Claves
- Porque Rossi, antes que un expulsado, fue durante anos el chivo expiatorio perfecto del PJ.
- El dirigente que servia para mostrar que «la Justicia funcionaba».
- El ejemplo que se exhibía cada vez que había que hablar de moral publica, transparencia o castigo a la corrupción.
La expulsión de Daniel Rossi del PJ, presentada por algunos como una condena política, puede terminar siendo exactamente lo contrario: su primer triunfo fuera de la jaula donde el peronismo entrerriano intento encerrarlo durante mas de veinte anos. Porque Rossi, antes que un expulsado, fue durante anos el chivo expiatorio perfecto del PJ. El dirigente que servia para mostrar que «la Justicia funcionaba».
El ejemplo que se exhibía cada vez que había que hablar de moral publica, transparencia o castigo a la corrupción. Mientras otros se acomodaban en los pliegues del poder provincial, a Rossi se lo cargo de causas, se lo señaló, se lo uso como advertencia y se lo convirtió en explicación fácil de todos los males. La paradoja es que ese mismo peronismo que lo señalaba nunca pudo ignorarlo. Lo quiso sacar, lo quiso ordenar, lo quiso domesticar, lo quiso dejar afuera. Y cada vez tuvo que volver a digerirlo.
En 2003, Rossi seguía siendo un actor central en Santa Elena. En 2007, cuando volvió a incomodar, termino inhabilitado. En 2011, aun sin poder pegar con nadie, volvió a mostrar que su peso territorial no dependía de una rosca provincial. En 2015, todo el PJ se instalo en la interna de Santa Elena para apoyar a Silvio Moreyra y derrotarlo. En 2019 lo dejaron afuera, y fue por afuera con una vecinal. En 2023 ya no les quedaba otra que asumir que el problema no era una boleta: era Daniel Rossi.
Ese es el punto que la expulsión termina revelando. Rossi no era un problema de votos. Era, y sigue siendo, un problema de territorio. Un dirigente que en La Paz siempre gano, o siempre armo bien. Que conserva una llegada propia. Que no depende de la lapicera provincial. Que puede construir con sello partidario, sin sello, por adentro, por afuera o desde una vecinal. El PJ puede expulsarlo formalmente, pero no puede expulsarlo de Santa Elena. No puede borrar seis gestiones municipales.
No puede negar que, aun atravesado por causas, operaciones y campanas en contra, Rossi conserva una identidad política reconocible: gestión, territorio, obra publica, equilibrio fiscal, gasto controlado y una consigna simple que vuelve con fuerza en tiempos de desencanto: cuando no se roba, se hace. Ahí esta la diferencia con buena parte de la dirigencia provincial. Rossi nunca fue un hombre cómodo para los negocios del poder.
Fue vicegobernador de Jorge Busti en la primera etapa, pero después hizo lo que casi nadie se animo a hacer dentro del peronismo entrerriano: pelear internas, ir por afuera, resistir proscripciones, bancarse derrotas, volver, ganar y sostener una base territorial sin pedir permiso. Por eso la expulsión puede ser un error histórico del PJ. Lo que pretendía ser una sanción termina siendo una liberación. Lo que buscaba presentarlo como pasado lo reubica como un dirigente de lucha.
Lo que intentaba aislarlo le da un nuevo marco: ya no tiene que explicar por que sigue dentro de un partido que lo persiguió, lo uso y lo maltrato. Ahora puede pararse de frente y decir que su camino es otro. Fuera del PJ, Rossi queda mas Rossi que nunca. Con una gestión exitosa en Santa Elena, con seis mandatos sobre la espalda, con un discurso mas claro y con una estructura vecinal que le permite hablarle a una provincia cansada de los aparatos, su expulsión no lo achica: lo ordena.
Le permite convertir una historia de resistencia local en una propuesta provincial. Rossi ya no necesita pedirle permiso al PJ para ser candidato. El PJ, en cambio, tendrá que explicar por que sigue expulsando a quienes tienen votos mientras conserva intactas tantas practicas que alejaron a la gente. Por eso, aunque algunos quieran vender la expulsión como una derrota, la lectura política es otra. Daniel Rossi ya gano. Gano porque dejo de ser el acusado útil del sistema.
Gano porque el partido que lo uso como ejemplo de castigo termino reconociendo, con su propia decisión, que nunca pudo resolver políticamente su existencia. Gano porque lo sacaron de una estructura que ya no lo contenía. Y gano porque ahora puede hacer lo que mejor sabe hacer: caminar el territorio, hablar sin intermediarios y construir desde abajo una alternativa vecinal para disputar la gobernación de Entre Ríos. El PJ lo expulso.
Pero, en política, a veces la puerta que te cierran es exactamente la que necesitabas cruzar.
Delta