Claves
- Para Juan Yaryez, la ciencia de la caridad es una propuesta para reconstruir el tejido social desde el corazón.
- Sin embargo, hay quienes creen que ayudar exige algo más profundo: inteligencia, formación, organización y, sobre todo, una decisión radical de involucrarse con el otro.
- En Paraná, un grupo de personas decidió tomarse esa convicción en serio.
Para Juan Yaryez, la ciencia de la caridad es una propuesta para reconstruir el tejido social desde el corazón.
En una época en que las noticias parecen acumular realidades hirientes -personas que duermen en la calle, jóvenes atrapados por la desesperanza, familias enteras sosteniéndose apenas sobre el hilo fino de la incertidumbre- la palabra “caridad” -para el creyente católico- “solidaridad” -para otros- corre el riesgo de convertirse en un gesto rápido, una reacción efímera, un acto que tranquiliza consciencias, pero no transforma realidades.
Sin embargo, hay quienes creen que ayudar exige algo más profundo: inteligencia, formación, organización y, sobre todo, una decisión radical de involucrarse con el otro. En Paraná, un grupo de personas decidió tomarse esa convicción en serio. Así nació Communitas, un espacio territorial que trabaja para superar realidades hirientes y acompañar procesos comunitarios desde una mirada humana e integral. Allí, la caridad no es entendida como limosna ni como paternalismo.
Es concebida como una forma de reconstruir vínculos, de devolver dignidad y de volver habitable una sociedad fragmentada. Porque hay algo que quienes trabajan cotidianamente en el territorio aprendieron hace tiempo: el dolor social no se resuelve únicamente con buenas intenciones. “Muchas veces creemos que servir es simplemente hacer cosas para otros.
Pero servir es más que hacer: es involucrarse desde el corazón”, sostiene Juan Manuel Yaryez, uno de los impulsores de Communitas y de la Diplomatura en Ciencias de la Caridad, una propuesta innovadora que se dicta en la Facultad Teresa de Ávila - UCA Paraná. Su reflexión no tiene el tono abstracto de quien habla desde un escritorio. Está atravesada por la experiencia concreta de comunidades, parroquias, organizaciones sociales y barrios donde la vulnerabilidad no es una estadística sino un rostro.
Abogado, egresado de la Pontificia Universidad Católica Argentina en 2017, Yaryez continuó su formación en Alemania, donde realizó maestrías en Ciencias de la Caridad y Ética. Ese recorrido académico y humano terminó convirtiéndose en una pregunta esencial: ¿cómo formar personas capaces de transformar la realidad social con profundidad, método y sensibilidad humana? La iniciativa no busca simplemente capacitar voluntarios.
Aspira a algo más ambicioso y, quizás, más urgente: formar protagonistas -que es mucho más que líderes- sociales capaces de comprender la complejidad de los problemas humanos y actuar con profesionalismo sin perder la sensibilidad. En tiempos donde la polarización reduce todo a consignas y la pobreza suele discutirse desde la distancia, Communitas -a través de la Diplomatura- propone recuperar una verdad incómoda: nadie puede transformar aquello que no comprende profundamente.
Por eso, su formación se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales. El primero es la incorporación del principio-valor de la caridad como eje de la vida social. No como un sentimiento pasajero, sino como una decisión ética que reconoce en cada persona una dignidad inviolable. Para la tradición cristiana, explican sus impulsores, la caridad no es opcional. Es un deber ético. Pero, incluso fuera del ámbito religioso, aparece como una condición indispensable para la convivencia humana.
“El gran desafío de nuestra época es volver a mirarnos como comunidad”, reflexiona Yaryez. “No se trata solo de dar cosas, sino de darse a uno mismo”. El segundo pilar reúne conocimientos fundamentales para intervenir socialmente con seriedad: pensamiento social de la Iglesia, antropología, teología moral, comunicación, derecho, trabajo social y gestión.
Lejos de encerrarse en un discurso confesional, la diplomatura abre herramientas aplicables en organizaciones civiles, gobiernos, instituciones educativas, empresas y espacios de salud. La propuesta está dirigida tanto a católicos como a personas de otras creencias o sin afiliación religiosa. Porque la pregunta que la atraviesa es universal: ¿cómo construir sociedades más humanas? El tercer eje introduce la metodología del pensamiento complejo e interdisciplinar.
La pobreza, las adicciones, la exclusión, las soledades no deseadas o la violencia no pueden abordarse desde una sola mirada. Son fenómenos entrelazados, tejidos por múltiples causas y consecuencias. Comprender eso implica abandonar soluciones simplistas y aprender a trabajar colectivamente. Finalmente, el cuarto pilar apunta a la concepción de proyectos con impacto social concreto. La caridad, sostienen desde Communitas, necesita organización. Necesita estrategia. Necesita capacidad de gestión.
Amar al prójimo también implica aprender a diseñar políticas, coordinar equipos, administrar recursos y construir redes. Detrás de la propuesta existe además un equipo interdisciplinario que busca tender puentes entre la formación académica y la realidad cotidiana. La diplomatura es coordinada por Pablo García (doctor en Filosofía), y un equipo interdisciplinario que acompañan el proceso formativo desde distintas perspectivas profesionales y pastorales.
La primera cohorte, realizada el año pasado, confirmó que existía una necesidad latente. Participaron personas provenientes de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Rosario, Gualeguaychú, Concordia, Diamante, Santa Elena y Paraná. Algunos trabajaban en parroquias; otros en ONGs, escuelas, espacios comunitarios o instituciones públicas. Todos compartían una misma inquietud: cómo vincularse mejor con el prójimo. Esa diversidad terminó convirtiéndose en una de las mayores riquezas de la experiencia.
Porque la diplomatura no pretende fabricar respuestas idénticas, sino generar encuentros. Allí convergen quienes trabajan en asistencia social, educación, salud, gestión pública y pastoral comunitaria. Personas distintas, atravesadas por la misma intuición: la transformación social requiere algo más profundo que la improvisación. En el fondo, la propuesta de Communitas nace de una constatación sencilla y poderosa. Las comunidades no se reconstruyen solamente con recursos materiales.
Se reconstruyen cuando alguien decide permanecer, escuchar, acompañar y comprometerse con el sufrimiento ajeno. Esa convicción también se expresa en el trabajo territorial que el grupo realiza en Paraná y en distintas capacitaciones especializadas. Una de ellas se está desarrollando en la diócesis de Concordia, junto a Cáritas, donde se articulan espacios de formación para agentes comunitarios y referentes sociales de manera personalizada.
Mientras avanza su proceso de formalización como fundación, Communitas continúa ampliando una red silenciosa de personas convencidas de que la caridad puede -y debe- pensarse con la misma seriedad con la que se piensa la economía, la política o la educación. Tal vez porque comprendieron algo fundamental: las sociedades no colapsan solamente por falta de dinero. También se derrumban cuando desaparece la capacidad de sentir al otro como parte de uno mismo.
La Diplomatura en Ciencias de la Caridad aparece entonces como una respuesta profundamente contemporánea a un problema antiguo. Enseña que ayudar no es un acto improvisado de generosidad ocasional, sino una práctica que exige formación, reflexión y entrega personal. En tiempos marcados por la fragmentación y la indiferencia, iniciativas como la de Communitas recuerdan que todavía existen personas dispuestas a aprender el difícil arte de acompañar al otro.
Y que, tal vez, la verdadera revolución social comience exactamente ahí: en el momento en que alguien comprende que servir no es hacer beneficencia desde lejos, sino acercarse lo suficiente como para compartir la carga humana del otro. En una cultura acostumbrada a medir el éxito por la productividad y el rendimiento, la propuesta parece ir contracorriente. Habla de servicio, de comunidad, de dignidad humana. Habla de volver a poner a la persona en el centro.
Porque cuando la caridad deja de ser un gesto aislado y se convierte en una forma de mirar el mundo, algo empieza a cambiar. No solo en quien recibe ayuda. También en quien descubre que la vida humana alcanza su plenitud cuando deja de preguntarse únicamente qué puede obtener y comienza a preguntarse qué puede ofrecer. Y quizás ahí resida su fuerza más transformadora.
El proyecto que ingresó esta semana al Senado replica, casi pieza por pieza, las reformas que Santa Fe y Córdoba pusieron en marcha sobre sus cajas previsionales. Un repaso por los números que exhibe el gobierno y por los resultados —desparejos y todavía sin comprobar— que esas mismas medidas dieron en otras provincias que conservan su sistema.
Delta