viernes, 5 de junio de 2026
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Entre Rios

Vender ropa hoy: la lucha diaria de los comerciantes que buscan subsistir

El de la venta de ropa es uno de los rubros más golpeados por la caída del poder adquisitivo y los cambios de hábitos de los consumidores

Publicado Por UNO Entre Rios - La ProvinciaLectura 6 min
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Claves

  • Sin embargo, la combinación de caída del consumo, aumento de costos, competencia de productos importados y nuevas modalidades de compra está transformando profundamente el sector textil minorista en Argentina.
  • En su caso, hace poco más de un año tomó una decisión que nunca imaginó tener que adoptar: cerrar su local.
  • No fue por falta de experiencia ni de clientela.

El de la venta de ropa es uno de los rubros más golpeados por la caída del poder adquisitivo y los cambios de hábitos de los consumidores Por Vanesa Erbes Las compras de ropa a través de plataformas les restan clientes a los locales físicos Durante años, abrir un local de ropa fue para muchos emprendedores una posibilidad concreta de crecimiento económico.

Sin embargo, la combinación de caída del consumo, aumento de costos, competencia de productos importados y nuevas modalidades de compra está transformando profundamente el sector textil minorista en Argentina.

El testimonio de Rocío, una comerciante con más de dos décadas vinculada al rubro en Paraná y 12 años al frente de un local de indumentaria, refleja una realidad que atraviesan miles de personas que se decican a esta actividad y que se repite en distintos puntos del país: sostener un negocio de ropa se ha vuelto cada vez más difícil, e incluso vender de manera informal también reviste numerosos desafíos. En su caso, hace poco más de un año tomó una decisión que nunca imaginó tener que adoptar: cerrar su local.

No fue por falta de experiencia ni de clientela. Tampoco por falta de trabajo. Según cuenta, simplemente los números dejaron de cerrar. “Era imposible seguir. Entre alquiler, impuestos, servicios, contador y todos los gastos fijos, necesitaba vender muchísimo para apenas cubrir los costos”, aseguró a UNO. Actualmente continúa comercializando indumentaria, pero bajo una modalidad diferente: ventas a puertas cerradas, participación en ferias y atención a una cartera de clientas que conserva desde hace años.

En este contexto, Rocío confió que el abastecimiento de mercadería representa otro reto. Como muchos comerciantes del interior, ella viaja periódicamente a Buenos Aires para comprar ropa en Flores y La Salada. Y lo que antes era una rutina frecuente hoy requiere una planificación mucho más cuidadosa. El costo de los pasajes ronda entre los 85.000 y 95.000 pesos, mientras que para realizar una compra que justifique el viaje es necesario disponer de cerca de un millón de pesos.

Además, se trata de jornadas agotadoras: los viajes suelen comenzar por la noche, llegar a la madrugada a los centros comerciales mayoristas y regresar el mismo día, completando casi 24 horas fuera de casa.

Otro dato que aportó es que la empresa que organiza los tours de compras a estos lugares que conecentran la oferta mayorista redujo su frecuencia porque cada vez hay menos gente que va a comprar ropa: “Antes se viajaba tres veces por semana, y hoy como mucho hace ocho viajes al mes”, precisó, y confió: “Tengo conocidas que para sumar un ingreso emprezaron a ir a La Salada o a Flores a comprar, pero después les cuesta vender esa mercadería.

Yo vendo porque ya tengo mi clientela, pero a alquien que quiere empezar de cero no le recomiendo este rubro”. Es que más allá de los costos propios del negocio, los comerciantes coinciden en señalar un problema central: la caída del poder adquisitivo. “Hay menos plata circulando. La gente compra menos ropa y prioriza otras necesidades”, resumió Rocío.

Las compras de ropa a través de plataformas les restan clientes a los locales físicos Por otra parte, la incertidumbre económica también dificulta la toma de decisiones. Muchos evitan endeudarse para reponer mercadería porque desconocen si podrán recuperar la inversión. “Antes uno sacaba un crédito sabiendo que iba a vender. Hoy nadie puede asegurar eso”, sostuvo. Ante el cierre de numerosos locales, muchos emprendedores encontraron en las ferias una posibilidad para continuar vendiendo.

Sin embargo, tampoco se trata de una actividad exenta de riesgos. Participar implica pagar un espacio, trasladar mercadería, invertir tiempo y depender en gran medida de factores externos como el clima. Un día de lluvia o de fuertes vientos puede traducirse en una jornada sin ventas y en pérdidas económicas. “Hay veces que uno viaja, paga el puesto, gasta en comida y vuelve sin recuperar la inversión”, comentó Rocío.

Otro de los factores que los pequeños comerciantes señalan como una amenaza creciente es la competencia de negocios que ofrecen productos importados a muy bajo costo. En este sentido, Rocío mencionó que en Paraná son numerosos los locales de origen boliviano que se instalaron en los últimos años con precios muy bajos, y aseguró que ahora también están abarcando las ferias en las que ella participa.

En ese caso, observó que manejan grandes volúmenes de mercadería importada, con precios difíciles de igualar para quienes compran en cantidades reducidas y deben afrontar otros costos. “Te encontrás con gente que cae con camionetas llenas de mercadería y vende a precios con los que es imposible competir. Uno compra de a poco, viaja, trabaja todo el día y aun así no puede igualar esos valores”, refirió. El comercio electrónico argentino tiene hoy una fuerte competerncia en las plataformas extranjeras.

La comerciante observó que esta situación se suma al impacto de las plataformas internacionales de venta online y a la caída del consumo interno, configurando un escenario cada vez más complejo para los pequeños vendedores independientes. Al respecto, mecionó que aplicaciones como Shein y Temu han ganado terreno entre los consumidores argentinos gracias a sus precios competitivos y a la enorme variedad de productos disponibles. Para los pequeños comerciantes, esta realidad representa un desafío adicional.

“Con las compras online ya no competimos solamente con otros negocios de Buenos Aires: ahora también competimos con páginas internacionales donde la gente compra directamente desde el celular”, señaló. Ante este panorama, lamentó: “No es una sola cosa la que nos afecta hoy a los comerciantes de este rubro. Es un combo entre la falta de plata, las aplicaciones que venden directo al consumidor y también esta competencia que maneja otros volúmenes de compra”.

Según la experiencia de Rocío, la crisis actual no comenzó este año. Ella identifica un deterioro progresivo que se profundizó especialmente durante los últimos años. Muchos de sus colegas que llegaron a tener varios locales redujeron su actividad a uno solo, mientras que otros directamente abandonaron el rubro.

En muchos casos, comerciantes y emprendedores sostienen jornadas extensas para poder seguir con las puertas de sus locales abiertas, participan en ferias durante los fines de semana y desarrollan actividades complementarias para generar ingresos adicionales. “Trabajamos más que nunca, pero cuesta muchísimo avanzar”, resumió. Detrás de los números y las estadísticas aparecen también las consecuencias emocionales.

Para quienes dedicaron décadas a construir un negocio propio, la sensación de retroceso genera frustración e incertidumbre. Rocío reconoció que el cierre de su local fue uno de los momentos más difíciles de su vida laboral. Sin embargo, continúa apostando al trabajo cotidiano desde otro lugar y a la relación construida con sus clientas.

Su historia refleja la realidad de miles de pequeños comerciantes argentinos que hoy no piensan en crecer ni en expandirse, sino simplemente en sostener lo que lograron construir durante años de esfuerzo. En un contexto económico complejo y con hábitos de consumo en plena transformación, para muchos emprendedores la prioridad ya no es aumentar las ganancias, sino resistir y seguir adelante.