Claves
- Profesionales de la salud de la ciudad destacan que esta herramienta en los envases enseña a los consumidores a ser más críticos.
- Advierten sobre el peligro de volver a elegir solamente por el precio o el diseño.
- Comer es algo que hacemos todos los días, varias veces al día, pero cuando no sabemos qué tienen los alimentos, estamos comprando a ciegas”.
Profesionales de la salud de la ciudad destacan que esta herramienta en los envases enseña a los consumidores a ser más críticos. Advierten sobre el peligro de volver a elegir solamente por el precio o el diseño. La posible derogación de la Ley de Etiquetado Frontal por parte del Gobierno nacional volvió a poner en discusión una herramienta que, desde su implementación, modificó la forma en que millones de argentinos observan los alimentos que consumen.
Para muchos especialistas, la presencia de los octógonos negros en los envases no sólo representa un derecho a la información, sino también una herramienta fundamental para la prevención de enfermedades y la promoción de hábitos saludables.
La nutricionista gualeguaychuense María Chichizola, profesora de la carrera de Nutrición en la Facultad de Bromatología de la UNER, advirtió sobre las consecuencias que podría tener la eliminación de esta normativa y remarcó que el acceso a información clara y visible sobre los productos es clave para que las personas puedan tomar decisiones conscientes sobre su alimentación: “Nos afecta directamente en la libertad de elegir.
Comer es algo que hacemos todos los días, varias veces al día, pero cuando no sabemos qué tienen los alimentos, estamos comprando a ciegas”. La profesional sostuvo que, en ausencia de información clara, los consumidores suelen guiarse por aspectos que poco tienen que ver con la calidad nutricional de un producto.
El diseño del envase, las promociones, el precio o los mensajes publicitarios terminan influyendo más que la composición real de los alimentos: “Cuando no hay información, nos dejamos llevar por el envase lindo, el precio o la publicidad. El problema es que terminamos llenando la heladera con productos que parecen sanos, pero están llenos de calorías que no alimentan. Con el tiempo, esto se traduce en falta de energía, aumento de peso y problemas de salud”.
En ese sentido, destacó que los sellos de advertencia permiten devolverle al consumidor la capacidad de decidir con mayor conocimiento: “Ya no compramos un paquete de galletitas solo porque el paquete es verde o porque dice ‘light’, sino porque podemos ver realmente si nos conviene o no. Nos permite cuidar el bolsillo y la salud al mismo tiempo”.
Una herramienta clave en el consultorio La nutricionista que atiende en el Centro de Salud Juan Baggio explicó que el etiquetado frontal se convirtió en una herramienta cotidiana dentro de su trabajo profesional. Según indicó, uno de los principales desafíos es enseñar a las personas a interpretar la información nutricional para que puedan desenvolverse de manera autónoma al momento de hacer las compras. “Trabajo mucho con el etiquetado de alimentos.
Es importante que la gente sepa cómo leer un rótulo, que entienda qué está consumiendo y que, en caso de tener alguna restricción alimentaria por una patología, no dependa únicamente de una lista de alimentos permitidos o prohibidos. La idea es que tengan la capacidad de elegir por sí mismos y determinar si un producto es apropiado o no”, planteó.
Para la especialista, la información nutricional visible no solo favorece mejores hábitos, sino que también contribuye a generar consumidores más críticos frente a la oferta alimentaria. El impacto en quienes viven con enfermedades crónicas Uno de los aspectos que más preocupa a los profesionales de la salud es el efecto que tendría la pérdida de esta herramienta en personas que deben seguir dietas específicas por razones médicas.
“Si para una persona sana la falta de información es un problema, para alguien con una enfermedad crónica es un riesgo diario”, advirtió Chichizola. En el caso de la diabetes, explicó que conocer la cantidad de azúcares y carbohidratos que contiene un producto forma parte del tratamiento cotidiano.
Una elección incorrecta puede provocar alteraciones importantes en los niveles de glucosa en sangre: “Una persona con diabetes necesita saber exactamente cuánta azúcar o carbohidratos está comiendo para que no le suba la glucemia de golpe. Sin datos claros, una simple barra de cereal o un yogur que se venden como saludables pueden convertirse en una trampa que complique su salud”. Algo similar ocurre con quienes padecen hipertensión arterial.
Según explicó, el sodio es uno de los factores que más deben controlar estos pacientes, pero muchas veces se encuentra oculto en alimentos que no suelen asociarse con un alto contenido de sal: “El sodio no está solamente en el salero. Está presente en galletitas, aderezos, conservas y una gran cantidad de productos industrializados. Si una persona hipertensa no puede identificar rápidamente cuánta sal tiene lo que compra, es mucho más difícil que logre controlar su presión arterial”.
Por ese motivo, remarcó que la información clara en los envases debe entenderse como un complemento del tratamiento médico y nutricional. Cuando el marketing pesa más que la realidad Otro de los argumentos que respaldan la importancia del etiquetado frontal tiene que ver con las estrategias de marketing utilizadas por la industria alimentaria para promocionar determinados productos.
La nutricionista aseguró que es frecuente encontrar alimentos presentados como saludables cuando, en realidad, poseen elevados niveles de azúcar, grasas o sodio: “Las marcas son expertas en disfrazar comida muy procesada como si fuera natural. Utilizan colores, imágenes y mensajes que generan determinadas asociaciones en el consumidor”.
Entre los recursos más habituales mencionó el uso de fotografías de frutas frescas, campos verdes o ingredientes naturales, además de frases destacadas como “con vitamina C”, “0% grasas” o “hecho con avena”.
“El problema es que muchas veces, cuando uno lee la información nutricional completa, descubre que el primer ingrediente es azúcar o aceites de baja calidad, y que esos ingredientes saludables que aparecen en el frente del envase están presentes en cantidades mínimas”, señaló y mencionó ejemplos de mensajes que pueden inducir a confusión, como la leyenda “0% colesterol” en aceites vegetales, una característica que naturalmente poseen todos los productos de origen vegetal.
El rol de los octógonos negros Para la especialista, los sellos de advertencia incorporados por la Ley de Etiquetado Frontal lograron equilibrar la relación entre la publicidad y la información nutricional: “Los octógonos negros cambiaron el juego. Ahora, por más que una publicidad diga que un producto es ideal para los chicos o que es saludable, si tiene un sello de ‘Exceso en azúcares’, el consumidor cuenta con una advertencia clara y visible que le permite tomar una decisión más informada”.
Mientras el debate sobre el futuro de la norma continúa abierto, desde el ámbito de la nutrición advierten que el acceso a información simple y comprensible no solo fortalece el derecho de los consumidores, sino que también constituye una herramienta fundamental para prevenir enfermedades y promover una alimentación más saludable.
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