jueves, 4 de junio de 2026
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Entre Rios

Lautaro “Tato” Marche: entre la cocina, la amistad y el placer de compartir

Quienes conocen a Lautaro “Tato” Marche seguramente lo identifican por su trayectoria en la gastronomía. Chef, asesor gastronómico y apasionado de la...

Publicado Por Paralelo 32Lectura 4 min
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Claves

  • Quienes conocen a Lautaro “Tato” Marche seguramente lo identifican por su trayectoria en la gastronomía.
  • Chef, asesor gastronómico y apasionado de la cocina, su nombre suele estar asociado a recetas, capacitaciones y proyectos vinculados al mundo culinario.
  • Sin embargo, durante su paso por La Hora Dorada, el programa de streaming conducido por Mariana Rupp en Paralelo 32, se mostró desde una faceta mucho más personal.

Quienes conocen a Lautaro “Tato” Marche seguramente lo identifican por su trayectoria en la gastronomía. Chef, asesor gastronómico y apasionado de la cocina, su nombre suele estar asociado a recetas, capacitaciones y proyectos vinculados al mundo culinario. Sin embargo, durante su paso por La Hora Dorada, el programa de streaming conducido por Mariana Rupp en Paralelo 32, se mostró desde una faceta mucho más personal.

Lejos de las recetas y los uniformes de cocina, Tato se definió como una persona “amiguera”, sociable y amante de las charlas cotidianas. “Salgo a hacer un trámite y termino demorando más de lo previsto porque me encuentro con gente conocida y me quedo conversando. Lo disfruto mucho”, contó entre risas. Esa cercanía parece ser una de las características que más lo identifican en una ciudad como Crespo, donde los encuentros casuales forman parte de la vida diaria.

Aunque la entrevista buscó descubrir aspectos menos conocidos de su personalidad, la gastronomía apareció inevitablemente en la conversación. Consultado sobre qué debe tener una buena cocina, más allá de una buena comida, apeló primero al humor al mencionar la importancia de una mesada alta para evitar dolores de espalda. Luego habló desde el profesionalismo que lo caracteriza: las buenas bases, las salsas clásicas y el respeto por la cocina tradicional forman parte de su filosofía culinaria.

“Me gusta mucho la cocina clásica francesa y las carnes rojas. Disfruto mucho el proceso de elaboración”, explicó. Para Marche, cocinar es mucho más que preparar alimentos. Es un acto de encuentro y de generosidad. “Siempre cocinás para alguien: para amigos, para la familia, para una pareja. Eso también tiene un valor especial”, sostuvo. A lo largo del ping pong de preguntas, una de las definiciones que más sorprendió fue cuando eligió ser un “chef exigente” antes que un cocinero relajado.

“No hay margen para el error”, argumentó, dejando en claro que la rigurosidad forma parte de su manera de trabajar. La puntualidad también apareció como una de sus obsesiones. Reconoció que la espera lo pone impaciente y admitió que le cuesta comprender la impuntualidad, especialmente en el ámbito gastronómico. “La comida nunca puede esperar a la gente. La gente tiene que esperar a la comida. Si una preparación queda lista y no se sirve a tiempo, pierde calidad”, explicó.

Como ocurre con cualquier profesión, los errores forman parte del aprendizaje. Y Tato no esquivó la pregunta sobre los momentos difíciles en la cocina. Recordó especialmente una experiencia durante una pasantía en El Calafate, cuando debía elaborar una importante cantidad de dulce de leche artesanal. “Habían pasado alrededor de ocho horas de trabajo y se cortó toda la preparación. Se perdió todo. Fue un momento muy feo porque había que empezar de nuevo”, relató.

Aquel episodio quedó grabado en su memoria no solo por el esfuerzo perdido, sino también por la enseñanza que dejó detrás. El tramo más distendido de la entrevista llegó cuando Mariana Rupp lo invitó a juzgar algunos hábitos culinarios populares. La pizza con ananá, las empanadas con pasas de uva y el ketchup sobre los fideos fueron catalogados sin demasiadas dudas como verdaderos “delitos gastronómicos”.

También se mostró crítico de ciertas modas culinarias que ganaron notoriedad en redes sociales y programas de televisión. “Las hamburguesas gigantes me parecen algo grotesco. Eso ya no es gastronomía”, opinó. Sin embargo, aclaró que cada persona tiene derecho a disfrutar de los sabores que le gustan, aunque no coincidan con sus preferencias. Entre tantas anécdotas apareció una confesión inesperada: nunca imaginó que terminaría teniendo un perro.

“En 2017 me compré uno y hoy es como un hijo para mí”, contó, revelando una faceta afectiva que pocos conocen. También admitió que vive solo y que el orden doméstico no siempre es su principal virtud, aunque intenta mantener cierto equilibrio entre el caos y la organización. La charla permitió descubrir a una persona que encuentra en la gastronomía una forma de expresión, pero cuya identidad va mucho más allá de los fogones.

Amigo de las conversaciones largas, defensor de la puntualidad, amante de los asados cocinados con paciencia y convencido de que una cocina necesita música para cobrar vida, Tato Marche mostró una versión diferente de sí mismo. “Disfruté mucho este momento porque me permitió sacar una faceta nueva de mí”, reconoció al cierre de la entrevista. Y quizás allí estuvo precisamente el valor del encuentro: conocer al chef, sí, pero sobre todo descubrir a la persona que existe detrás de cada plato.