Claves
- El voto clave de Meca Domínguez, el silencio de Rosario Romero, el viaje a China y la ausencia de sanciones internas muestran que el problema no es solamente Frigerio.
- También es el modelo de oposición que eligió el PJ.
- La reforma previsional se aprobará en Entre Ríos y una parte sustancial del peronismo colaborará —por acción, omisión o cálculo político— para que eso ocurra.
Mientras la militancia, los gremios y miles de trabajadores discuten el ajuste previsional impulsado por el gobierno provincial, una parte importante del peronismo entrerriano ya tomó una decisión política: dejar que la reforma avance, administrar el costo y mirar para otro lado. El voto clave de Meca Domínguez, el silencio de Rosario Romero, el viaje a China y la ausencia de sanciones internas muestran que el problema no es solamente Frigerio. También es el modelo de oposición que eligió el PJ.
La escena ya está prácticamente escrita. La reforma previsional se aprobará en Entre Ríos y una parte sustancial del peronismo colaborará —por acción, omisión o cálculo político— para que eso ocurra. No importa la “laraca” discursiva, las reuniones de ocasión ni las fotos con gremios indignados. La realidad política es bastante más simple y brutal: el sistema ya acomodó las piezas para que nadie importante pague el costo institucional. Y el ejemplo más claro es el de Meca Domínguez.
La legisladora no es una figura aislada ni una rebelde autónoma. Representa públicamente al llamado “Peronismo Federal”, heredero del bustismo y del Frente Entrerriano Federal, un espacio que sigue teniendo vasos comunicantes directos con Rosario Romero y sectores históricos del poder peronista provincial. Ella misma lo reivindica abiertamente. Por eso el voto de Meca no puede analizarse como un hecho individual. Es una decisión política tolerada, administrada y absorbida por la estructura del PJ.
Porque si realmente existiera una decisión firme del peronismo entrerriano de enfrentar la reforma previsional, ya habría sanciones, expulsiones, declaraciones formales o una línea política clara. Pero no ocurre nada de eso. Y no ocurre porque, en realidad, el objetivo es otro.
Mientras los trabajadores discuten jubilaciones, aportes y recortes, buena parte de la dirigencia partidaria parece mucho más preocupada por expulsar del PJ a quienes denuncian corrupción, contratos truchos, cajas negras y negociados históricos dentro del propio sistema político. El problema para muchos no son los ladrones. El problema son los que hablan.
Por eso resulta imposible no observar la contradicción grotesca de un partido que dedica más energía a intentar echar a Domingo Daniel Rossi y a Carlos Guillermo Reggiardo —por denunciar estructuras de corrupción enquistadas hace años— que a ordenar políticamente a quienes facilitan reformas que afectan a sus propios votantes. La señal es clarísima. El peronismo institucional decidió bajar el volumen. Rosario Romero y Adrián Fuertes colaboran con ese esquema desde un lugar mucho más sofisticado: el silencio.
Un silencio activo. Un silencio funcional. Un silencio que ordena a intendentes, legisladores y dirigentes territoriales para que nadie rompa verdaderamente con el libreto. Mientras tanto, quienes salen a hablar con los gremios suelen ser personajes menores, dirigentes sin peso real de decisión, muchos de ellos además profundamente desgastados, algunos incluso “prendidos fuego” por antecedentes judiciales o penales que los vuelven incapaces de representar moralmente una resistencia política seria.
Así, el costo termina cayendo únicamente sobre algunos legisladores que deberán levantar la mano y quedar expuestos frente a la sociedad. Pero el aparato partidario, institucionalmente, quedará a salvo. Nadie rompe formalmente. Nadie confronta en serio. Nadie dinamita los acuerdos de supervivencia mutua. Y en medio de todo eso aparece otro dato político imposible de ignorar: mientras Entre Ríos discute ajuste, déficit previsional y conflictividad social, Rosario Romero y Adrián Fuertes viajan a China.
Un símbolo perfecto de la desconexión entre la dirigencia y la crisis real que atraviesa la provincia. La imagen resume toda una época del peronismo entrerriano: funcionarios viajando al exterior, acuerdos silenciosos en la Legislatura, operadores hablando por debajo de la mesa y una militancia utilizada apenas como decorado emocional para sostener relatos que después no se traducen en hechos concretos. Porque la verdad es incómoda, pero evidente.
No existe hoy una decisión fuerte del PJ entrerriano de frenar la reforma previsional. Existe, en cambio, una estrategia para administrar el desgaste político, conservar espacios de poder y garantizar que el sistema siga funcionando sin romperse desde adentro. Y en ese esquema, el voto de Meca Domínguez no es una anomalía. Es apenas la confirmación pública de algo que ya estaba decidido hace rato. Web:
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