Claves
- De la redacción de INFORME DIGITAL La política suele hablar más por los hechos que por los discursos.
- Y en apenas cuatro días ocurrieron tres movimientos que, observados por separado, podrían parecer circunstanciales.
- Pero juntos conforman una secuencia política difícil de ignorar.
De la redacción de INFORME DIGITAL La política suele hablar más por los hechos que por los discursos. Y en apenas cuatro días ocurrieron tres movimientos que, observados por separado, podrían parecer circunstanciales. Pero juntos conforman una secuencia política difícil de ignorar. Primero, el ministro de Gobierno y Trabajo, Manuel Troncoso, uno de los principales armadores políticos de la gestión de Rogelio Frigerio, intervino públicamente en la discusión concordiense.
Lo hizo reivindicando la gestión de Francisco Azcué, calificando como legítima su aspiración de reelección, pero al mismo tiempo reclamando “humildad” para reconstruir el frente político que lo llevó al poder en 2023. Después trascendió que la UCR entrerriana avanzaba hacia una modificación del calendario interno que permitiría al intendente de Concordia reunir los requisitos necesarios para competir por la presidencia del radicalismo provincial.
Y cuando todo parecía encaminado hacia esa definición, el Congreso partidario convocado para este sábado en Villaguay fue suspendido. La explicación formal fue la falta de temas urgentes y las dificultades de traslado planteadas por numerosos congresales. La explicación política es bastante más compleja. Porque el único punto que iba a tratar el Congreso era precisamente el acortamiento de los mandatos partidarios para permitir la renovación de autoridades este año.
Y esa decisión tenía un beneficiario político evidente: Francisco Azcué. Las declaraciones de Troncoso fueron mucho más que una reflexión sobre la gestión municipal. Cuando reclamó reconstruir el frente político de 2023, recordó explícitamente que la victoria de Azcué fue posible gracias a una construcción amplia que incluyó al PRO, al MID, al radicalismo, a sectores vecinalistas encabezados por Eduardo Cristina e incluso a una porción importante del electorado peronista.
“Ganamos con gran parte del voto peronista”, sostuvo el ministro. Detrás de esa afirmación aparece una realidad política conocida en Concordia: la derrota del peronismo en 2023 fue producto de una coalición excepcional que logró reunir sectores históricamente enfrentados. La discusión actual pasa por determinar si aquella alianza sigue intacta o si necesita ser reconstruida para enfrentar los desafíos que vienen.
Por eso muchos dirigentes interpretaron el mensaje de Troncoso no sólo como una defensa de la gestión municipal sino también como una advertencia política. La segunda señal llegó desde el radicalismo. Las principales corrientes partidarias habían acordado impulsar una modificación del calendario interno para que la renovación de autoridades se produjera entre octubre y noviembre. Si eso ocurría, Azcué llegaba con la antigüedad de afiliación necesaria para competir por la presidencia de la UCR entrerriana.
No era un dato menor. Hace apenas un año el intendente de Concordia debió resignar esa posibilidad tras una impugnación impulsada por sectores internos del radicalismo tradicional. Aquella resistencia estuvo encabezada por dirigentes que hoy representan una clara minoría dentro del partido. Por eso la pregunta comenzó a girar en sentido contrario. Si los sectores críticos no tienen los números para imponer condiciones, ¿quiénes estaban habilitando el camino para que Azcué pudiera competir?
La respuesta conduce inevitablemente a los sectores mayoritarios de la UCR. Y esos sectores forman parte de la coalición política que sostiene al gobierno de Rogelio Frigerio. Entre ellos aparecen dirigentes como Atilio Benedetti, Gustavo Cusinato, Alicia Oviedo, Darío Schneider y buena parte de la estructura partidaria que hoy tiene responsabilidades institucionales o mantiene una relación política directa con el oficialismo provincial.
Por eso la hipótesis de que Azcué avanzaba hacia la conducción radical no podía explicarse únicamente como una iniciativa personal. Necesariamente implicaba acuerdos políticos mucho más amplios. La suspensión del Congreso cambió el escenario. Hasta hace apenas 48 horas la discusión giraba alrededor de cuándo llegaría Azcué a la presidencia partidaria. Ahora la pregunta es otra. ¿Por qué se frenó? Las explicaciones pueden ser múltiples. Quizás el acuerdo no estaba tan consolidado como parecía.
Quizás algunos sectores entendieron que el proceso avanzaba demasiado rápido. O quizás simplemente se decidió postergar una discusión que todavía genera resistencias. Lo cierto es que la caída del Congreso interrumpió una secuencia política que parecía tener una dirección clara. Y eso alimentó nuevas especulaciones. Azcué tiene la posibilidad de buscar la reelección como intendente en 2027. Por eso algunos observadores consideran que la discusión excede el plano municipal.
La presidencia de un partido rara vez funciona solamente como una herramienta administrativa. Históricamente ha sido una plataforma para construir liderazgo, ampliar presencia territorial y proyectar figuras políticas. Más aún cuando se trata de Concordia. La ciudad fue la cuna política de Jorge Busti antes de sus tres gobernaciones. También fue la plataforma desde la cual Gustavo Bordet construyó su llegada a la Casa Gris.
Sergio Urribarri desarrolló gran parte de su carrera política en el departamento Concordia antes de convertirse en gobernador. La excepción fue Rogelio Frigerio, que llegó a la Gobernación desde una construcción política completamente distinta. Por eso la pregunta que empieza a escucharse en distintos ámbitos políticos es si detrás del fortalecimiento institucional de Azcué existe solamente un proyecto de reelección municipal o si se está construyendo algo más ambicioso.
La hipótesis más repetida dentro del oficialismo es que Frigerio buscará la reelección en 2027. Si eso ocurre, cualquier discusión sucesoria quedaría trasladada varios años hacia adelante. Sin embargo, algunos dirigentes formulan una pregunta todavía más incómoda.
Si Azcué logra consolidar un liderazgo partidario, fortalecer una estructura propia y ampliar su presencia territorial, ¿esa construcción está pensada exclusivamente para una etapa posterior a Frigerio o podría transformarse, llegado el momento, en una herramienta de negociación política frente al propio gobernador? Nadie dentro del oficialismo habla públicamente de una confrontación de ese tipo. Por el contrario, hoy la relación entre Frigerio y Azcué aparece alineada.
Pero la política tiene una característica conocida: los liderazgos que se construyen para acompañar una etapa muchas veces terminan disputando la siguiente. Por ahora no existen respuestas definitivas. Lo que sí existe es una sucesión de movimientos que parecen apuntar en una misma dirección. Y una pregunta que quedó flotando después de la caída del Congreso radical. Si la construcción política de Azcué avanzaba con el respaldo de los sectores mayoritarios del partido, ¿quién decidió enfriar el operativo?
Delta