Claves
- Este lugar, un rectángulo vidriado que antes acogió a otros comercios, ahora es un espacio de pilates.
- Son las tres y veinte de la tarde del martes 7 de julio de 2026, Argentina acaba de vencer a Egipto y asegurarse el paso a cuartos en el Mundial 2026, y la ciudad era un tembladeral.
- Estruendos, bocinazos, gritos, y estas tres mujeres y ese chico estiraban y elongaban ajenos a todo, a todos, en una sala de pilates.
Este lugar, un rectángulo vidriado que antes acogió a otros comercios, ahora es un espacio de pilates. Son las tres y veinte de la tarde del martes 7 de julio de 2026, Argentina acaba de vencer a Egipto y asegurarse el paso a cuartos en el Mundial 2026, y la ciudad era un tembladeral. Estruendos, bocinazos, gritos, y estas tres mujeres y ese chico estiraban y elongaban ajenos a todo, a todos, en una sala de pilates.
El bullicio de la calle sacudía la parsimonia de los movimientos enseñados, pero nadie levantaba la vista, ni asomaba la cabeza a la vereda. Pilates y el Mundial eran, en ese espacio, en ese momento, mundos paralelos. La siesta había transcurrido en una Paraná quieta sin mucha alharaca. «Silencio en la noche / Ya todo está en calma / El musculo duerme / La ambición descansa». El tango de Gardel. Pero nadie tarareaba un tango. Los dientes apretados, la respiración contenida.
Un partido infarfante que, al final, trajo el alivio como el soplo del viento sur en una tórrida tarde de enero. Mauricio Garín recorrió las calles de Paraná, y captó ese eterno pasaje de la desolación a la euforia. Fotos: Mauricio Garín De la Redacción de Entre Ríos Ahora
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