Claves
- El informe muestra que el sobrepeso infantil presenta una distribución relativamente homogénea en Entre Ríos, con porcentajes que oscilan entre el 11% y el 13% según los departamentos.
- Sin embargo, la situación cambia cuando se analiza la desnutrición crónica, medida a través del indicador de baja talla para la edad.
- Allí aparecen mayores contrastes territoriales, con los departamentos de Gualeguay, Victoria, Nogoyá y Tala registrando los niveles más elevados dentro de la provincia.
Un reciente estudio realizado por investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) volvió a poner en agenda una problemática que afecta a miles de niños y niñas en el país: la malnutrición infantil. El trabajo, basado en el análisis de más de 970.000 registros de menores de cinco años con cobertura pública de salud, detectó la coexistencia de sobrepeso y desnutrición crónica en distintos territorios, un fenómeno conocido como "doble carga de malnutrición".
Aunque Entre Ríos no figura entre las provincias con los indicadores más extremos del país, el relevamiento identificó diferencias significativas entre departamentos y confirmó que la provincia forma parte de una región donde persisten desigualdades estructurales asociadas a la pobreza, el acceso a la salud y las condiciones de vida. El informe muestra que el sobrepeso infantil presenta una distribución relativamente homogénea en Entre Ríos, con porcentajes que oscilan entre el 11% y el 13% según los departamentos.
Sin embargo, la situación cambia cuando se analiza la desnutrición crónica, medida a través del indicador de baja talla para la edad. Allí aparecen mayores contrastes territoriales, con los departamentos de Gualeguay, Victoria, Nogoyá y Tala registrando los niveles más elevados dentro de la provincia. Los investigadores sostienen que la coexistencia de sobrepeso y retraso en el crecimiento no responde a situaciones aisladas, sino a condiciones estructurales que afectan especialmente a los sectores más vulnerables.
Según el estudio, factores como la pobreza persistente, el acceso limitado a servicios de salud, las dificultades educativas y determinadas condiciones ambientales tienen una influencia determinante en estos indicadores. El trabajo también destaca que la ubicación geográfica explica una parte importante de las variaciones observadas, lo que refuerza la necesidad de diseñar políticas públicas diferenciadas según las características de cada territorio.
Tras la difusión del informe, organizaciones sociales que trabajan cotidianamente en sectores vulnerables manifestaron su preocupación por el deterioro de las condiciones de vida de muchas familias. En diálogo con APFDigital, la referente de Suma de Voluntades, Anabella Albornoz, señaló que en los últimos meses se ha incrementado la demanda de asistencia alimentaria y advirtió que cada vez más personas recurren a los espacios comunitarios en busca de ayuda.
“La mayoría de las organizaciones estamos explotadas porque cada vez más gente se acerca en busca de un plato de comida”, expresó. Según relató, durante las recorridas territoriales y las tareas de acompañamiento que desarrolla la organización comenzaron a detectar una mayor presencia de niños y adolescentes que asisten a comedores y espacios comunitarios para garantizar al menos una comida diaria.
Actualmente, más de 300 chicos participan de distintas actividades impulsadas por la entidad, donde además de la asistencia alimentaria se observan problemáticas vinculadas al desarrollo infantil. “Hay cierto retraso en lo cognitivo que también se da por la falta de estímulo y de alimentación”, afirmó. Desde la organización también manifestaron inquietud por otras problemáticas que atraviesan a las infancias y adolescencias en contextos de vulnerabilidad.
Entre ellas mencionaron el avance del consumo problemático de sustancias y la creciente incidencia del narcotráfico en algunos barrios populares. Según explicaron, existen situaciones en las que menores de edad son captados para realizar tareas vinculadas a la comercialización de drogas. Al mismo tiempo, alertaron sobre el aumento de casos de niños nacidos con presencia de cocaína en sangre, una realidad que vinculan con el incremento del consumo en determinados sectores sociales.
Respecto de los resultados del estudio, desde Suma de Voluntades señalaron que en los espacios donde desarrollan su trabajo cotidiano predominan situaciones relacionadas con el bajo peso y las dificultades nutricionales más que con la obesidad infantil. “Muchos niños llegan desesperados de hambre a nuestras actividades. Algunos tienen bajo peso y baja estatura para su edad”, indicó Albornoz.
La referente también planteó interrogantes sobre la metodología utilizada para construir algunas de las estadísticas difundidas y sostuvo que las organizaciones sociales no fueron consultadas durante el relevamiento. Más allá de las diferencias de percepción respecto de algunos indicadores, tanto el estudio académico como los testimonios recogidos en territorio coinciden en un punto central: la situación nutricional de la infancia está estrechamente vinculada a las condiciones socioeconómicas de las familias.
Los investigadores sostienen que el mapeo realizado permite identificar áreas de mayor vulnerabilidad y constituye una herramienta valiosa para orientar políticas públicas más precisas. En Entre Ríos, los datos ponen de manifiesto que la malnutrición infantil no puede analizarse únicamente desde una perspectiva alimentaria, sino también como una expresión de desigualdades sociales que atraviesan distintos aspectos de la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes.
Delta