viernes, 19 de junio de 2026
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Entre Rios

Puerto Sánchez despidió a su Madre Costera con historias de amor y gratitud: "siempre estaba para los chicos"

Puerto Sánchez despidió a su Madre Costera, Dominga Ayala. Vecinos recordaron su solidaridad, amor por los chicos y legado en la cultura costera.

Publicado Por ElonceLectura 7 min
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Claves

  • La muerte de Dominga Ayala, reconocida como la Madre Costera e inspiración de la emblemática “Canción de cuna costera”, provocó profundo dolor en Puerto Sánchez.
  • Vecinos que compartieron su vida desde la infancia recordaron su solidaridad, su sabiduría ribereña y el legado cultural que dejó para generaciones de entrerrianos.
  • Dominga Ayala dejó una huella imborrable en Puerto Sánchez y en toda la cultura litoraleña.

La muerte de Dominga Ayala, reconocida como la Madre Costera e inspiración de la emblemática “Canción de cuna costera”, provocó profundo dolor en Puerto Sánchez. Vecinos que compartieron su vida desde la infancia recordaron su solidaridad, su sabiduría ribereña y el legado cultural que dejó para generaciones de entrerrianos. Dominga Ayala dejó una huella imborrable en Puerto Sánchez y en toda la cultura litoraleña.

La histórica referente costera falleció este miércoles 17 de junio de 2026 a los 93 años en la ciudad de Crespo, cerrando una vida marcada por el río Paraná, la pesca, las tradiciones populares y el compromiso con su comunidad. Conocida cariñosamente como “Minga”, su figura trascendió las fronteras del tradicional barrio costero paranaense gracias a la célebre "Canción de cuna costera" de Linares Cardozo, obra inspirada en su historia y en la forma de vida de quienes crecieron junto al río.

Su partida generó una profunda conmoción entre vecinos, artistas, investigadores y amantes de la cultura regional. Desde Puerto Sánchez, donde transcurrió gran parte de su vida, los recuerdos comenzaron a multiplicarse apenas se conoció la noticia. Allí, entre canoas, barrancas y relatos de pescadores, Dominga construyó una identidad que terminó convirtiéndose en símbolo de toda una comunidad.

Uno de los testimonios más sentidos fue el de Edgardo Lemos, vecino nacido y criado en Puerto Sánchez, quien recordó a Dominga como una presencia permanente durante su infancia. "Es un día muy triste. Vienen muchos recuerdos de ella como vecina y como abuela, digamos, porque uno vivió acá de chico. Yo nací y me crié acá, prácticamente nos pasábamos en la casa de ella. Era una abuela más", expresó con emoción al dialogar con Elonce. La relación de Dominga con los niños del barrio marcó a varias generaciones.

Su casa era un lugar de encuentro, de contención y de aprendizaje cotidiano. No necesitaba grandes discursos para transmitir enseñanzas; su ejemplo hablaba por ella. "Tenía mucha paz interior. Transmitía mucha enseñanza con su silencio, con las cosas que hacía. Uno la observaba, la miraba. Era una mujer de mucha cultura costera", recordó Lemos. Entre los recuerdos que permanecen intactos en la memoria de los vecinos aparecen escenas sencillas que hoy adquieren un valor enorme.

La costa, los juegos infantiles y las comidas compartidas forman parte de ese legado afectivo. "No sé cuántos años tendría, era muy chico. Estaban los nietos de ella y nosotros mojarreábamos. Antes la costa era la calle y el río. Terminaba la calle y era el río. Sacábamos mojarras y ella nos hacía tortillas de mojarrines o mojarras fritas", relató. Aquellas jornadas representaban mucho más que una comida.

Eran momentos en los que Dominga transmitía conocimientos sobre la naturaleza, la convivencia y la vida costera. Según Lemos, las conversaciones con ella surgían espontáneamente y siempre dejaban alguna enseñanza. "Hablábamos de cosas de la vida. Le gustaban mucho las plantas, tenía muchísimas y una mano bárbara para cuidarlas. No alcanzaba el tiempo para preguntarle todo lo que sabía porque era una mujer que sabía mucho de pesca, de canoas, de ranchadas y de casas. Tenía una cultura enorme", señaló.

Quienes la conocieron coinciden en que gran parte de la sabiduría de Dominga provenía de una existencia marcada por el esfuerzo. Su historia personal estuvo atravesada por el trabajo, las privaciones y la lucha cotidiana que caracterizó a muchas familias ribereñas del litoral. "Muchas vivencias tenía. Según la historia, vino de Colón siendo muy chica. Hay que ver todo lo que pasó esa mujer: frío, hambre, trabajo. Uno no se imagina todo lo que vivió", reflexionó Lemos.

Pese a las dificultades que enfrentó a lo largo de los años, quienes compartieron momentos con ella destacan que siempre mantuvo una actitud positiva y una profunda conexión con aquello que consideraba esencial. "Ella, en su humilde casa, siempre muy linda. Yo creo que no le hacía falta nada. Con lo que tenía era feliz", afirmó el vecino. La imagen que muchos conservan de Dominga está ligada al paisaje de Puerto Sánchez: las canoas, la costa y las tareas vinculadas al río.

"Siempre estaba con las botas, arreglando la costa o haciendo algo relacionado con el río. En la canción también aparece siempre haciendo algo de costa. Ese es el recuerdo que tengo de ella", indicó. La obra de Linares Cardozo convirtió a Dominga Ayala en una referencia cultural mucho más allá de Puerto Sánchez. Gracias a esa composición, la vida ribereña y las costumbres del barrio alcanzaron una difusión que trascendió generaciones.

Para Lemos, la canción representa una descripción exacta de la infancia y la identidad costera de quienes crecieron junto al Paraná. "Al escuchar la canción, uno mismo se imagina cómo pudo haber sido de chico, cómo nos criaron. Uno escucha la letra y sabe cómo se hizo la cuna, con qué material se hizo. Se imagina la luna, el sol, todo lo que dice la canción tal cual es", expresó. Además, consideró que la popularidad de la obra ayudó a que Puerto Sánchez fuera reconocido en distintos puntos del país.

"Gracias a ella y a la canción, el barrio se hizo más conocido. La canción permitió mostrar quiénes somos y cómo vivimos los que nacimos acá", sostuvo. La identificación entre la letra y la vida cotidiana de la comunidad explica por qué la figura de Dominga terminó convirtiéndose en un símbolo colectivo que excedió su propia historia personal.

Otro de los vecinos que compartió gran parte de su vida con Dominga fue Eduardo “Dardy” Escouboue, quien la definió como una persona excepcional y profundamente comprometida con los demás. "Excepcional. Siempre estaba para los chicos, siempre", resumió a Elonce. Al recordar distintos momentos de su vida, destacó especialmente el rol maternal que asumió con niños y jóvenes que atravesaban situaciones difíciles. "Ella tuvo también una hija adoptada que perdió en un accidente.

Después crió al Rana, que era hijo de Negrito Ticona, quien se ahogó cuando pescaba. Ese chico se recibió en la Prefectura, pero murió en un hecho trágico durante el servicio", relató. Para Escouboue, esa vocación permanente por ayudar explica el enorme cariño que despertó en la comunidad. "Ella era como madre de todos acá. Siempre fue amable con todos, servicial, de todo. Fue una leyenda de acá, de la costa", aseguró.

Más allá de su vínculo con la cultura costera, quienes la conocieron destacan valores humanos que marcaron su forma de relacionarse con los demás. Escouboue recordó que Dominga solía transmitir enseñanzas simples pero profundas sobre la solidaridad y la empatía. "Lo que más aprendimos de ella fue la honestidad, la amabilidad y estar siempre al lado del otro que necesita", afirmó. Según contó, esas enseñanzas se repetían constantemente en las conversaciones que mantenía con vecinos y amigos.

"Ella siempre decía que hay que ayudar porque algún día le puede pasar a uno. Pensaba mucho en los chicos que no tienen para comer, en los que no pueden ir a ningún lado", recordó a Elonce. La preocupación por quienes atravesaban dificultades formó parte de una filosofía de vida que mantuvo hasta sus últimos años y que terminó convirtiéndose en una marca distintiva de su personalidad. Además de su historia personal y de la canción que la inmortalizó, Dominga también dejó un valioso testimonio escrito.

Escouboue recordó que publicó un libro de memorias donde repasó episodios de su vida y de la historia del barrio. "Ella escribió un libro con sus memorias y ahí cuenta una historia mía de cuando era un gurí", comentó. Ese trabajo permitió preservar relatos, costumbres y experiencias que forman parte del patrimonio cultural de Puerto Sánchez y de la identidad ribereña entrerriana. La noticia de su fallecimiento generó múltiples expresiones de afecto y reconocimiento.

Para quienes compartieron con ella la vida cotidiana junto al Paraná, su partida representa mucho más que la pérdida de una vecina ilustre. "Dominga Ayala era muy querida, muy querida, y siempre estuvo. Ante cualquier cosa que pasaba para ayudar, siempre estaba al lado de uno, de otro. Muy amable ella. Yo la quería mucho; de chico me quedaba a dormir en su casa", concluyó Escouboue. Con su muerte se cerró un capítulo fundamental de la historia costera entrerriana.

Sin embargo, su legado continúa vivo en las memorias de quienes la conocieron, en las páginas que escribió, en las historias transmitidas de generación en generación y en la inmortal "Canción de cuna costera", que seguirá evocando para siempre la figura de la mujer que se convirtió en la Madre Costera de Puerto Sánchez.