Claves
- Firme llamado en favor de la paz y advertencias frente a la crisis del multilateralismo.
- El documento repasa una extensa agenda de los desafíos, conflictos y problemas que se le presentan actualmente a las personas, a las comunidades y la sociedad en el nivel nacional e internacional.
- Desde ese lugar el Papa pide que IA sirva a la humanidad y no al poder de pocos.
El papa Robert Prevost presentó la encíclica “Magnifica humanitas” en la que resume su pensamiento sobre la centralidad de la dignidad humana, los derechos de las personas y reflexiona sobre la Inteligencia Artificial y el desarrollo tecnológico en relación al trabajo, la guerra y los conflictos internacionales. Firme llamado en favor de la paz y advertencias frente a la crisis del multilateralismo.
Hablando desde la Sala Nueva del Sínodo, en el Vaticano, y con transmisión en directo, el papa León XIV presentó en la mañana de este lunes su primera encíclica -el documento de mayor importancia que puede ofrecer un pontífice católico- bajo el título “Magnifica humanitas” (Magnífica humanidad), un texto de cinco capítulos y 94 páginas de extensión dedicada a reafirmar la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la “doctrina social” -entendida como “la teología de la comunión”- y enfocada en “la protección de la persona humana en la era de la Inteligencia Artificial”.
León XIV hizo coincidir el anuncio con el 135 aniversario de la encíclica “Rerun novarum” (1891) del papa León XIII considerada la primera encíclica social de la Iglesia sobre la situación de los trabajadores y sus derechos. El documento repasa una extensa agenda de los desafíos, conflictos y problemas que se le presentan actualmente a las personas, a las comunidades y la sociedad en el nivel nacional e internacional.
“Desarmar la IA” Si bien hace hincapié en la incidencia que tiene la Inteligencia Artificial (IA) en la realidad actual, no hay en el texto una postura antitecnológica, sino, por el contrario, la reivindicación de los aportes que el desarrollo científico puede y debe hacer a la dignidad humana. Desde ese lugar el Papa pide que IA sirva a la humanidad y no al poder de pocos.
Lo anterior se sostiene en la idea propia del magisterio católico sobre “el destino universal de los bienes” y en ese sentido León XIV insiste en la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital.
En la misma línea el Papa pide “desarmar la IA” para apartarla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva y, al mismo tiempo, romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar, para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano. Por eso el pontífice demanda la elaboración de un código ético sometido a criterios de justicia social compartida porque -dice- “no sirve una IA moral si esa moral la deciden unos pocos”.
Y a renglón seguido advierte también sobre el impacto ambiental de las nuevas tecnologías que requieren grandes cantidades de energía y agua, afectando a la emisiones de dióxido de carbono y dañando la Creación. Reacción del cofundador de Anthropic Presente en el acto celebrado en la Santa Sede, Christopher Olah reaccionó a la iniciativa del Papa. El cofundador de la empresa Anthropic admitió que en el campo de la IA son necesarias “voces morales que los incentivos no puedan doblegar”.
Sostuvo que “todos los laboratorios de vanguardia en IA, incluyendo a Anthropic, operan dentro de un conjunto de incentivos y limitaciones que a veces pueden entrar en conflicto con hacer lo correcto”. Y agregó: “Por muy sinceramente que cualquiera de nosotros pretenda hacer lo correcto —y creo que muchos lo hacemos—, siempre nos veremos influidos por esos incentivos (...) Necesitamos que más gente en el mundo haga lo que su Santidad ha hecho aquí: tomárselo en serio".
León XIV dedica el capítulo segundo de su encíclica a retomar y reafimar los “fundamentos y principios de la doctrina social de la Iglesia”, incluyendo en primera instancia la dignidad de la persona y advirtiendo que “la presión de las nuevas ideologías y de determinados intereses muy poderosos” puede reducir a la persona a “un recurso que se usa y se explota” o a lo que “realiza y produce”.
Para el Papa “la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada” y agrega que para la doctrina social de la Iglesia la inviolabilidad de los derechos humanos es fundamental. Incluye dentro de estos derechos el derecho a la vida “desde la concepción hasta su final natural” en una clara condena al aborto y a la eutanasia.
Entre los derechos hay también un reconocimiento del derecho de las minorías pero reclamando así mismo una atención particular a la realidad de las mujeres en favor de quienes demanda “decisiones concretas” que se reflejen en leyes, en el trabajo, la educación, en la participación en responsabilidades sociales y políticas, y para que sean escuchadas y valoradas.
El quinto y último capítulo de la encíclica papal está dedicado al tema de las guerras para afirmar -entre otros conceptos- que es imprescindible superar la teoría de la “guerra justa” -incluida también en documentos del propio magisterio católico- para promover en cambio el diálogo, la diplomacia y el perdón. El “bien común” como “forma social de la dignidad reconocida a cada uno” es el eje de la enseñanza social de la Iglesia sostiene Robert Prevost.
“La promoción del bien común no puede separarse nunca del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad y a contribuir con originalidad a la familia de las naciones”. Por ese motivo, señala, “cualquier intento o proyecto de eliminar o someter a una nación es gravemente inmoral y, por tanto, inaceptable”.
En otro pasaje hay una referencia directa a los migrantes, los refugiados y los desplazados, para quienes se solicita tanto una acogida “digna e integración” cuando se ven obligados a partir, como “el derecho a quedarse” de cada uno en su tierra y en paz, para todo lo cual habrá que habrá que trabajar sobre “las causas profundas de las migraciones”.
En ese marco León se lamenta por el crecimiento de la industria bélica, la carrera armamentista nuclear y la aparición de nuevos actores armados que buscan perpetuar los conflictos como fuente de poder y de ingresos. Y, al mismo tiempo, es contundente la condena al uso de armas relacionadas con la IA.
“No existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable” porque la tecnología “no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad” y, agrega, “toda tecnología que facilite atacar sin ver el rostro del otro rebaja el umbral del conflicto”. Otra parte del documento está dedicada a la crisis del multilateralismo en las relaciones internacionales haciendo referencia al surgimiento de “un multilateralismo desordenado y conflictivo en el que prevalece la desconfianza hacia el otro”.
Así, dice el Papa, “la fuerza del derecho se sustituye por el derecho del más fuerte; las lógicas del poder prevalecen sobre la construcción de la paz, relegada a un segundo plano, y las instituciones creadas para custodiar el destino común de los pueblos se encuentran ahora debilitadas, sin que se reconozca su autoridad moral”. En consecuencia León XIV reclama “reformas profundas” en el sistema de Naciones Unidas para superar la actual “crisis de valores en favor del verdadero bien común”.
Avanzando sobre el mismo tema el Papa critica también las llamadas “guerras híbridas” que se libran en el terreno económico y en los ámbitos financiero e informático, aprovechando la desinformación y el miedo para influir en la opinión pública y, de esta manera, presentar el aumento del gasto militar como “la única respuesta” a un futuro incierto.
Según el pontífice todo lo anterior es “un falso realismo” y el conflicto armado no es más que un instrumento de “gestión cínica” y otra forma de desviar la atención de los problemas internos de los países. Frente a la “cultura del poder” León XIV propone la construcción de la “civilización del amor” que no elimina el conflicto como por arte de magia sino que promueve “una resistencia activa al mal y una sorprendente creatividad en el bien”.
En esa línea argumentativa el pontífice demanda “vías de responsabilidad: desarmar las palabras diciendo la verdad; construir la paz en la justicia social; asumir la mirada de las víctimas tomando posición, porque hay conflictos en los que “no es justo permanecer neutrales”. Y de manera concreta y específica señala que los ataques contra civiles, hospitales e infraestructuras hieren a la humanidad y no pueden quedar relegados al ámbito del análisis abstracto.
Para agregar que se debe dar voz a las víctimas para “tomar verdadera conciencia del abismo de la maldad que encierra” la guerra y toda violencia. Por tal motivo el Papa hace un llamado a promover “un sano realismo” que explore vías de paz viables con hechos y no solo con palabras. Todo lo cual debería encaminarse mediante una “cultura de la negociación” que deje atrás la “cultura del poder”.
Delta