Claves
- Nahir Galarza fue consultada sobre la familia de Fernando Pastorizzo y sobre la posibilidad de reparar, aunque sea simbólicamente, una parte del daño causado.
- La respuesta estuvo atravesada por una mezcla de resignación y reconocimiento de la magnitud de la pérdida que sufrieron los padres y allegados del joven asesinado.
- “¿Te parece que a la familia de Fernando le serviría que yo les pidiera perdón?”, planteó.
Durante más de una hora, Galarza habló de la culpa, de la condena que cumple desde 2018, de la relación que mantuvo con Pastorizzo, de las secuelas emocionales que arrastra y de la forma en que el caso transformó su identidad pública. En el tramo final de la entrevista con OLGA, Nahir Galarza se refirió al pedido de perdón a la familia de Fernando Pastorizzo, cuestionó la imagen pública construida sobre su figura y confesó sus temores ante una eventual salida en libertad.
Nahir Galarza fue consultada sobre la familia de Fernando Pastorizzo y sobre la posibilidad de reparar, aunque sea simbólicamente, una parte del daño causado. La respuesta estuvo atravesada por una mezcla de resignación y reconocimiento de la magnitud de la pérdida que sufrieron los padres y allegados del joven asesinado. “¿Te parece que a la familia de Fernando le serviría que yo les pidiera perdón?”, planteó.
La pregunta fue formulada por ella misma antes de desarrollar una reflexión sobre el sentido que puede tener una disculpa después de tantos años. Según explicó, durante el proceso judicial intentó acercarse a la familia para expresar sus sentimientos, pero ese encuentro nunca llegó a concretarse. “Lo intenté hacer antes del juicio”, recordó. La joven relató que, a través de sus abogados, buscó generar una instancia de diálogo, aunque la propuesta fue rechazada. “No quisieron y lo comprendí totalmente”, afirmó.
A diferencia de otras entrevistas en las que el pedido de perdón ocupó un lugar central, en esta ocasión Galarza se mostró escéptica respecto de la utilidad real de ese gesto. “No sirve de nada que yo pida perdón”, sostuvo. La frase no implicó una falta de arrepentimiento, sino una reflexión sobre la imposibilidad de modificar lo ocurrido. Según explicó, ninguna declaración pública puede devolverle la vida a Fernando Pastorizzo ni reparar el sufrimiento de su familia.
“No voy a revertir nada con un par de palabras”. La respuesta dejó entrever una mirada más introspectiva y menos orientada a buscar validación pública. Otro de los temas que atravesó la última parte de la conversación fue el impacto que tuvo la enorme exposición mediática del caso. Nahir Galarza se convirtió en una de las personas más conocidas de la Argentina sin haberlo deseado. Desde 2018, su nombre aparece asociado de manera permanente a uno de los casos policiales más resonantes de las últimas décadas.
Según contó, durante años intentó comprender por qué su historia alcanzó semejante nivel de repercusión. “Tomé noción de eso varios años después”, explicó. La joven aseguró que en los primeros tiempos de detención ni siquiera era consciente de la magnitud que había alcanzado su caso. Al analizar la cobertura mediática, volvió a cuestionar la imagen pública que se construyó sobre ella. “Crearon un personaje”, afirmó.
La condenada sostuvo que muchas veces se sintió representada por una versión exagerada o distorsionada de sí misma. “Yo no me identifico con todo lo que dicen”. También señaló que gran parte de las personas que hablan sobre el caso desconocen cómo era realmente la relación que mantenía con Fernando Pastorizzo. “La relación la sé yo porque la viví yo”, expresó. Aunque inmediatamente reconoció una limitación fundamental. “Fernando no puede defenderse”.
Uno de los aspectos que más le llamó la atención durante estos años fue la comparación de su caso con otros criminales notorios. Entre ellas, la que más repercusión tuvo fue la que la vinculó con Robledo Puch. “Me comparaban con Robledo Puch y no puede ser”, sostuvo. La joven recordó que el histórico asesino serial fue condenado por once homicidios y que las características de ambos casos son completamente diferentes.
Según su interpretación, las comparaciones surgieron a partir de la juventud que ambos tenían al momento de ser condenados. Pero insiste en que no existe ninguna similitud real. “Yo no me identifico tampoco”. Consultada sobre el futuro, Galarza admitió que le cuesta imaginar una vida fuera de prisión. Su condena perpetua implica que todavía le quedan muchos años por delante antes de poder acceder a beneficios que le permitan recuperar la libertad. “Lo veo muy lejos”, respondió.
La frase se repitió varias veces durante la entrevista cuando le preguntaron por proyectos personales o metas futuras. La joven explicó que la enorme distancia temporal entre su presente y una eventual salida le impide hacer planes concretos. “No pienso mucho en eso porque me pongo muy mal”. Uno de los momentos más sinceros de la conversación apareció cuando habló sobre la falta de motivación que experimenta en algunos períodos.
Aunque estudia, realiza cursos y participa de distintas actividades, reconoció que muchas veces le cuesta encontrar un propósito. “Últimamente me he sentido muy desanimada”. Según explicó, el problema surge cuando piensa que gran parte de lo que aprende tal vez nunca podrá aplicarlo en la práctica. “Me gusta muchísimo la carrera que estoy haciendo, pero sé que no voy a ejercer”. Esa sensación la llevó a cuestionarse la utilidad de muchos de sus esfuerzos. “No le veo sentido”.
La maternidad también apareció como uno de los temas vinculados al futuro. Después de hablar sobre el embarazo que atravesó antes del crimen, fue consultada sobre la posibilidad de formar una familia cuando recupere la libertad. “Me gustaría tener hijos en algún momento”, respondió. Sin embargo, volvió a remarcar que se trata de una posibilidad demasiado lejana. “Tampoco lo pienso porque estoy encerrada”.
Explicó que las condiciones de detención limitan incluso la posibilidad de proyectar cuestiones tan personales como la maternidad. Y recordó que las mujeres privadas de libertad enfrentan restricciones específicas en ese aspecto. Aunque gran parte de la entrevista estuvo centrada en la vida dentro de prisión, también hubo espacio para hablar sobre los temores que genera una eventual salida. Nahir reconoció que le preocupa cómo reaccionará la sociedad cuando llegue ese momento.
“La verdad que sí”, respondió cuando le preguntaron si le inquieta ser reconocida en la calle. Según explicó, incluso durante los traslados autorizados siente el peso de la notoriedad pública. “Se me quedan mirando”. También relató que muchas personas la saludan o intentan acercarse cuando la identifican. Y admitió que esas situaciones le resultan incómodas. La ciudad donde ocurrió el crimen ocupa un lugar particular en sus reflexiones sobre el futuro.
Cuando le preguntaron si se imagina regresando a vivir en Gualeguaychú, respondió de manera contundente. “No”. La respuesta no estuvo relacionada con un sentimiento de rechazo hacia la ciudad, sino con la percepción de que allí siempre será identificada por el caso. “No sé si les gustaría verme caminando por las mismas calles”. Según explicó, intenta ponerse en el lugar de quienes todavía recuerdan el crimen y comprenden que su presencia podría generar incomodidad.
Por eso, considera improbable regresar de manera permanente. En uno de los momentos más emotivos de la entrevista, los periodistas le preguntaron qué es lo que más extraña de la vida fuera de la cárcel. La respuesta no estuvo relacionada con objetos materiales ni con lujos. Tampoco mencionó viajes, tecnología o actividades específicas. Lo primero que apareció fue algo mucho más simple. “Ver el cielo”. Galarza describió cómo es el patio al que accede dentro de la unidad penal.
Explicó que las rejas cubren gran parte de la vista y que muchas veces siente que observa el mundo fragmentado. “Eso me pone muy mal”. También mencionó los árboles, los espacios abiertos y la posibilidad de caminar sin límites físicos. La entrevista concluyó con una pregunta sobre el legado que le gustaría dejar. En una época donde muchas figuras públicas buscan trascender o ser recordadas, la respuesta de Nahir fue completamente diferente. “Preferiría que no me recuerden”, dijo a OLGA.
La frase sorprendió incluso a los entrevistadores. La joven explicó que no desea seguir ocupando un lugar en la memoria colectiva argentina. “Que no me recuerden directamente”. Y agregó una reflexión que resume buena parte de la entrevista. “Tampoco entiendo por qué se llama caso Nahir Galarza y no caso Fernando Pastorizzo”. La afirmación fue una de las últimas que realizó antes de finalizar la conversación.
A casi nueve años del crimen que conmocionó al país, la aparición pública de Nahir Galarza volvió a generar debate. A lo largo de más de una hora habló de culpa, arrepentimiento, responsabilidad, prisión perpetua, salud mental, relaciones familiares y proyectos que quedaron suspendidos por el encierro. También cuestionó aspectos de la condena que recibió y la forma en que fue retratada durante años por los medios de comunicación.
Sin embargo, hubo una frase que atravesó toda la entrevista y que sintetizó gran parte de su mensaje actual. “Soy responsable de quitarle la vida a una persona”. Esa afirmación, pronunciada casi nueve años después del asesinato de Fernando Pastorizzo, volvió a colocar el caso en el centro de la discusión pública y cerró una entrevista que dejó definiciones, contradicciones y reflexiones sobre uno de los episodios policiales más impactantes de la historia reciente argentina.
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