Claves
- “Nos pasamos algunos pueblos con las críticas.
- Nos venimos peleando con Milei, con Patricia (Bullrich), con todos”, admitió este viernes un macrista que conoce bien cómo piensa su jefe.
- Antes de la pausa obligada para todos los políticos que llegará con el Mundial, Macri viajará la semana próxima a Santa Fe y a Entre Ríos para mantener vivo su plan “Próximo paso” con el que busca revitalizar al PRO.
Obligado a moverse como un equilibrista en el angosto andarivel que le quedó en el panorama político luego de la irrupción de Javier Milei, Mauricio Macri decidió esta semana limar el filo de las críticas al Gobierno que había desplegado en sus últimas apariciones.
El jefe del PRO notó, en una conversación con sus dirigentes más cercanos, que muy cerca suyo pensaban que estaba hablando prácticamente como un hombre de la oposición y que apuntar de manera directa a los problemas de gestión del Gobierno y a las dificultades del Presidente para resolver la persistente interna que paraliza áreas de la administración podía terminar en una ruptura definitiva con Milei y, lo que es más grave aún, con sus propios votantes. “Nos pasamos algunos pueblos con las críticas.
Nos venimos peleando con Milei, con Patricia (Bullrich), con todos”, admitió este viernes un macrista que conoce bien cómo piensa su jefe. Antes de la pausa obligada para todos los políticos que llegará con el Mundial, Macri viajará la semana próxima a Santa Fe y a Entre Ríos para mantener vivo su plan “Próximo paso” con el que busca revitalizar al PRO. Allí recuperará su traje de filo oficialista e insistirá con su idea de “defender el rumbo del cambio”.
En otras palabras, postergará definiciones públicas sobre el guión que el PRO seguirá en 2027. En conversaciones privadas que mantuvo en los últimos meses, Macri confesó que su peor escenario es armar una candidatura presidencial del PRO -que él mismo ofreció sin éxito al menos a uno de los gobernadores de su partido y a otros macristas un poco más convencidos- y dejarle la mesa servida a Karina Milei para que lo acuse de dividir el oficialismo para beneficiar al peronismo.
El ex presidente tiene un plan para esquivar ese riesgo y es bloquear el proyecto de La Libertad Avanza para eliminar las PASO. Si existen las PASO, Macri podrá pedir que le permitan competir dentro de una alianza oficialista y presentar su propia lista de legisladores nacionales. En ese caso, conseguirá trasladar la responsabilidad al Gobierno:ya no será él quien juega para beneficiar al peronismo, porque serán los Milei quienes no le permiten competir y lo obligan a competir por afuera.
Esa alianza a nivel nacional que imagina Macri entre La Libertad Avanza y el PRO, está cocinándose ya en algunas provincias. El encargado de armarla, y de ampliarla a los radicales y acaso a algún peronista, es Eduardo “Lule” Menem, la mano derecha de Karina Milei en las cuestiones electorales. En el Gobierno dicen que en Chaco ya hay un acuerdo cerrado con el radical Leandro Zdero, que incluye el compromiso de hacer las elecciones de cargos provinciales el mismo día que las nacionales.
Lule Menem está negociando un pacto parecido con el entrerriano Rogelio Frigerio, aunque en este caso la simultaneidad de elecciones está descartada. Karina y Menem están hablando también con el radical mendocino Alfredo Cornejo, que ya dejó establecida como condición, que el diputado Luis Petri participe con sus ex colegas radicales en una interna por la gobernación. “Acá adentro, a Petri le ganamos”, le dijo Cornejo a Karina. La hermana presidencial, dicen en Mendoza, atendió ese pedido.
Hay dos cosas que están complicando las negociaciones como esa. Una es la caída en la imagen del Presidente que se verificó en casi todo el país los últimos dos meses, que la mayoría de los encuestadores adjudica a dos vectores concurrentes: el disgusto de los trabajadores industriales y otros ex votantes peronistas con las consecuencias de la economía de Milei y el malestar de los macristas con el escándalo de Manuel Adorni.
Hoy Milei sigue siendo el candidato a presidente mejor posicionado, pero mide peor que algunos gobernadores. “Yo necesito a los votantes mileístas porque si vamos divididos nos gana el peronismo, pero la verdad es que hoy, mi cercanía al Gobierno me tira para abajo. Si la economía no mejora de manera visible ser oficialista será cada vez más difícil”, le dijo a Clarín uno de los gobernadores que se mueve prácticamente como un satélite de Milei.
A veces, algunos rincones del consumo de productos no estrictamente esenciales pero que de ningún modo están asociados al lujo ayudan a explicar ese desencanto. En el primer trimestre del año, la venta de gaseosas de las principales marcas cayó un 3,7% en comparación con el año pasado. La de cerveza está un 6% abajo y, para entender mejor el problema, hay que recordar que, comparado con 2022, hoy se toma un 30 por ciento menos de esa bebida.
Es cierto que en ese derrumbe se incluyen algunas tendencias que se replican en el mundo, pero también hay que decir que la mayor parte de ese período coincide con la llegada de Milei. Quien dejó de tomar una cerveza o una gaseosa con amigos o con la familia por carencias económicas no está contento. La otra son las esquirlas que diseminó en todas las provincias la bomba de la Decisión Administrativa 20/2026, que firmó Luis Caputo hace veinte días.
Con ese texto, el ministro de Economía recortó 2,5 billones de pesos del gasto público. Los ajustes más resonantes fue los que hizo en las áreas de Salud y Educación, pero el renglón de “transferencias a provincias y municipios” recibió un sablazo de $ 971.450 millones, casi un 40% del total. Básicamente, lo que hizo Caputo con esa resolución fue dinamitar todas las promesas que les ofreció Diego Santilli a los gobernadores desde que asumió como ministro del Interior.
Las obras viales, de saneamiento, de infraestructura hídrica, entre otras, que habían aceitado en los últimos meses la relación del Gobierno con gobernadores radicales, del PRO y también del peronismo no kirchnerista fueron sacrificadas en el altar del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y sólo los mandatarios que lograron entender la magnitud del ajuste -algunos se pasaron una semana entera revisando una por una las planillas del Boletín Oficial de ese fatídico 11 de mayo- pudieron reaccionar y pidieron compensaciones a tiempo.
Delta