El secreto del éxito familiar no suele revelarse, pero para Raúl Marsó no hay nada que esconder: ser curiosos, detectar las oportunidades a tiempo y no dudar en arriesgar. Esa fue la chispa que encendieron Don Enrique y Doña Lola desde 1936 en el patio de su casa en la Colonia San José, cuando comenzaron con apenas 12 gallinas, y es el mismo ADN que hoy —con la tercera y cuarta generación con las manos en las riendas— posiciona a Las Camelias como una referencia de la cadena avícola.
Raúl y su hermana Graciela lideran esta firma insignia de Entre Ríos, donde la visión emprendedora se traduce en la pasión por “hacer realidad lo que soñamos” y en levantar la vara en tiempos la regla es competir o quedar en el camino.
Este mes, la empresa cumplió 90 años y es un motor económico indiscutible que emplea a más de 1.850 personas de forma directa, en una provincia que históricamente le costó levantar cabeza. La infraestructura productiva de la compañía se despliega tierras adentro en un modelo de negocio que supo expandirse vertical y horizontalmente: plantas de faena en San Justo y San José, una fábrica de alimentos balanceados en Villaguay y una planta de incubación en Liebig.
A esto se suma su diversificación al sector porcino tras la adquisición de Porcomagro en Concepción del Uruguay, nuevas operaciones en marcha y su red nacional de comercialización, reforzada por 14 puntos de venta directa distribuidos en todo el país.
El alcance de Las Camelias trasciende las fronteras nacionales, cuyos productos llegan a 60 países, entre los que destacan mercados clave de Chile, Perú, Sudáfrica, Europa y Singapur. De todas maneras, en un escenario atravesado por desafíos macroeconómicos, condicionantes de infraestructura provincial y temas sanitarios, Marsó analiza con agudeza el presente y el futuro de la avicultura.
En entrevista con DOS FLORINES, el referente industrial repasa las claves de la competitividad, la necesidad de agregar valor en el mercado interno y el valor innegociable de la confianza en el mundo de los negocios para sostenerse durante nueve décadas.
—El apellido Marsó ya es parte de la historia de la avicultura de Entre Ríos. ¿Qué legado rescata en estos 90 años?
—Rescato a mi abuelo que fue el precursor. Sería distinto incluso si el viejo hubiera tenido un clima de negocios en este país y las comunicaciones fueran diferentes. Lo que él hacía en San José, lo hacía Henry Saglio en Estados Unidos con una de las líneas genéticas más importantes del mundo hoy. Hago ese parangón para mostrar lo que a veces nos pasa como país y se frustra. Era una selección de gallinas para ver quién producía más, quién hacía más huevos, quién hacía más carne.
El viejo vivía de eso, seleccionando y vendiendo igual que Henry Saglio. En algún momento eso se cortó; no sé qué habrá pasado en este país. Allá siguieron y hoy son grandes.
—A pesar del contexto, ¿ese modo de trabajo los marcó?
—Nos marcó en cómo debemos trabajar con las aves. Lo nuestro siempre estuvo a la vuelta de la avicultura. Era huevo y carne al principio. Nuestros padres se metieron en esa avicultura. Y nosotros, la tercera generación, dijimos que había que darle una vuelta más de rosca y avanzamos en la comercialización de las aves evisceradas, a otra escala. Y la generación que viene está yendo por la expansión comercial y viendo cómo podemos llegar a los clientes de la mejor manera.
Siempre con el mismo concepto: criás, producís, registrás, seleccionás, evaluás cómo lo estás haciendo y, en base a eso, seguís creciendo.
—¿Qué valores trazaron las primeras generaciones que permitieron hacer crecer la empresa y hoy todavía conservan?
—Lo más importante es ser creíbles. Y eso está relacionado con la confianza. Uno de los valores que tenemos escritos de la empresa es generar confianza en todos los sentidos: entre los socios, entre los hermanos, los primos, los sobrinos, con la gente que trabaja con y entre nosotros; y la confianza que generamos en nuestro cliente con nuestro producto y la que tenemos con los proveedores. Esta es la esencia por la cual estamos hoy aquí.
—¿Refiere a una confianza de respetar la palabra?
—Es respetar la palabra. Esto es lo más importante de todo esto. A eso se suma la curiosidad. El viejo fue un curioso y nosotros también somos curiosos. La curiosidad te lleva por estos caminos de ver de qué manera vas haciendo las cosas y te vas enterando de las posibilidades. Además, dar ese paso de haber leído en un manual del ministerio que las aves podían ser un gran negocio. También nos ilusionamos y nos gusta ilusionarnos. Las cosas reales se consiguen trabajando y peleándolas.
—Si la curiosidad los motivó a moverse, ¿toman dimensión de las inversiones que han realizado para crecer, innovar y mejorar, sabiendo que les exige arriesgar?
—Eso es parte del ADN. Algunos disfrutan viajando, otros disfrutan apareciendo en televisión desnudos. Nosotros disfrutamos haciendo realidad lo que soñamos. Ese es el verdadero disfrute. Y, por supuesto, que no te vayan a llevar puesto por hacer ese tipo de cosas. Esto hace a los emprendedores: ven una posibilidad, olfatean, ven que se puede hacer y le ponen. Y no te das cuenta hasta que no te sentás con un periodista o tenés que escribir una historia de lo que estás haciendo o de todo lo que hiciste.
No estamos mirando que vamos a hacer lo más grande. Lo hacemos porque es lo que tenemos que hacer para ver que el otro día sea un poco mejor. La mejora continua no es un dicho. Tus propios estándares son los que te marcan dónde estás ubicado y todos los días lo que ves es de qué manera ese estándar va levantando la vara de a poquito, sin darte cuenta.
—¿En qué momento cree que está avicultura argentina y entrerriana? ¿La incorporación de tecnología como la IA marca esta etapa?
—Hablar de un sector es difícil en una Argentina como la de hoy porque en el mismo sector hay de todo. Hay una punta negativa que es la que se quedó, que no quiso poner, que no creyó, porque no pudo o porque no quiso. Pero la punta de arriba es competitiva. En avicultura tenés que distinguir un sector productivo neto de campo y un sector más industrial. Nosotros hemos sido más industriales y hemos trabajado mucho con la parte de campo que durante mucho tiempo recibió muchas ayudas que hoy no están.
Hoy nos encontramos con inversores que quieren entrar en el negocio y tenemos mucha gente que no puede estar dentro del negocio.
—¿Porque no invierten para ser productivos y competitivos, quiere decir?
—Hoy la tecnología se paga, te da rédito, porque lo que estamos valorando son los resultados productivos y es lo que nos mantiene vivos y competitivos. Así como ponemos tecnología aguas adentro de la empresa, en la reproducción, en la incubación, en la faena, en la comercialización, también necesitamos que la gente que está en el engorde, que está en el campo, haga lo mismo.
Ahora, a veces los podés llevar de la mano, y ahora no se puede, porque hay dos o tres cosas que están claras: que no hay plata, que hay reglas nuevas y que tenés que ver de qué manera te adaptás.
—¿Eso determina distintas realidades en un mismo sector?
—Hay empresas dentro de la avicultura que están haciendo las cosas muy bien y que están poniendo en energía, en transporte, en formas de comercialización que hace tres o cuatro años no soñábamos que las íbamos a tener. Por eso, hago una evaluación positiva del sector.
—¿Cuánto cree que se desarrolló la provincia durante estos últimos 10 años en infraestructura básica de caminos, energía, puertos y conectividad para que los sectores mejoren en competitividad?
—Mucho más lerdo de lo que hubiéramos pretendido hacerlo. Esto es lo que hay. Y seguiremos viendo de qué manera apoyamos y aportamos para ver de qué manera esto se hace. Venimos de una etapa en la cual era un desquicio la economía. Ahora la economía aparentemente se quiere reacomodar, con mucho dolor para todos los sectores. Nos incluimos porque todo lo que estamos haciendo es sin crédito. Y en el mundo no pueden creer cómo las empresas crecemos sin crédito. El esfuerzo es grandísimo.
—¿El capital principal que sostiene las inversiones es propio?
—Todo es propio. Lo que sí, hay gente que tiene capital propio que antes lo tenía en forma financiera y hoy se da cuenta que lo financiero no es tan importante y se viene a la producción. Bienvenido sea. Los estamos esperando con propuestas, con proyectos. En ese sentido, volvemos al punto inicial de la confianza, a cómo te manejás y quiénes somos. Nosotros nos proponemos tener la mejor integración de la provincia de Entre Ríos, en el sentido técnico. La necesitamos.
Si hacemos bien las cosas hechas, no te salva nadie. Somos conscientes. Lo único que te salva es el mercado. ¿Y el mercado quiénes somos? Nosotros, comprando del otro lado del mostrador el mejor pollo, la mejor presentación, el mejor precio.
—Y en un contexto difícil como el actual para las familias argentinas y complejo también desde lo internacional, ¿hacia dónde crecerá el sector avícola?
—La influencia aviar nos cambió todos los paradigmas. Hay una pata que es la enfermedad en sí, y la otra que es económica de los países que te compran. Hoy hacer una estrategia de crecimiento de la avicultura pensando en el mercado externo, puede resultar que ante un caso se te para toda la exportación. Eso es un problema. Hasta que no aparezca una solución, no podés decir vamos a ser exportadores. El mercado interno es el que está.
Y hoy tu principal competencia en la Argentina, como es la carne roja, es valorada en el mundo. Estamos en la sustitución de una carne por otra, con una proteína que es de muy buena calidad. Ojalá que a la gente de la ganadería le vaya recontra bien. En realidad, miramos más la noticia de la ganadería que la de los pollos.
—¿Confían en que el mercado interno tiene todavía margen para consolidarlo y crecer?
—Por supuesto, para consolidar los 50 kilos que tenemos ya es importante y podemos hacer más. Todavía nos falta hacer una tercera revolución, que son las comidas preparadas y seguir dando valor. Hay empresas que lo están haciendo, pero en general es una deuda que todavía tenemos, teniendo en cuenta que somos muy pocos habitantes en este país. Creo que va a ir a un mix y que vas a ir ubicando tu cuerpo todos los días en base a esta situación. Estamos curioseando todo lo que pasa todos los días.
Por otra parte, Brasil es el otro gran limitante que define la cancha acá en el mercado interno, no solamente en calidad sino en costos. Hay que ser competitivo a nivel mundial.
Delta