Claves
- Luis María Serroels fue, durante más de seis décadas, uno de ellos.
- Nació en 1942 en Sauce de Luna, un pequeño pueblo del interior de Entre Ríos, hijo de un ferroviario.
- Llegó joven a Paraná con la cabeza llena de ideas y una curiosidad que nunca lo abandonaría.
Hay periodistas que moldean a sus ciudades. Luis María Serroels fue, durante más de seis décadas, uno de ellos. Nació en 1942 en Sauce de Luna, un pequeño pueblo del interior de Entre Ríos, hijo de un ferroviario. Llegó joven a Paraná con la cabeza llena de ideas y una curiosidad que nunca lo abandonaría. Aquí construyó todo: su familia, su carrera, su obra musical y su legado periodístico. A un año de su muerte y en el Día del Periodista, Memoria Frágil le rinde un justo homenaje.
La historia de Serroels no puede contarse sin empezar por el principio, que en su caso fue extraordinariamente temprano. Todavía cursaba la escuela secundaria, corría 1956, cuando ya escribía en la revista Palestra de la Federación de Estudiantes Libres. Esa llama, como él mismo la denominaba, nunca se apagó. En 1961, siendo alumno del Colegio Nacional, reunió a tres amigos -Raúl Wiesner Clariá, Carlos Graf y Mario Anselmi- y fundó “Los Leñeros”. El debut fue en un acto del 24 de mayo.
Tenían dos canciones preparadas. Cuando el público pidió más, las repitieron. Y cuando insistieron, no hubo más remedio que dar por terminado el acto. Fue el inicio de uno de los conjuntos folklóricos más queridos de la provincia. Ese joven que cantaba y tocaba el piano era el mismo que ya soñaba con el periodismo. Techa Serroels, esposa “Era muy, muy familiero, muy de su hogar. Él vivía en función de sus hijos y de nuestra relación. Siempre estaba pensando en lo mejor para nosotros (…) Era multifacético realmente.
Trataba de organizarse y dejar conforme a todos, aunque no siempre fue fácil, y más conviviendo con gente más joven, porque con nosotros, además de Candelaria -que es mi hija menor-, vive Santino -que es su hijo- y ahora Ian, que es hijo de Santino, o sea, mi bisnieto. Él lo disfrutó muchísimo a Ian, porque iba a cumplir… tenía 3 años cuando él partió, así que lo alcanzó a disfrutar”.
Raúl Wiesner Clariá, integrante del grupo “Los Leñeros” “Con Luis María… él era celador en la Escuela de Música que estaba allí en calle 9 de Julio, creo que era, antes. Y él era celador y tocaba el piano, pero ¡una barbaridad! Después, con el problema que él tuvo de artrosis, no pudo tocar más. Pero, tocaba muy bien.
Y yo iba porque estaba estudiando canto con una profesora (…) Y empezó el folklore en el país, y un día parece que se juntaron Luis María y Mario Anselmi, y dicen: ´Che, vamos a hablarlo a los gringos estos´, porque los dos éramos gringos. ´Vamos a formar un cuarteto´. Y, bueno, nos reunimos allí en un banco frente al hotel … los 4, y decidimos armar un cuarteto. Como yo era el que había estudiado armonía… sí, profesor de guitarra. Estudié armonía y armaba las voces.
Y ellos sugerían, si acá entra el bajo de solista, meta. Era Luis María, Carlos Graff, Mario Anselmi y yo: los 4 originales”. Jorge Riani, periodista “A Luis María lo conocí de toda la vida, porque tenía una vinculación familiar con mi padre, y teníamos parientes en común en Buenos Aires, que era toda una celebración cada vez que llegaban, eran recibirlos, y como yo vivía con mi abuela -que era como un lugar de encuentro-, las familias se quedaban… esto era una costumbre de antes, ¿no? Visitarse y quedarse.
Así que era muy habitual que él pudiera acudir a casa. Y nos encontrábamos… siempre lo veía con mucha admiración. Pues yo sabía que era periodista. Y un periodista… yo digo… con una pasión que no abundaba. No digo que era el único, por supuesto, de esa generación. Pero, no abundaba. Era un periodismo más ligado a las agendas oficiales, más ligado a lo ceremonial.
Sin embargo, Luis María tenía esa, como le gustaba decir a él… esa llama, que fue determinante para que él se pudiera adecuar a los desafíos del periodismo que iban surgiendo. Por ejemplo, con el advenimiento de la democracia… con la llegada de la revista ANÁLISIS”. Candelaria Serroels, hija “¿Cómo era, papá? Papá era una persona muy familiar, muy familiar. Le gustaba mucho que nos juntemos todos en casa, que vengan mis hermanos con su familia, con los chicos.
Le gustaba compartir una mesa, unos mates, una buena charla. Era una persona que siempre estaba preocupada por cómo estaba una, si necesitaba algo, siempre preocupado por todos, con la familia, con los amigos, siempre… siempre muy atento. Siempre muy predispuesto a ayudar… siempre acompañando, ayudando. Una característica de él es que era muy solidario. Un excelente padre, compañero, un excelente abuelo, un excelente bisabuelo.
Pudo compartir un poco con su bisnieto, una excelente persona y un excelente padre con nosotros”. Hubo una época en Paraná en que la vidriera peatonal San Martín 755 era un punto de reunión cotidiano. Los paranaenses se apiñaban para leer los titulares del día, ver las fotos, enterarse del valor del dólar, de los recambios de ministros, de las noticias que llegaban desde Buenos Aires. Era la corresponsalía del diario Clarín. Y allí adentro, frente al teletipo, trabajaba Luis María Serroels.
Había ingresado en 1969, convocado por el periodista y escritor Rodolfo Coll, que era el corresponsal de entonces. Su primera cobertura importante fue histórica: la inauguración del Túnel Subfluvial, el 13 de diciembre de ese año. La nota fue tapa del diario más leído del país. Serroels entendió desde el primer momento la magnitud de lo que estaba sucediendo.
Jorge Medina, periodista “De muchos años, habría que pensar en medio siglo, quizá la década del ´60, cuando se iniciaban en las lides musicales y periodísticas, simultáneamente. El primer aspecto es el menos conocido, de Luis María. En realidad, trabajó tanto, durante tantos años, donde se destacó en ambas cosas. Y en muchísimos otros roles más, como padre de familia, un polifacético total, ¿no? Pero, un polifacético de calidad.
Es decir, en cada camino que le supo andar en la vida, no solamente dejó huellas, sino marcó la impronta, y además marcó un sello de nivel jerarquizado en ese aspecto”. Techa Serroels, esposa “Era complicado algunas veces, porque aparte… qué sé yo, sus actividades de todo tipo, ¿no? De televisión, diario… radio… hacía que él estuviera muy comprometido con esa parte. Le dedicaba muchísimo tiempo. La vez pasada estuve revisando unos papeles y de sus programas -que tuvo un montón- encontraba los temas que trataba.
Y cada tema con su correspondiente enfoque, todo respaldado por artículos que se referían a ese tema que él trataba. Y en la casa bien, supo conciliar las dos cosas. A veces era bastante complejo porque yo también trabajaba, así que había que atender los chicos y bueno… pero… se puede (…) Luis María … a veces priorizaba sus actividades porque realmente necesitaba hacerlo y siempre tenía ayuda de alguna persona con los 3, que eran también bastante salvajes cuando chico…. entre los dos, pero más que nada yo.
Él medio que la crianza de los hijos… a él le encantaba estar con ellos y todo, pero las tareas diarias, no se dedicaba a eso”. Raúl Wiesner Clariá, integrante del grupo “Los Leñeros” “Con Luis María yo tuve una buena relación. Después él con sus actividades, nos fuimos… después dejó el conjunto, ¿no es cierto? Se dedicó al periodismo, a una cantidad de cosas. Y a lo último, en los últimos años yo lo iba a visitar a calle Garay, él estaba ahí. Me dice Luis María: ´Che, y todavía vivimos´, dice.
´Qué bárbaro, se ve -me dijo Luis María-, se ve que allá arriba no nos quieren´. Y le digo a Luis María: no saben lo que se pierden. Bueno, teníamos un trato así… él era, este, después tuvo periodismo y nos hizo una nota al conjunto ´Los Leñeros´, que seguimos con otro integrante”. Luis Jacobi, periodista “Lo vi por primera vez en, aproximadamente, 1973, siendo yo nada más que un joven atrevido que se había largado a hacer un periódico. Y él era un periodista reconocido. Y esa primera impresión fue fantástica.
Ese encuentro se dio en una cena de fin de año. Héctor Motta hacía en una de las granjas una reunión para unas 20 personas, donde agasajaba tal vez a los gerentes del banco, a la gente con la que había tratado durante el año. Y yo iba como amigo. Y Luis María como invitado… creo que, con una segunda intención, porque era muy buen humorista. Lo que tenía de extraordinario es que repetía los mismos chistes, pero seguía riéndose de ellos… Eso habla de un hombre de un extraordinario humor.
Creo que casi lo hemos conocido todos. Y el humor es un indicador de inteligencia, es decir, el humor señala claramente, requiere de la inteligencia para ser identificado. Entonces, digo, además, de ese trato personal muy lindo, ¿no es cierto? Como digo, con alguien que ni siquiera era periodista, yo en mi caso, sino que se había largado a hacerlo”. Bajo la dictadura militar fue desplazado a funciones casi degradantes en el organismo estatal donde también trabajaba.
Y además padeció familiarmente el poder castrense. Aguantó. Y en 1979, cuando un enviado de Clarín llegó a Paraná para ofrecerle la titularidad de la corresponsalía, Luis María renunció a su cargo en la Casa de Gobierno y asumió la responsabilidad más grande de su carrera.
Desde allí cubrió los grandes episodios de la provincia y del país a lo largo de quince años: las inundaciones de 1983, el drama de los soldados entrerrianos en Malvinas y el dolor de sus familias -que llegaban a la agencia siempre esperando cualquier noticia-, la recuperación democrática, los levantamientos Carapintadas del ´87 y el ´90, el secuestro y crimen de la empresaria Susana Puentes Crescio de Marcos, la visita del Papa Juan Pablo II, la caída del avión Guaraní cerca de Crespo y el caso Calero.
Entrevistó a Frondizi, Illia, Cámpora, Alfonsín, Menem y De la Rúa, entre muchos otros protagonistas de la historia argentina. Jorge Riani, periodista “Una persona de cultura, sin duda. Un hombre que no solamente mostraba su cultura en la música, sino también en la lectura. Siempre mencionaba a Juan Manuel Alfaro con mucha admiración y con la amistad y la relación familiar con que los unía. Bueno, eso muestra también mucho de su apego a las letras.
Una persona que, por supuesto, que conoció a Juanele Ortiz, porque por el tiempo y por la actividad que desarrollaba, obviamente, que se conocieron. Y que hizo de la agencia de noticias Clarín, una agencia que estaba muy bien ubicada en lo que hoy es la peatonal San Martín, un lugar de reencuentro, un lugar, yo diría, un semillero también de periodistas.
Por ahí pasaron muchos nombres, desde Sarmiento, Daniel Enz, Oscar Londero, y muchos otros más, que a veces nos juntábamos simplemente a encontrarnos, a charlar y aprender más del oficio”. Antonio Tardelli, periodista “A Luis María lo conocimos cuando, allá por los años ´80, empezamos a hacer periodismo con una generación que se iba integrando a un sistema de medios ya instalado. Pero, que venía sobre todo de la universidad.
Y Luis María era de los periodistas más reconocidos o con más trayectoria o con más prestigio en Paraná, en Entre Ríos, y yo diría, en todo el litoral.
Y se generó una linda relación con Luis María por dos razones: primero, porque de los periodistas mayores fue de los pocos que nos abrió las puertas y nos contuvo y se mostró muy generoso para con nosotros, sin esa clase de recelo generacional que suele haber, o esa diferencia entre los que veníamos de la universidad y quienes habían desarrollado el oficio como idóneos, aprendiendo en las redacciones. Y él, en ese sentido, fue muy generoso.
Y al mismo tiempo, él tuvo -estoy pensando sobre todo en los orígenes de la revista ANÁLISIS-, él tuvo la suficiente ductilidad para incorporarse al grupo de trabajo de gente mucho más joven y entender algunos códigos, no demasiado innovadores, pero sí con un poco más de desfachatez que podíamos tener los periodistas más jóvenes. Así que hubo como una relación de ida y vuelta desde la generosidad y la experiencia de Luis María y su capacidad para integrarse a grupos de trabajo de gente mucho más joven”.
Jorge Medina, periodista “Luis María fue, no solamente un talentoso pianista, era el lugar donde él se recluía, sino un...
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