 1613, estaba completamente dominada por ideas que manipulaban desde las sombras los miembros de Corda Frates, una sociedad clerical semi secreta que ejercía su poder sobre la política, la educación y el arzobispado de la capital mediterránea. Los planes de estudio de la UNC desconocían las teorías de Charles Darwin y de Karl Marx.

Los graduados estaban obligados a jurar “por los Santos Evangelios” y las cátedras eran tratadas como patrimonio hereditario e incluso traspasadas como “regalos de casamiento”. La escalada y la explosión Esa tensión que venía acumulándose desde el entierro de Roberto Sánchez empezó a escalar como nunca antes hacia fines de 1917, cuando la Universidad Nacional de Córdoba cerró el internado del Hospital de Clínicas de esa ciudad y se modificó el régimen de asistencia de los estudiantes.

En marzo de 1918, los estudiantes crearon el Comité Pro Reforma y llamaron a una huelga general de alumnos en una masiva asamblea. El 2 de abril, el Consejo Superior de la UNC respondió a esa decisión, que consideró una provocación, nada menos que clausurando el acceso a la universidad. En ese contexto, el entonces presidente Hipólito Yrigoyen nombró al procurador José Nicolás Matienzo como interventor de la UNC.

Durante esa intervención se impulsaría la democratización de algunos estatutos universitarios, habilitando a los profesores -y no sólo a las academias- para que eligieran a las autoridades institucionales. El 15 de junio era el día designado para la elección del rector bajo ese nuevo estatuto. Los estudiantes daban su apoyo al candidato Enrique Martínez Paz, pero el lobby eclesiástico sobre los docentes cambió el rumbo de las urnas y se impuso el conservador Antonio Nores.

Más de mil estudiantes irrumpieron en el salón en el que se proclamaban los resultados. Gritaban todos la misma palabra: “¡Traición!”. Enardecidos, los estudiantes destrozaron retratos de antiguos rectores obispos y el mobiliario colonial, mientras expulsaban a las autoridades. Llamaron a una huelga por tiempo indeterminado y colgaron un cartel en la puerta de la universidad que decía: “Se alquila”. La Reforma Universitaria había estallado.

Seis días después, el Manifiesto Liminar de los líderes de ese movimiento estudiantil vio la luz. Se ocupó de redactarlo un alumno llamado Deodoro Roca y se dirigía a los “hombres libres de América del Sur”. El documento aseguraba que las universidades eran “el refugio secular de los mediocres” y exigía que se reconociera de inmediato el derecho de los estudiantes a intervenir en el gobierno universitario.

En medio de esa huelga interminable, el conflicto siguió escalando y el 9 de septiembre la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) ocupó la sede central de la universidad para asumir su dirección. Tres estudiantes, Barros, Valdés y Bordabehere, asumieron los decanatos de Medicina, Derecho e Ingeniería. El Ejército intervino inmediatamente: derribó las puertas del edificio y, en medio de una represión feroz, detuvo a 83 alumnos acusados de sedición.

Pero la Reforma ya se había instalado de manera transversal y no había vuelta atrás. El resultado de esos meses de enorme conflicto fue la institucionalización definitiva de los principios planteados por los reformistas: la autonomía universitaria, el co-gobierno tripartito y la libertad de cátedra, entre sus ideas más potentes.

La noticia de lo ocurrido en Córdoba no sólo impactó en el resto de las universidades argentinas: Perú, México, Cuba, Chile, Uruguay y Colombia tomaron algunos de los principios rectores de la Reforma Universitaria para avanzar en la democratización de sus universidades. El primer paso había sido en La Docta, donde la historia de la educación superior cambió para siempre. Fuente: Infobae – Julieta Roffo