El Viernes Santo del 28 de marzo de 1975, una creciente extraordinaria del arroyo Doll transformó para siempre la vida de Molino Doll y de las poblaciones rurales de la zona. En pocas horas, el agua arrasó el puente de la Ruta 11, anegó viviendas, destruyó pertenencias y dejó incomunicada una extensa región entre Paraná y Victoria. No hubo víctimas fatales, pero las pérdidas materiales y, sobre todo, las marcas que aquella jornada dejó en quienes la atravesaron permanecen vivas medio siglo después.
La lluvia había comenzado durante la noche. La tierra, saturada por las precipitaciones de los días anteriores, ya no podía absorber más agua. En las zonas de Pajonal, Chilcas e Hinojal se registraron -según los testimonios recogidos por el programa “Memoria Frágil” (Canal 9, Litoral)-, alrededor de 300 milímetros en pocas horas. Cerca de las diez de la mañana el arroyo comenzó a crecer. No hubo tiempo para prepararse.
El caudal avanzó con una fuerza inesperada y desbordó también por los campos, sorprendiendo a familias que hasta entonces conocían los ritmos de un curso de agua al que creían poder anticiparse.
El documental de “Memoria Frágil” (Canal 9, Litoral), reconstruye aquella emergencia a partir de las voces de vecinos que entonces eran niños, de investigadores y de personas que conservaron recuerdos familiares de la inundación. Blanca Gaitán evoca la urgencia de levantar documentos, fotografías y ropa antes de abandonar su casa. Ángela Graglia recuerda las horas de encierro en un altillo, mientras el agua alcanzaba casi los tres metros.
Heriberto Wolf -que estaba a punto de cumplir ocho años-, todavía puede describir el paso de animales, troncos y objetos arrastrados por la corriente. En esos relatos, la dimensión de la catástrofe adquiere rostros y escenas concretas.
Pasado el mediodía, el puente cedió. No cayó de manera convencional: la fuerza del agua lo levantó y desplazó, como si fuera un objeto liviano. La estructura desapareció entre los restos que arrastraba la creciente. Minutos antes, algunos vecinos habían advertido a quienes intentaban cruzar que desistieran. Esa intervención evitó que el desastre se cobrara vidas. Después llegaron el aislamiento, las evacuaciones y una recuperación que demandó mucho tiempo.
La planta de Nestlé también resultó afectada; la escuela permaneció cerrada durante meses y las clases se retomaron en la capilla. Muchas familias perdieron sus viviendas o debieron reconstruirlas lejos de la orilla.
La ayuda oficial, según recuerdan los entrevistados, fue escasa. La solidaridad de vecinos, parientes, trabajadores de la fábrica y habitantes de otras localidades permitió afrontar los primeros días y comenzar de nuevo. Hubo quienes nunca regresaron a sus casas. Otros reconstruyeron con lo poco que habían podido rescatar.
La oportunidad de “Memoria Frágil” consiste en recuperar una historia que permaneció durante décadas en la memoria de sus protagonistas, pero que rara vez volvió a ocupar un lugar en la conversación pública. El documental no se limita a reconstruir la magnitud de la creciente: devuelve espesor humano a una tragedia sin víctimas fatales, pero con pérdidas profundas. Porque el agua se llevó el puente, las casas y buena parte de los recuerdos materiales de aquellas familias. Sin embargo, no pudo borrar lo vivido.
Medio siglo después, cada lluvia intensa todavía despierta en algunos vecinos la memoria de aquel Viernes Santo.
Lo que fue la creciente del arroyo Doll
El 28 de marzo de 1975 el arroyo Doll se llevó el puente de la Ruta 11. Era Viernes Santo. En pocas horas el agua tapó las casas de Molino Doll, dejó a decenas de familias sin nada y cortó el paso entre Paraná y Victoria. No hubo muertos. Pero nadie de los que lo vivieron pudo olvidarlo.
Esa semana había llovido mucho en buena parte de la provincia, del Gualeguay hacia el Paraná. La tierra estaba saturada y ya no absorbía. Esa noche cayó un diluvio: en Pajonal, Chilcas e Hinojal, donde nace el caudal del Doll, se habló de unos 300 milímetros en pocas horas. Hacia las 10 de la mañana el arroyo empezó a crecer. En minutos avanzó con una fuerza que nadie esperaba. No era una creciente de río, de esas que se anuncian con días de anticipación. Llovió y el agua llegó.
Blanca Gaitán, ex vecina del Molino Doll
“En ese momento tenía 11 años. Mis padres, mi papá trabajaba en la Nestlé desde muy joven, 18 años entró ahí y después se casó y vivimos ahí con mi mamá. Yo soy la hija mayor que en ese momento tenía 11 años, ahora tengo 63, o sea que fue en el año 1975. Un hermanito que en ese momento tenía 2 años, mi abuelo que vivía con nosotros que tenía ya 84 años, mi mamá y mi papá. Mi papá se había ido a trabajar temprano y lo que ocurrió es que llovió… llovió toda, toda, toda la noche.
Y eran las 10 de la mañana y llovía torrencialmente. Mi papá se vino del trabajo y con toda la lluvia dijo: levanten todo porque esto se viene. Él llegó a casa, trató de hacer que dejáramos de hacer lo que estábamos haciendo. Era un Viernes Santo, el abuelo, como las tradiciones de la gente mayor, ponía todos los santos arriba de una mesa y los velaba, le ponía velas el Viernes Santo.
Entonces papá le decía: "Dale Julio, dale abuelo, dale, sacá los Santos" … "No, mi hijo" -decía- "si no nos ayudan, que se ahoguen nomás". Entonces, el abuelo no le dio bolilla, dice: "Yo los voy a ayudar". Papá dijo "junten" cuando él volvió a mirar la estaca que él había puesto hacía diez minutos que había llegado, ya la estaca no estaba más, ya el agua avanzaba, pero a grandes rasgos. Creo que decían que en el transcurso de dos horas llovieron 300 y pico de milímetros. Me parece que era algo así.
Y desde que empezó la lluvia, que fueron ponele de noche, toda la noche por la mañana, iban ya 700 y pico de milímetros… Bueno, entonces el papá se volvió a la Nestlé, nosotros quedamos juntando cosas. Él dijo: "Alcen todo arriba". En mi casa había, en una pieza había ganchos que colgaban los salames cuando carneaban chancho. Entonces, mi mamá juntó todo, juntábamos en bolsas o en cosas de plástico y las colgamos. Ponele fotos, recuerdos, Partidas de Nacimiento, todas cosas importantes de la casa.
Y la ropa se trató de sacar en bolsa. Como a la hora y media, ponele eso, de las once y media, sí, quizás once y media, doce, vino ya con la estanciera de la Nestlé y dijo: "No, no, hay que irse, hay que irse" porque el agua estaba de acá al sillón verde porque eran metros, es como que una marejada avanzaba cuatro metros, tres metros. Nos vamos a ahogar todos sino salimos”.
Aníbal González, historiador
“Hay fotografías incluso que se publicaban en esa época de los diarios, El Diario de Paraná fundamentalmente, en donde muestran por ejemplo la cuenca del río Nogoyá totalmente inundada, pero totalmente… un mar eso. El Nogoyá que no está tan lejos de ahí de la zona. El arroyo Los Manantiales, por ejemplo, también se llevó el puente, ahí en la zona del monte La Cantera, entrando a Victoria, a unos 20 kilómetros.
También el Arroyo El Ceibo que está a la entrada de la Abadía del Niño Dios, ahí donde está el Viejo Molino también… El Campamento de Vialidad, también ahí hubo problemas en ese momento, estaban reparándolo al Puente de Hierro… ya no está mal, ya lo sacaron, hicieron otro. Pero, lo que quiero decir con esto es que había sido una lluvia tremenda, para decirlo. No sé si sería El Niño, La Niña o qué, pero fue un diluvio que afectó a una amplia zona de la Provincia de Entre Ríos.
En ese caso en el Puente del Doll, que nadie se esperaba eso. Habrán visto ustedes ahora, seguramente han filmado la altura que hay ¿no? Debe haber unos 4 metros y medio o 5 metros de profundidad al lecho del arroyo. Y dicen que, en el momento culminante, digamos, 13:45 que fue cuando eclosionó el puente, ya había sobrepasado más de un metro el agua. Así que imagínense la cantidad, el torrente de agua que era eso, ¿no?”.
Ángela Graglia, vecina de Molino Doll
“Yo la pasé en esta casa. Si ustedes salen a la parte de afuera, está el altillo, el balcón digamos. En esa pieza pasamos porque no nos dejó … cuando acordamos nos avanzó… porque en realidad nosotros no nos anegamos por el arroyo, por acá porque viene, sino por la parte de atrás. Porque vuelca en un campo que tiene una curva y se viene así por la parte de atrás. O sea, el agua sale primero en las casas de más arriba y después acá.
Y cuando nosotros quisimos salir, ya a la altura que había para subir para arriba era imposible. Era muy correntoso, ya había más de un metro de agua para salir … así que bueno, la única salida nuestra fue ir a la pieza de arriba, al segundo piso, la segunda planta. Y de ahí bueno, a pasar las 5-6 horas que estuvo la creciente, rogándole a Dios que no se llevara la casa, porque era mucha la altura. La altura llegó acá a 2,80 metros… no era nada fácil estar y todo agua… agua”.
Los paisanos de la zona sabían leer el arroyo. Cuando corría normal, las cascadas antes del puente hacían mucho ruido. Cuando el agua las tapaba y el arroyo se quedaba en silencio, había peligro. Ese viernes el agua no entró sólo por el cauce. También bajó por los campos, desde atrás de las casas. Las familias subieron mercadería y ropa arriba de mesas y mostradores. Colgaron fotos y documentos de los ganchos de los salames. No alcanzó. En algunas viviendas el agua llegó a los dos metros, en otras a casi tres.
En una casa de dos aguas cubrió todo hasta el alero, donde quedaron amontonados patos, gallinas y gansos. Los que no podían volar se ahogaron.
Heriberto José Wolf, vecino de Molino Doll
“Recuerdo sobre la gran inundación del arroyo Doll de 1975. Yo tenía 7 años y a los 2 días de la inundación, la inundación fue el 28 de marzo 1975, más precisamente Viernes Santo… Viernes Santo. Yo tenía 7 años y a los dos días cumplía 8, o sea que mi visión es medio de un niño de esa época, ¿no? Y, bueno, recuerdo que comimos pescado, no era tan común comer pescado como ahora que se come más seguido, sobre todo en el campo, así que era como un acontecimiento comer pescado.
También recuerdo que ya habíamos terminado de comer, recién habíamos terminado de comer… Me puse a desarmar un camión que tenía, es que me regalaron mi papá porque era un camión muy… me gustaba desarmar las cosas y me habían comprado un camión que se desarmaba entero con tornillos y tuercas.
Termine de desarmar el camión y mi viejo que miraban, mis padres que miraban el agua y decían esto sube, esto sube, vamos a empezar a subir cosas arriba de la mesa, de los mostradores, porque mi papá tenía ahí un almacén de ramos generales hasta cancha de bocha y demás y empecé a subir mercadería arriba de los mostradores, arriba de la mesa de la cocina… no sé… un montón de cosas… y hasta que hicimos todo eso, recuerdo el agua hasta la rodilla y ese arroyo tiene mucha correntada creo que ahí a la casa esa llegó, que es esta casa que ven ahí ese cuadro es una foto de la casa donde yo nací y crecí hasta que vino la inundación.
Y esa casa es la que se inundó, que ahora está abandonada y bueno, cuando decidieron salir como que ya era mucha agua… creo que entró por atrás ahí … se desbordo el arroyo por atrás.
Cuando decidieron salir ya era como muy tarde y un vecino, no recuerdo quién se arrimó porque estábamos todavía nosotros en la casa; y ayudó, no sé qué hizo, porque mi papá me acuerdo que sacó en los hombros a mi hermana, que tiene 3 años más que yo, y yo me fui en los hombros de este hombre porque era muy riesgoso para nosotros, que éramos chicos, caminar con el agua hasta la rodilla. Entonces, creo que ese vecino que me llevó a mí y se fue.
Y nosotros quedamos en una casa del vecino, del vecino contiguo, para que se den una idea de esa casa que yo les señalo, que es esta, es la segunda casa, está en el arroyo, el molino harinero que le da el nombre Molino Doll y la segunda casa. Nosotros nos quedamos en la tercera casa hacia arriba, digamos en un altillo”.
Kevin Leiva, periodista y productor de contenidos
“Estuvimos entrevistando a...
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