Claves
- Hay edificios que se levantan para cumplir una función y otros que terminan convirtiéndose en una parte esencial de la identidad de una ciudad.
- La fábrica de cemento Portland de Paraná pertenece a esta última categoría.
- El nuevo documental de “Memoria Frágil” (Canal 9, Litoral) recupera esa historia desde las voces de quienes la construyeron, la habitaron y aún la conservan viva en la memoria.
Hay edificios que se levantan para cumplir una función y otros que terminan convirtiéndose en una parte esencial de la identidad de una ciudad. La fábrica de cemento Portland de Paraná pertenece a esta última categoría. Durante gran parte del siglo XX no fue solamente una planta industrial asentada sobre las barrancas de Bajada Grande: fue una escuela de oficios, una fuente de trabajo para generaciones enteras y una pieza fundamental en el engranaje económico que moldeó la capital entrerriana.
El nuevo documental de “Memoria Frágil” (Canal 9, Litoral) recupera esa historia desde las voces de quienes la construyeron, la habitaron y aún la conservan viva en la memoria. A través de testimonios de ex trabajadores, familiares, investigadores, arquitectos y especialistas en patrimonio, el documental reconstruye el recorrido de una de las empresas más emblemáticas de la región.
Desde su inauguración a fines de la década de 1930 hasta su cierre definitivo, la Portland fue mucho más que una fábrica de cemento: representó un modelo de ciudad donde la producción, el trabajo y la vida comunitaria formaban parte de un mismo paisaje. Allí convergieron inmigrantes europeos, técnicos, obreros y profesionales que encontraron en sus instalaciones una oportunidad de progreso y pertenencia.
La narración recorre también la extraordinaria complejidad técnica de una planta que funcionaba las veinticuatro horas del día, con cantera propia, usina eléctrica, ferrocarril interno y un sistema productivo capaz de transformar la piedra extraída de las barrancas en el cemento que ayudó a construir obras fundamentales del país, entre ellas el Túnel Subfluvial.
Pero detrás de las máquinas, los silos y los hornos, aparecen las historias humanas: los aprendices que ingresaban siendo adolescentes, las familias que crecieron alrededor de la fábrica, las fiestas compartidas y el orgullo de pertenecer a una comunidad que muchos recuerdan como una gran familia. Con una mirada sensible y profundamente documental, “Memoria Frágil” propone además una reflexión sobre el patrimonio industrial y la memoria urbana.
Las ruinas que hoy sobreviven en el Oeste paranaense son presentadas como páginas de un libro abierto, donde todavía pueden leerse las huellas de una época en que la ciudad producía, exportaba y soñaba desde sus fábricas. Entre la nostalgia y la investigación histórica, este trabajo audiovisual rescata una parte fundamental de la identidad colectiva de Paraná y recuerda que las ciudades no solo se construyen con ladrillos y cemento, sino también con las historias de quienes dedicaron su vida a levantarlas.
La historia de la fábrica de cemento Portland Hay ciudades que se cuentan a sí mismas a través de sus fábricas. Paraná es una de ellas, aunque muchas veces lo haya olvidado. En el extremo Oeste, en esa franja que baja desde la desembocadura del Antoñico hasta la punta de Bajada Grande, todavía late el esqueleto de un pasado industrial que ocupó buena parte del siglo XX. Allí, sobre la cresta de la barranca, se levantó una de las obras más imponentes que conoció la ciudad: la fábrica de cemento Portland.
Para entender su origen hay que mirar más atrás, hacia los viejos hornos de cal que durante décadas humearon a lo largo de la barranca del Paraná. De aquellas caleras, de esa vieja costumbre de quemar piedra caliza, nace la idea de fabricar algo nuevo: lo que en otros tiempos se llamó “la piedra líquida”. El cemento prometía lo que la cal no podía dar: capacidad estructural, dureza, impermeabilidad. Con él se podía levantar un país entero. Hasta entonces, casi todo se construía con cal.
La empresa que lo hizo posible fue la Compañía Argentina de Cemento Portland, la misma que años antes había instalado su primera planta en Sierras Bayas, en el partido de Olavarría. Paraná fue su segunda apuesta. La construcción comenzó hacia 1936 y demandó cerca de dos años. Fernando Ponce, arquitecto e investigador “La fábrica de Portland surgió como idea hacia 1936. Se inaugura hacia 1938. Y sería interesante contextualizar la ciudad de Paraná en esa época.
A principios del Siglo XX era otra economía, otro modelo de ciudad, en donde teníamos fábrica, teníamos industria. Hasta fines del Siglo XIX, se había producido en todo lo que era Puerto Viejo, todas las fábricas de caleras, madereras, todo lo vinculado con lo náutico. Y hacia principios del Siglo XX comienzan a surgir esporádicamente en diferentes sectores de la ciudad, fábrica de Fósforos, fábrica de Portland, Coceramic, fábrica de cervezas -que hubo 2-, había fábrica de jabones. Fábrica de manteca llegó a haber.
Es decir, era todo un modelo industrial en donde esa industrialización de la ciudad le dio trabajo a mucha gente… Es decir, estamos hablando de un modelo económico, social, urbano, totalmente diferente a lo que percibimos hacia fines del Siglo XX”.
Mariana Melhmen, directora de Patrimonio Urbano Arquitectónico de Paraná “En principio hay que pensar que ese sector de la ciudad, que el sector comprendido entre la desembocadura del Antoñico y la punta de Bajada Grande, era el sector que podríamos llamar industrial, que se configuró entre principios del Siglo XVIII y fines del Siglo XIX. Y que, como enclave, se va diluyendo a partir de mediados del Siglo XX, cuando se construye el Parque Industrial… entonces, las actividades industriales en ese sector merman.
Las actividades industriales tienen como principal protagonista durante buena parte del Siglo XX a la fábrica de cemento Portland-San Martín, que es la que tenemos como referencia, que en realidad es como si fuera una fusión de aquellas viejas caleras que funcionaban como hornos para quema de cal a lo largo de la Barranca del Paraná, justamente en ese sector.
En el año 1938, entre el ´38 y el ´39, tenemos noticias de la instalación de esta fábrica, que va a tener un rol fundamental, no solo para la zona, sino para toda la ciudad… primero por la actividad, por el producto, porque el producto es un producto significativo, distintivo. Es decir, el cemento portland General San Martín surge después de unos cuantos intentos que se hicieron en el último cuarto del Siglo XIX”. Fernando Ponce, arquitecto e investigador “La planta original de Portland se la llamó así.
Pero, verdaderamente, el nombre era Compañía Argentina de Cemento. El principal producto fue el Cemento San Martín, y para la construcción de semejante imperio fabril, como lo tuvo Paraná, se contrataban a changarines que llegaban a la ciudad de Paraná exclusivamente para eso.
Estamos hablando de eslovenos, croatas, checos, polacos, judíos, alemanes, italianos, españoles… con un sueldo mínimo venían a hacer esa tarea, seguramente, con una formación mínima también… no una formación académica, y fueron construyendo el edificio, que tiene característica muy fabril… brusco el significado -podríamos decir- no lo puede ubicar dentro de un estilo arquitectónico, como sí se pueden ubicar edificios de la ciudad.
Tengamos en cuenta que eran casi 500 hectáreas en su original, después fueron perdiendo esas hectáreas, es decir, más de 1.000 trabajadores, más de 1.000 changarines, solamente para construir la planta. Luego, seguramente, hubo una especialización para los que iban a trabajar en la fábrica de Portland, que aproximadamente en la época de esplendor llegaron a las 300 personas”. Mariana Melhmen, directora de Patrimonio Urbano Arquitectónico de Paraná “Para una Paraná pequeña y, además, en la cresta de la barranca.
Esa localización, esa construcción fabril, en una ciudad que tenía más de un puerto… porque pensemos que Paraná en ese momento tenía el puerto de Bajada Grande, que era el puerto del ferrocarril, que estaba sobre la punta. Era el puerto, el antiguo puerto de ultramar, pero ya había perdido muchísimo de su capacidad, en tanto había habido unas inundaciones que le habían afectado notablemente. Esto a principios del siglo XX, y ya para 1904 inician la construcción de Puerto Nuevo.
Y Puerto Nuevo, bueno, cumplía todas las otras funciones necesarias en el área, digamos, más próxima a lo que conocemos como Parque Urquiza. Puerto Viejo seguía llamándose Puerto Viejo, pero ya no operaba como puerto hacía bastante tiempo. Pero, eso habla, digamos, de una ciudad portuaria de cierta relevancia, pero que para el siglo XX no era lo mismo, porque habían cambiado absolutamente las condiciones.
Y pensemos que en el momento en que se levanta la fábrica de cemento Portland, el Túnel Subfluvial solo era un proyecto”. ¿Por qué ahí, lejos del centro de entonces? Por una lógica simple y casi perfecta. La materia prima estaba bajo los pies, en la propia barranca. El puerto de Bajada Grande quedaba al alcance de la mano, y un ferrocarril propio entraba hasta el corazón de la planta a descargar piedra traída desde Victoria y Diamante.
Eran los años en que Entre Ríos seguía siendo -a todos los efectos- una isla: no había túnel ni puente, y para cruzar a Santa Fe había que tomarse una balsa. Norma Valentinuz, hija de obrero “Él ingresó cuando tenía 25 años y hasta que la fábrica cerró. En ese momento, no tenía todavía la edad de jubilarse, le faltaba muy poquito. Entonces, como la fábrica siempre consideró mucho a los empleados, a los que tenían más edad, a los que estaban más cerquita de la jubilación, les ofreció una indemnización.
O sea, aceptar como ser despedido como para darle el premio de la indemnización. Muchos de los compañeros de mi papá que estaban en edad, aceptaron esa propuesta porque ellos lo consideraban también como que era un reconocimiento, un premio que les daban, digamos, la fábrica (…) Ellos se sentían muy muy identificados con la fábrica, sentían que la fábrica los protegía, porque había muchas normas de seguridad, muchos cursos que le daban, y realmente hicieron amigos.
Mi papá contaba varias anécdotas de compañeros, comían y practicaban deporte juntos también. Así que sí, uno de los compañeros de mi papá justamente comentó en un momento que yo recuerdo, dijo que cuando cerró la fábrica fue el fin de la gran familia. Y eso representa justamente lo que ellos sentían. No era solo un trabajo, era compartir otras cosas también”.
Paula Cantero Cesario, nieta de obrero Cesario, nieta de obrero “En realidad, mi abuelo cuando yo nací en 2005, mi abuelo se había jubilado hace muchos años atrás. Entonces, como que yo nunca, como que yo no viví su etapa de trabajo. Pero, si mi abuelo algo tuvo toda su vida fue la fábrica. Yo sé que para él la fábrica era todo… todo… todo. ¡Ay! me emociono porque, bueno, habló de mi abuelo y me emocionó. Y, nada… Para mi abuelo siempre lo estuvo muy presente y nos contaba muchas cosas.
Desde los zapatos que usaba hasta, me acuerdo que así rápido nomás, se reía porque el uniforme a veces le quedaba grande o cosas así. Y, bueno, para mí eso era mi abuelo. Mi abuelo la tuvo muy presente a la fábrica cuando cerró también, no sé, en el 2007, yo era muy chica, y mi abuelo siempre nos contó que él trabajó muchos años en la fábrica que cerró. Bueno, nosotros no la conocimos, pero sí, para él siempre era, como dice, ese carisma de que para él la fábrica fue todo. Fue su segunda casa.
Mi papá también me contaba muchas cosas, como que mi abuelo trabajaba todo el día y llegaba cansado, y que siempre estaba contento. No sé, me daba gracia cuando mi abuelo a veces reparaba de cómo levantaban las bolsas de cemento, dice, si se te llegaba a caer una de esas bolsas en el pie, te lo reventaba. Bueno, mi abuelo era así, contaba todo eso de la fábrica. Y destacaba mucho que todos eran una gran familia. Eso era la esencia que por ahí tenía”.
Laura Poli, coordinadora del Museo Martiniano Leguizamón “La fábrica de Portland se inició con mi familia, con mi abuelo. Mi abuelo empezó trabajando en Olavarría, en la primera fábrica de Portland, la primera de Calera, y de ahí lo trasladan a Paraná. Obviamente, tuvo que venirse con su familia, vinieron en un ferry, porque en aquel entonces… pongamos que esta provincia es provincia insular, y hasta que no...
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