Claves
- La conclusión pone contra las cuerdas la “teoría del derrame o trickle-down”: “50 años de recortes fiscales a los ricos no impulsan la economía”.
- El propio FMI en 2015 cuestionaba las “teorías de derrame que no funcionan”.
- “La teoría del derrame” no funciona y no es novedad.
David Hope, Investigador del London School of Economics y el King's College de Londres, conjuntamente con Julian Limberg analizaron los efectos económicos de los recortes de impuestos para los más ricos a lo largo de cinco décadas - 1965 / 2015 - en 18 naciones que integran la OCDE. La conclusión pone contra las cuerdas la “teoría del derrame o trickle-down”: “50 años de recortes fiscales a los ricos no impulsan la economía”.
El estudio “Las consecuencias económicas de las grandes reducciones fiscales para los ricos” concluye que “los ricos se hicieron más ricos, no hubo un efecto significativo sobre caída del desempleo ni en el crecimiento económico, aumentando la desigualdad” dando por tierra con uno de los latiguillos replicados hasta el hartazgo por las usinas del neoliberalismo global. El propio FMI en 2015 cuestionaba las “teorías de derrame que no funcionan”.
En un informe, “Causas y consecuencias de la desigualdad de ingresos” sostenía que “concentrar la riqueza en la cúspide perjudica el desarrollo”, explicando que “el aumento de la proporción de ingresos del 20% más rico se traduce en menor crecimiento”. “La teoría del derrame” no funciona y no es novedad. Los datos dejan al descubierto un mundo controlado por una elite global que acumula ilimitadamente. El informe de Oxfam de enero de este año, “Contra el imperio de los más ricos.
Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios” muestra la realidad de un capitalismo insostenible, donde “El 1% de los más ricos del mundo posee más riqueza que el 95% de la población mundial”. “En 2025 la riqueza conjunta de los milmillonarios creció más de un 16%, tres veces más rápido que el promedio anual de los cinco años anteriores”.
Como contracara “una de cada cuatro personas no tiene lo suficiente para comer, y casi la mitad de la población mundial – 3.850 millones de personas - vive en situación de pobreza” denuncia Oxfam. Los Milmillonarios – poco más de 3.000 personas cuyo patrimonio supera los mil millones de dólares – aumentaron su riqueza el año pasado “en 2,5 billones de dólares, cifra que equivale a la riqueza total de la mitad – 4.200 millones - más pobre de la humanidad”.
Con el incremento de la riqueza de esa elite de megamillonarios en solo un año “se podría erradicar hasta 26 veces la pobreza extrema” en todo el planeta sostiene la ONG. El 1% más rico, denuncia Oxfam, posee el “43% de todos los activos financieros globales y tres fondos estadounidenses, BlackRock, State Street y Vanguard, gestionan una quinta parte de todos los activos de inversión” del mundo.
“Canadian Technology Action Network” alerta que cuatro multinacionales de semillas y agroquímicos — Bayer, Syngenta, Corteva y BASF — controlan “el 56 % del mercado mundial de semillas y el 61 % del mercado de plaguicidas”. Esta híper concentración de poder y riqueza genera una desigualdad creciente que impacta aún más en los países del Sur Global, que a pesar de representar el 79% de la población mundial “cuentan con menos del 30% de la riqueza global”.
Como hacer frente a este capitalismo “Hood Robin” del que se sirven las elites. Vicente Silva, del Observatorio Fiscal Internacional, al estudiar el sistema tributario en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay observó que "el 1% más rico paga proporcionalmente menos impuestos que el 50% más pobre… los súper ricos, en países como Brasil y Chile, pagan tasas efectivas que son casi la mitad del promedio de la población” explicaba en declaraciones a “France 24”.
La propuesta – tasa Zucman - de “una tributación mínima para individuos de alto patrimonio en América Latina que propone gravar la riqueza extrema” supone implementar “un impuesto del 2% a las fortunas superiores a 100 millones de dólares”.
Esto permitiría “recaudar 24.000 millones de dólares anuales gravando solamente unas 3.000 personas de un total de 500 millones de habitantes en los siete países analizados” Gabriel Zucman, director del Observatorio, sostiene que "en una región con tanta desigualdad, gravar efectivamente a las mayores fortunas pasa por aplicar un impuesto mínimo sobre la riqueza que asegure que los súper ricos paguen al menos lo mismo que el resto de la población… corrigiendo la regresividad en la cima contribuyendo de acuerdo con su capacidad económica”.
Una hipótesis más ambiciosa plantea elevar esta tasa al 3%. El Impuesto Mínimo Efectivo sobre la Riqueza “no es un impuesto adicional: es un mecanismo de piso y es una propuesta nueva. Si los impuestos ya pagados sobre el ingreso y la riqueza no alcanzan un umbral mínimo, se cobra la diferencia”. Ningún sistema tributario de la región contempla hoy ese mecanismo.
No es reemplazar otros tributos, sino “corregir la anomalía de que las grandes fortunas enfrenten tasas efectivas inferiores a las del resto de la población”. En 2024, cuando Brasil ejerció la presidencia del G20, defendió la imposición de un impuesto a las grandes fortunas.
La idea planteada por el gobierno de Lula da Silva fue implementar un “impuesto del 2% sobre las fortunas de más de 1.000 millones de dólares a escala global, con un potencial de recaudación de entre 200.000 y 250.000 millones de dólares anuales”. "Las grandes fortunas están teniendo retornos – ganancias - anuales sobre su riqueza de un 8% al 10 %. Un impuesto mínimo del 2% con esos niveles de retornos básicamente le hace cosquillas" explican los impulsores de la “tasa Zucman”.
Hace falta "voluntad política" para hacer frente a "narrativas instaladas", señaló, y citó como ejemplo la concepción de que bajar los impuestos a los más ricos aumenta el crecimiento. Los sistemas tributarios en la región no corrigen la desigualdad y, en general, son regresivos. El 50% más pobre destina en promedio cerca del 30% de su ingreso al pago de impuestos, siendo el grupo que proporcionalmente más paga. En contraste, el 1% más rico paga en promedio alrededor del 22%.
En Chile el 0,01% más rico tributa, en promedio, apenas un 11 %, y en Brasil un 20 % en ambos casos, la mitad o menos que el promedio de la población. "La brecha entre los superricos y el resto de la población se amplía cada vez de manera más intensa”. Una encerrona “peligrosa e insostenible" afirma Amitabh Behar, director ejecutivo de Oxfam. En América Latina la riqueza de los milmillonarios se multiplicó por seis entre 2000 y 2026. En cambio, la riqueza del 50% más pobre se ha visto estancada.
La historia refleja que las políticas basadas en “las teorías del derrame económico” están destinadas al fracaso. Pese a ello aún persisten y son alentada por las elites que se benefician de sus resultados. “El ciudadano promedio parece estar bastante desinformado sobre la drástica disminución de los impuestos a los ricos en los últimos 40 años” explica Hope, insistiendo en su diagnóstico de que “los ricos se hicieron más ricos”, no cayó el desempleo, no hubo crecimiento económico, pero si “aumentó la desigualdad”.
Quizás los sueños y promesas del paraíso a la vuelta de la esquina no sean tales. En el capitalismo Hood Robín que nos proponen los dueños del mundo no hay lugar para todos. A los brutos con iniciativa que aplauden los fastos de una fiesta a la que no han sido invitados, recordarles que en el juego de la silla todos pierden, solo uno gana.
Delta