Claves
- Durante años, José Eduardo Lauritto construyó una imagen singular dentro del peronismo entrerriano.
- Sin embargo, la realidad política de los últimos años comenzó a erosionar esa construcción.
- La nueva denuncia presentada por la Asociación de Obreros y Empleados Municipales de Concepción del Uruguay se suma a una serie de cuestionamientos que ya venían golpeando la figura del intendente.
Durante años, José Eduardo Lauritto construyó una imagen singular dentro del peronismo entrerriano. Mientras otros dirigentes quedaban envueltos en denuncias, internas y escándalos de corrupción, él aparecía como el dirigente moderado, el académico, el hombre prudente que parecía mantenerse al margen de las disputas más oscuras del poder. Sin embargo, la realidad política de los últimos años comenzó a erosionar esa construcción.
La nueva denuncia presentada por la Asociación de Obreros y Empleados Municipales de Concepción del Uruguay se suma a una serie de cuestionamientos que ya venían golpeando la figura del intendente. Antes fueron las denuncias de una concejal por presuntos malos tratos y hostigamiento. Ahora es el principal gremio municipal el que habla de persecución sindical, abuso de autoridad y falsa denuncia.
Más allá de lo que finalmente determinen los tribunales, el dato político es inocultable: Lauritto ya no ocupa el lugar del dirigente inmune a las críticas que supo construir durante décadas. Durante años fue presentado como la contracara de los excesos del poder. Como el dirigente serio, racional y equilibrado frente a una política provincial sacudida por escándalos permanentes.
Sin embargo, el derrumbe institucional provocado por la causa de los contratos truchos terminó golpeando también a quienes durante mucho tiempo parecían haber quedado al margen de toda responsabilidad política. La sociedad entrerriana comenzó a preguntarse cómo fue posible que durante más de una década funcionara uno de los mayores mecanismos de desvío de fondos públicos de la historia provincial sin que nadie dentro de la estructura política e institucional advirtiera lo que estaba ocurriendo.
Y en ese contexto, los viejos certificados de pureza empezaron a perder valor. Hoy Lauritto enfrenta una situación impensada años atrás. Ya no es solamente un dirigente sometido al desgaste natural de la gestión. Es un dirigente cuya figura aparece asociada a cuestionamientos crecientes, conflictos con trabajadores, denuncias públicas y un clima de confrontación que contrasta con la imagen dialoguista que durante años cultivó.
Por eso la discusión ya no pasa solamente por la veracidad o falsedad de cada denuncia puntual. Lo que está en debate es algo más profundo: el agotamiento de un relato político que durante décadas presentó a determinados sectores del poder entrerriano como moralmente superiores al resto. La historia reciente demuestra que ningún dirigente puede sostener indefinidamente una reputación basada exclusivamente en percepciones.
Cuando las denuncias se acumulan, cuando los conflictos se multiplican y cuando los sectores sociales comienzan a expresar públicamente su malestar, la imagen construida durante años empieza a resquebrajarse.
Y eso es precisamente lo que parece estar ocurriendo con José Eduardo Lauritto: el hombre que alguna vez fue exhibido como uno de los dirigentes más intachables del peronismo entrerriano hoy enfrenta el desafío de explicar por qué cada vez son más los sectores que lo señalan como parte de los problemas que antes decía combatir. Web:
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