PERIODISTA ENSOBRADO: ¿QUIÉN ES EL DUEÑO DEL MEDIO BABEL Y PARA QUIÉNES "TRABAJA"?
¿Periodista independiente o mercenario del kirchnerismo entrerriano?
Hay una pregunta que Vladimir Alejandro Nichajew nunca responde en público: ¿cuánto cobra del Senado de la Nación?
No es una pregunta caprichosa. Es la pregunta más importante que se le puede hacer a alguien que se para frente a una cámara, invoca la libertad de prensa, denuncia la connivencia entre el poder y los medios, y después vuelve a su escritorio a redactar escritos judiciales para los mismos legisladores kirchneristas que le firman el contrato.
Porque eso es exactamente lo que hace "Valodia" Nichajew: cobrar del poder mientras finge que lo enfrenta.
Nichajew es abogado y periodista. Dirige Babel Digital, un portal de Concepción del Uruguay que se presenta, sin rubor, como "periodismo independiente". Ha dado entrevistas reflexionando sobre el rol del comunicador en la era digital. Ha denunciado presiones a la prensa. Ha posado de fiscal de los poderosos.
Es un personaje hábilmente construido: el intelectual de provincia, el abogado del pueblo, el periodista que no le teme a nadie.
El problema es que la realidad tiene documentos. Y los documentos no mienten.
Daniel Enz, director de Análisis Digital, reveló lo que Nichajew nunca contó en su propio portal: el director de Babel Digital cobra mediante contrato en el despacho del senador kirchnerista Adán Bahl, ex intendente de Paraná. No es un dato menor. Es el dato central. Es la llave que abre todo. Porque ese contrato no comenzó con Bahl. Viene de antes, del despacho de la ex senadora Stefanía Cora, quien ocupó la banca tras el escándalo de Edgardo Kueider. El kirchnerismo cambió de senador, pero Nichajew siguió en nómina. La continuidad no es ideológica: es salarial.
Un periodista que cobra del poder no es periodista independiente. Es un empleado que publica lo que conviene a su empleador. Punto.
Si el contrato en el Senado fuera el único elemento, ya alcanzaría para el escándalo. Pero Nichajew va más lejos. Con su firma como letrado representante, los diputados nacionales Guillermo Michel y Marianela Marclay, junto al senador Adán Bahl —su empleador— se presentaron ante los juzgados federales de Concepción del Uruguay para demandar al Estado uruguayo y a la empresa HIF Global por la instalación de una planta de hidrógeno verde en Paysandú.
Detengámonos un segundo en esto: el hombre que cobra en el despacho del senador Bahl actúa como abogado del senador Bahl en una causa judicial de alto impacto político y mediático. Y ese mismo hombre dirige un portal que —casualmente— cubre la causa con enorme simpatía hacia los demandantes. ¿Eso es periodismo independiente? ¿O es una operación política con tres patas: el contrato, el estudio jurídico y el portal de noticias?
La demanda contra la planta de hidrógeno en Paysandú merece un análisis separado, porque es el escenario donde Nichajew despliega todo su arsenal simultáneamente.
El kirchnerismo entrerriano —Michel, Marclay, Bahl— encontró en esta causa una oportunidad política perfecta: aparecer como defensores del ambiente en un contexto donde el gobierno de Milei avanza en acuerdos con Uruguay, donde el gobernador Frigerio —adversario político— también tiene posición en el tema, y donde el reclamo ambiental genera simpatía popular genuina.
El problema no es que la causa no tenga elementos legítimos. Puede tenerlos. El problema es quién la motoriza, por qué, y con qué recursos.
El abogado que representa a los legisladores kirchneristas en esa demanda es el mismo que cobra en el despacho de uno de ellos. Y el portal que le da cobertura mediática es el que dirige ese mismo abogado. En periodismo eso se llama conflicto de intereses. En política se llama operación. Nichajew lo llama trabajo.
Lo más perturbador del caso Nichajew no es la corrupción en sí —que en el kirchnerismo entrerriano tiene larga historia— sino el uso de la libertad de prensa como paraguas protector. Porque cuando alguien lo señala, o cuando una nota lo incomoda, Nichajew sabe perfectamente cómo posicionarse: como víctima del poder, como periodista acosado, como defensor de la prensa libre. Ha utilizado ese recurso antes. Lo volverá a usar.
Pero la libertad de prensa no es un blindaje para los que la traicionan desde adentro. Es una herramienta que se degrada exactamente cuando la usan quienes cobran del poder que fingen cuestionar. Un periodista que vive del kirchnerismo no puede investigar al kirchnerismo. No puede porque no quiere, y no quiere porque no puede. El círculo es perfecto y perverso. ¿Qué defiende realmente Vladimir "Valodia" Nichajew?
No la libertad de expresión: esa no se paga con contratos del Senado.
No el ambiente: eso no se defiende siendo el abogado rentado de los políticos que usan la causa ambiental como ariete electoral.
No el periodismo independiente: eso no se ejerce desde un portal que funciona como usina de comunicación del peronismo local.
Lo que defiende Nichajew es lo que siempre defendió: sus propios intereses, prolijamente alineados con los del kirchnerismo entrerriano que le da trabajo, clientes y cobertura política. El resto —el portal, los discursos sobre la prensa libre, los amparos judiciales— es escenografía.
Y la pregunta verdadera no es qué defiende Valodia Nichajew. La pregunta es cuánto tiempo más va a poder esconder la respuesta detrás de un micrófono.
Delta