domingo, 7 de junio de 2026
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Aumentan los diagnósticos de Trastornos de la Conducta Alimentaria en Gualeguaychú

Esta semana se cumplió una fecha más del Día Mundial de Acción por los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), una jornada que tiene el objetivo...

Publicado Por El Dia OnlineLectura 8 min
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Claves

  • Profesionales especializadas en la materia señalan un aumento constante de pacientes con TCA, y resaltan que esta enfermedad aparece cada vez a edades más tempranas.
  • La falta de personal formado en el tema plantea desafíos para responder a la problemática desde la ciudad y muchas veces obliga a hacer derivaciones.
  • Según estadísticas de Deloitte Access Economics (Estados Unidos) cada 52 minutos muere una persona por TCA en el mundo.

Profesionales especializadas en la materia señalan un aumento constante de pacientes con TCA, y resaltan que esta enfermedad aparece cada vez a edades más tempranas. La falta de personal formado en el tema plantea desafíos para responder a la problemática desde la ciudad y muchas veces obliga a hacer derivaciones.

Esta semana se cumplió una fecha más del Día Mundial de Acción por los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), una jornada que tiene el objetivo de visibilizar estas enfermedades, desmitificar estereotipos y promover la detección temprana y el acceso a tratamientos adecuados. Según estadísticas de Deloitte Access Economics (Estados Unidos) cada 52 minutos muere una persona por TCA en el mundo.

En Argentina, entre el 10% al 15% de la población, padece algún trastorno de estas características, posicionando al país entre los más afectados. Gualeguaychú no está ajena a esta problemática, por eso, Ahora ElDía dialogó con profesionales locales para conocer qué impacto tiene en la ciudad. La licenciada en Nutrición Elsa Asrilevich, quien tiene 25 años de experiencia en el sector público y se jubiló recientemente del Hospital Centenario, señaló que “los TCA en Gualeguaychú han aumentado de manera sostenida.

El aislamiento de la pandemia de Covid-19 funcionó como un detonante cuyos efectos seguimos viendo hoy. A nivel local, las consultas privadas y públicas reflejan un incremento notable. Los profesionales advierten que la demanda ha crecido tanto en gravedad como en la velocidad con la que se desarrollan los síntomas”.

Paula Angelini, psicóloga con 23 años de experiencia en trastornos de la alimentación, también coincidió que desde la pandemia aumentó mucho la cantidad de consultas, y resaltó que “un dato importante a tener en cuenta es que Argentina es el segundo país con más casos de Anorexia nerviosa según la Fundación La Casita. Nos encontramos en el ranking después de Japón. Los pacientes con TCA tienen rangos de mortalidad muy altos, más que cualquiera otra enfermedad”.

Además de la anorexia y la bulimia, Asrilevich informó que “los Trastornos de la Conducta Alimentaria No Especificados (TANE) son extremadamente comunes. El trastorno por atracón, por ejemplo, consiste en ingerir cantidades excesivas de comida de manera descontrolada sin realizar conductas compensatorias (como vomitar). Por su parte, los TANE abarcan cuadros que no cumplen con todos los criterios estrictos de la anorexia o la bulimia, pero causan el mismo nivel de sufrimiento y riesgo clínico”.

“Los TCA dejaron de ser un tema tabú para convertirse en una urgencia de salud pública. Sin embargo, la teoría médica suele chocar de frente con la realidad: un sistema de salud, tanto público como privado, que trabaja al límite y con recursos escasos”, alertó.

Por su parte, la licenciada en Nutrición Constanza Morel apuntó que “muchas veces encontramos conductas como restricción alimentaria, miedo intenso a aumentar de peso, episodios de pérdida de control con la comida, culpa al comer, ejercicio compulsivo o una preocupación excesiva por la imagen corporal. Aunque estas situaciones no siempre reciben un diagnóstico específico, generan un importante malestar emocional, afectan la calidad de vida y pueden evolucionar hacia cuadros más graves si no se interviene a tiempo.

Por eso, considero fundamental ampliar la mirada y no enfocarnos únicamente en los casos más visibles o severos. Detectar tempranamente estas dificultades permite brindar acompañamiento antes de que el sufrimiento aumente y favorece mejores resultados terapéuticos”. La falta de profesionales formados en Trastornos de la Conducta Alimentaria señaló Asrilevich “es uno de los puntos más críticos en la ciudad.

El tratamiento de un TCA requiere, por definición, un equipo interdisciplinario (psicólogo, psiquiatra, nutricionista y médico clínico) especializado. La mayoría de los psicólogos, nutricionistas y médicos locales atienden estas patologías desde su formación general, haciendo un esfuerzo enorme, pero muchas veces se ven obligados a derivar a los pacientes a centros de mayor complejidad en grandes urbes debido a la falta de una red de contención local articulada”.

Itati Martínez Garbino, licenciada en Nutrición y especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria, subrayó que “la clave de un equipo interdisciplinario en el tratamiento de los TCA reside en su capacidad para abordar la complejidad de la patología. Dado que estos trastornos involucran dimensiones sociales, emocionales, familiares, psicológicas y físicas, por lo que resulta prácticamente imposible que un solo profesional pueda cubrirlas todas”.

Sobre cómo se aborda la problemática desde el sector público, Elsa Asrilevich contó que “en una estructura de salud con deficiencias históricas, el abordaje de los TCA no cuenta con un ala especializada o un dispositivo exclusivo. El Hospital Centenario recibe y canaliza estos casos principalmente a través de las guardias médicas (cuando hay una urgencia física o descompensación) o por medio del servicio de Clínica médica, y Salud Mental.

Debido a las fallas en la centralización de datos y el subregistro, no existe una cifra exacta y pública de cuántos casos ingresan mensualmente”. Respecto de la edad en la que más se evidencian estas enfermedades, la nutricionista apuntó que “el grupo más vulnerable sigue siendo el de los adolescentes y jóvenes de entre 12 y 25 años. Preocupa enormemente a la comunidad médica que la edad de inicio es cada vez más temprana; ya se registran casos alarmantes en niños y niñas de 9 y 10 años.

También afecta a adultos, que llevan años conviviendo con la patología. Históricamente, las mujeres se han visto más afectadas por la presión social y la estética. No obstante, los casos en varones han aumentado en los últimos años, manifestándose muchas veces a través de la obsesión por el desarrollo muscular (vigorexia)”.

Morel destacó que “actualmente sabemos que los hombres representan una proporción significativa de los casos y que muchas veces llegan más tarde a consulta por estigma o dificultades para reconocer los síntomas”. El impacto de la digitalidad Asrilevich coincidió en que el auge de las redes sociales “es un factor de riesgo significativo para el desarrollo o mantenimiento de los TCA. Provocan la comparación constante y fomentan estándares de belleza irreales que dañan la autoestima y la autopercepción.

Pueden ocultar conductas de riesgo bajo la apariencia de un ‘estilo de vida saludable’ (como ocurre con la ortorexia, la obsesión por comer sano)”. Martínez Gabino manifestó que “las redes sociales actúan como detonantes. Estas plataformas están diseñadas para bombardear al usuario con información similar a la que consume, como puede ser contenido de alimentación, o dietas.

Este bombardeo, sumado a la presión entre pares, donde el fat talk (la conversación constante sobre el cuerpo propio o ajeno, sobre dietas o cambios físicos) se ha naturalizado, amplifica la obsesión por el cuerpo hegemónico. En personas vulnerables, esto actúa como un potente gatillo para perseguir ideales inalcanzables, incentivando conductas riesgosas que, al presentarse en las redes, terminan siendo normalizadas”.

Y agregó que se pueden identificar tres ejes principales por los cuales las redes impactan negativamente en la relación con la alimentación, el cuerpo, la autoestima y el autocuidado: “Sobreinformación que genera desinformación y desconecta; Exaltación de la imagen irreal; y la naturalización de conductas riesgosas”.

La psicóloga Angelini explicó que “cuando hay antecedentes en los padres o algún familiar, o hay más observaciones en relación al cuerpo de tipo negativa, habrá más insatisfacción corporal en las adolescentes y más vulnerabilidad. Hoy estamos atravesados por la virtualidad y las redes, y si no hay un control parental o más diálogo, más acompañamiento en casa, las adolescentes están mucho más expuestos a estos estereotipos hegemónicos de cuerpos”.

“Resulta fundamental enseñar a las personas, especialmente a los más jóvenes, a desarrollar una mirada crítica sobre el contenido que consumen. También es importante promover espacios donde se hable de diversidad corporal, autocuidado y salud desde una perspectiva mucho más amplia que el peso o la apariencia física”, aportó la nutricionista Morel.

En cuanto a la prevención, hizo hincapié en el rol de la escuela: “En muchas ocasiones, docentes, preceptores o equipos de orientación son quienes detectan los primeros signos de alarma, como cambios en los hábitos alimentarios, aislamiento social, preocupación excesiva por el peso o modificaciones en el rendimiento escolar. Por eso, la articulación entre la familia, la escuela y el equipo de salud resulta clave para lograr una detección temprana y una intervención oportuna”.

El sábado 27 de junio, las nutricionistas Constanza Morel, Itati Martínez Garbino, la psicóloga Paula Angelini y la psiquiatra Zelmira Gómez darán una charla gratuita abierta a la comunidad y dirigida sobre todo a madres, padres y cuidadores sobre conductas alimentarias en hijos y cómo poder abordarlas. La modalidad será online y para participar se debe completar un formulario que se encuentra disponible en las redes sociales de las profesionales.

Algunos signos de alerta a los que prestar atención Detectar un TCA a tiempo es crucial para una pronta recuperación. Prestar atención a algunos comportamientos y cambios físicos como cambios notables en las conductas alimentarias: Realizar dietas restrictivas severas o eliminar grupos enteros de alimentos. Desaparición de grandes cantidades de comida o evitación estricta de comer en familia. Ir al baño inmediatamente después de comer, vómitos.

Comer en secreto, de forma acelerada y hasta sentirse incómodamente lleno. Comportamientos físicos y psicológicos: Cambios drásticos en el peso corporal. Puede surgir una excesiva preocupación por el aporte nutricional, el conteo de grasas y el etiquetado nutricional. Aparece un miedo intenso a engordar y distorsión de la imagen corporal (verse con sobrepeso a pesar de estar muy delgado/a). Realizan exceso de ejercicio físico de manera compulsiva para "compensar" lo que se ha comido.

Ante cualquier sospecha o para confirmar un diagnóstico, es indispensable acudir a un centro de salud mental o a profesionales especializados. El Hospital Centenario cuenta con un área de adolescencia, que atiende estas patologías.