Claves
- Hay imágenes que terminan tapando a las personas.
- El pelo alborotado hacia arriba, la boquilla finísima de caña entre los dedos, el cuerpo casi transparente de tan delgado, el gato dormido sobre los papeles y, de fondo, la barranca del Paraná.
- Una estampa que repetimos hasta el cansancio, como si fuera un ícono religioso.
Hay imágenes que terminan tapando a las personas. La de Juan Laurentino Ortiz es una de ellas. El pelo alborotado hacia arriba, la boquilla finísima de caña entre los dedos, el cuerpo casi transparente de tan delgado, el gato dormido sobre los papeles y, de fondo, la barranca del Paraná. Una estampa que repetimos hasta el cansancio, como si fuera un ícono religioso. Tanto la repetimos que terminamos convirtiéndolo en una figura intocable, en una especie de monje budista en estado contemplativo a orillas del río.
Y al hacerlo, sin darnos cuenta, lo alejamos del hombre real que caminó nuestras calles, que cruzó el parque todos los días, que rescataba gatos de los basurales y que construyó, en silencio y casi a la intemperie, una de las obras más singulares de la poesía argentina. En el programa “Memoria Frágil” (Canal 9, Litoral), se recorrió un poco esa estampa sagrada para poder encontrarnos con el poeta y, sobre todo, con la persona que fue Juanele. Juan L.
Ortiz, el poeta del río Juan Laurentino Ortiz nació el 11 de junio de 1896 en Puerto Ruiz, un caserío a pocos kilómetros de Gualeguay. Era el menor de una familia de diez hermanos. Siendo muy chico, los suyos se trasladaron a la zona de Mojones Norte, en el Departamento Villaguay, donde su padre trabajó como capataz de una estancia. Esa primera infancia entre la selva de Montiel y el agua le marcó a fuego una manera de mirar que después volcaría, intacta, en cada verso.
La familia se afincó definitivamente en Gualeguay alrededor de 1910, y allí el chico hizo sus estudios en la Escuela Normal de Maestros y empezó a dibujar y a escribir sus primeros poemas. De aquellos años hay un episodio que cambió su destino. El gran pintor gualeyo Cesáreo Bernaldo de Quirós vio sus dibujos y quiso llevarlo a estudiar a Europa. La madre se opuso, y esa negativa lo dejó para siempre a orillas del Paraná. En 1913 viajó por primera vez a Buenos Aires con la idea de estudiar Filosofía.
Frecuentó los ambientes literarios porteños, conoció a figuras de aquella bohemia de los años ´20y, ya entonces, empezó a construir una imagen de sí mismo. Roberto Romani “Juan Laurentino Ortiz, nuestro amado Juan L. Nació en Puerto Ruiz, a 10 kilómetros de Gualeguay, el 11 de junio de 1896, es decir, hace 130 años. Vivió 82 años. Murió en Paraná el 2 de septiembre de 1978. Era el hijo menor de una familia de 10 hermanos.
Vivió un poquito tiempo en Puerto Ruiz, después el Mojones Norte, donde su papá era capataz de una estancia. Estudió algo en Villaguay, siguió estudiando en la Escuela Normal de Gualeguay y ya en 1913 realizó su primer viaje, su primera salida de la provincia de las poquitas que hizo en su vida a Buenos Aires. Con el deseo de estudiar filosofía, Estudió letras, comenzó a dibujar y escribir sus primeros poemas. Ya en 1915 se radica definitivamente en Gualeguay.
Comienza al poco tiempo a trabajar en el Registro Civil. Sería allí su oficio. Hasta su jubilación trabajó allí en el Registro Civil. En 1924 se casó con Gerard de Irazusta, quien pude conocer y conversar con ella. Era un encanto de mujer, de cuyo amor, de cuya unión nació Evar Ortiz Irazusta, de amplia vida cultural en Paraná, en Gualeguay, en otros puntos de la provincia. Recién en 1933 publicó su primer libro, ´El agua y la noche´.
Después vendría en el 37, ´El alba sube´, ´El ángel inclinado´ en el 38 y en el 40 ´La rama hacia el Este´. Estos son los libros que él publicó mientras vivía en Gualeguay. En 1942 -como decía- se jubiló en el Registro Civil y ya se instaló definitivamente en Paraná. Hace 90 años el poeta decía Entre Ríos: ´Es tan clara tu luz como una inocencia toda temblorosa y azul. Tu cielo está limpio de humo de chimeneas curvado en una alta paz de agua suspensa.
Y tus ciudades blancas, modestas, casi tímidas, ríen su aseo rutilante entre las arboledas´.” Solidario Romero “Empezó porque teníamos un amigo en común, de edad más parecida a la mía que a la de él. Porque Juan L. nació en el siglo XIX, en 1896. Yo nací en 1937, así que él tenía ya 41 años de edad cuando yo nací. Esa era la diferencia. Vivíamos muy cerca. Nosotros vivíamos al final de calle Buenos Aires, casi llegando a Mitre (…) Este amigo común, nos presentó.
Yo luego continué visitándolo, e hicimos una amistad de vecinos, de amigos y de una comunidad de intereses. No precisamente poético, porque yo no tenía ninguna formación poética. Sí a lo mejor tenía una información general sobre las cosas del mundo, y eso daba lugar a diálogos muy entretenidos entre los dos. Por ejemplo, a él ya le interesaban cuestiones muy -diría- de moda en el siglo XX, que son las cuestiones ecológicas y las cuestiones de los ecosistemas y del equilibrio y de la armonía ambiental.
Aquella vez la palabra ecología, la palabra derecho ambiental, no existía, por lo menos no en el vocabulario común. Estoy hablando de fines de la década del ´60”. Ferny Kosiak “Yo nací en Libertad San Martín, un pueblito acá a unos 50 kilómetros, y cuando me vine a Paraná y estudiando en el profesorado, Juanele es como la constante, como una presencia que siempre está flotando. Me acuerdo un verso que escribió Alfaro que dice: ´A todos nos fue dado un mundo con Juan L´.
Entonces, es eso, la gente que te cuenta que lo conoció, que te cuenta pequeñas anécdotas, que va hilando, que va reconstruyendo esa figura de viejito bueno… de más allá de su parte poética que era maravillosa, digamos, él como persona con sus ideales… me acuerdo también desde su militancia comunista, me acuerdo la Tochi Eymann me contaba que los padres de ella eran súper radicales y lo invitaban cada tanto a Juanele a que vaya a comer a la casa y Juanele, aun sabiendo el partido político de esa casa, los quería convencer a que se afiliaran al comunismo y siempre terminaban peleando.
Todas esas cuestiones que acompañan a la mística de Juan L más allá de su obra, de su poesía. Uno de los grandes poetas con una obra única, con una obra reunida que a ningún poeta de la Argentina se le ha hecho las dos, las tres podríamos decir, la que hizo la Editorial Biblioteca cuando él estaba vivo, allá en el 70-71, en ´El aura del sauce´, esos tres tomos plateados. Después la que hizo la UNL, el tomo grande violeta, para los 100 años de su nacimiento.
Y bueno, la que hicieron entre la UNL y la de Eduner, hace unos años”. Una entrevista temprana en el diario Crítica, cuando todavía era casi un gurí que ni había publicado sus primeros libros, lo muestra plantado en esa pose del poeta que sería para siempre. Volvió a la provincia en 1915, entró a trabajar en el Registro Civil de Gualeguay. Ese sería su oficio hasta jubilarse. Y en 1924 se casó con Gerarda Irazusta, con quien tuvo a su único hijo, Evar.
En 1942 se mudó a Paraná, frente al Parque Urquiza, y de esa casa ya casi no se movería. Belén Zavallo “Para mí la figura de Juan L.
no se puede despegar del estudio de la literatura argentina, en el sentido de que Juan L funciona como un centro neurálgico de lo que es la poesía y de lo que es la poesía renovada… porque Juan L nosotros lo empezamos a leer gracias al movimiento que hace Claudia Rosa dentro de la Universidad Autónoma de Entre Ríos, de la UADER, que ella dialogando con los distintos editores que después recuperan la obra y hacen la obra completa de la Universidad Nacional.
Pero, para nosotros durante el período de secundaria no era una figura trascendente. En ese momento lo estaban leyendo desde Buenos Aires, quizás la generación de los ´90 y demás. Para nosotros Juan L comienza a adquirir una espesura a partir de la universidad y del movimiento que hace ella como crítica literaria y que va recuperando su obra y que va haciendo que cada uno de los estudiantes empiece a leer a Calveyra, a Juanele, a Mastronardi, a Emma Barrandéguy, a Marta Zamarripa.
Figuras que quizás eran más bien que no estaban incorporadas en el canon literario de la literatura en la universidad”. Sebastián Macchi “Yo estaba en la escuela secundaria en segundo año y estaba muy interesado por la literatura, por la música, y se cumplieron justo los 100 años del natalicio de Juan L. En el año ´96. Ahí tuve como una atracción mayor y quise leer.
Entonces me encontré con que en ese momento había muy poco para leer, porque todavía las obras completas de la UNL no habían salido (…) y había un librito en la biblioteca de la escuela. Yo iba al Colegio Nacional. Di con algo de eso y ahí empezó un amor muy grande que me acompaña intacto y cada vez más hasta el día de hoy”. Matías Armándola “Y en Rosario mismo me empecé a recorrer todas las librerías de usados y fui buscando poetas entrerrianos y entre los cuales encontré por supuesto a Juanele Ortiz.
Ese es como el momento del hallazgo y como una suerte de descubrimiento en realidad, porque todo lo que por ahí de lo que hace a la cultura popular nos acerca de la figura de Ortiz, muy fragmentaria si se quiere … en ese sentido me puso de otra manera frente a la experiencia de abordar por fin la lectura de la poesía de Juan L. Ortiz. Entonces, bueno, sí hubo por supuesto una fascinación y por supuesto como una suerte de necesidad de acercarme casi religiosamente.
Pero, eso tiene que ver mucho con un constructo particular que hay en relación a la figura y la imagen de Juan L. Hay como una cuestión muy sacralizada y quizás eso también nos hace tomar distancia del ser humano que estuvo entre nosotros, básicamente, que caminó nuestras calles, que circuló por el parque. Entonces, supuso un reencuentro con todo ese mundo en particular”. Para entender a Juanele Ortiz hay que entender una época.
En Entre Ríos todavía no existía un aparato editorial que respondiera a la necesidad de los autores de publicar. No estaban consolidados los talleres gráficos ni las pequeñas casas editoras de Paraná. Entonces editar se volvía una tarea casi artesanal, de autor, salvo que uno tuviera contacto con alguna editorial de Buenos Aires. Juanele hizo de esa limitación un modo de trabajo. Sus libros se imprimían afuera, pero el diseño, el armado y la selección eran enteramente suyos, cuidados palabra por palabra.
Y para financiarlos apeló a una práctica que entonces era habitual entre los poetas: repartía los números de un talonario entre amigos y conocidos, que pagaban por anticipado un ejemplar y así permitían que el volumen viera la luz. Roberto Romani “Cuando se radica ya en Paraná, él sigue publicando sus libros. En el 47 publicó ´El álamo y el viento´, en el 49 ´El aire conmovido´, en el 51 ´La mano infinita´, en el 54 ´La brisa profunda´, en el 56 ´El alma y las colinas´.
Y allí establece una pausa porque realiza uno de los pocos viajes que realizó Juanele… Juanele siempre vivió en Entre Ríos, algún momentito estuvo en Buenos Aires, pero su gran viaje fue en 1957 a la China y a la Unión Soviética, con cuyos pensamientos él estaba muy cerquita. Y en el 71 tuvo la gran alegría que la Biblioteca Constancio C.
Vigil de Rosario, le publicara en ´El Aura del sauce´, tres tomos, que es una obra bellísima, no solamente porque está prácticamente toda la obra poética de Juanele, sino porque además están sus dibujos, fotografías inéditas hasta ese momento. Así que son tres tomos bellísimos. En ´El aura del sauce´ tuvo desgraciadamente en el 76 la sensación de que todo se acababa, porque la dictadura mandó quemar ejemplares suyos. Esto le dolió profundamente a Juan L. Dos años más tarde -como hemos dicho-, moría en Paraná.
Y en el 96, como un homenaje a nuestro gran poeta, la Universidad Nacional del Litoral publicó su obra completa, preparada por Sergio Delgado, una publicación muy bella también… Juan L. En el año 57, ya que hablábamos de ese viaje a la China, cuando él regresa, él caminaba, siempre le quedaba cerquita.
Cuando él vivía en Gualeguay, estaba a dos cuadras del río, así que caminó hacia el río y escribió en el 57 ´Crepúsculos en los campos del Gualeguay´: Nada más que un sueño amarillo que se va entre los talas detrás de un vuelo bajo y encendido de verdes. La luz es una nostalgia que alarga sus sus...
Delta