Claves
- “No imaginamos a Victoria mirando Netflix el año próximo”, dicen en el entorno de la vicepresidenta.
- Que va a jugar el año próximo ya no quedan dudas.
- “No imaginamos a la vicepresidenta el año próximo mirando Netflix mientras hay una campaña presidencial”, confirmó a una persona del círculo de confianza de la vicepresidenta.
“No imaginamos a Victoria mirando Netflix el año próximo”, dicen en el entorno de la vicepresidenta. El ahorro en el Senado y las críticas cada vez más abiertas a la gestión libertaria Como si fuera un jugador de póker, Victoria Villarruel ya está sentada en la mesa de la partida electoral de 2027, pero prefiere no mostrar su juego hasta no ver cómo se desarrollan los acontecimientos.
Mientras tanto, la vicepresidenta decidió levantar el perfil público mostrando los resultados de su gestión al frente de la Cámara alta y destacando su condición de “nacionalista, católica y productivista” con la clara intención de mostrarse como la contracara de Javier Milei y su administración.
“La mejor campaña de ella es él”, afirma uno de sus más estrechos colaboradores con un tono que muestra una mezcla de incredulidad y morbo ante la crudeza con la que se filtran en las redes sociales las miserias y bajezas de la interna del Gobierno. Pero también les interesa mostrar los resultados de dos años y medio de administración de la Cámara alta: reducción en mil puestos de la planta de personal y un ahorro de $21.000 millones, según las cifras oficiales difundidas por el Senado.
Que va a jugar el año próximo ya no quedan dudas. “No imaginamos a la vicepresidenta el año próximo mirando Netflix mientras hay una campaña presidencial”, confirmó a una persona del círculo de confianza de la vicepresidenta. Sin embargo, cuando se piden precisiones sobre cuál es el plan empiezan las circunvalaciones verbales y narrativas para no anticipar la jugada. “La ansiedad de la política no es la ansiedad de Victoria”, responde uno de los miembros de la mesa de arena de Villarruel.
“Tiene el 90% de conocimiento, no necesita apurarse”, remata. Más allá de las palabras, el nervio político y electoral está latente y se puede palpar en las charlas. Lo delatan los números de encuestas que, si bien dicen que ellos no piden, aparecen todo el tiempo en la conversación. “Mide mucho Victoria, mide cuarenta y pico” de aprobación, destacan.
“Hoy, 18% dice ‘la voto’”, apunta un miembro de la “mesa política” de la vicepresidenta, poniendo énfasis en los dos dígitos que arroja el muestreo, número que ven como una base más que interesante para lanzarse a la palestra electoral en el momento indicado. La idea es dar el paso cuando llegue el momento y no apurar nada. Insisten en que la vicepresidenta no va a ceder a la presión mediática que −afirman− quiere ya ubicarla en el tablero de la partida política del año próximo.
Y agregan un dato más: el momento económico del país tampoco es propicio para andar anticipando candidaturas. Mientras tanto, la idea es resaltar el contraste entre Villarruel con una administración que todo el tiempo comete errores no forzados y que, aseguran, carece de empatía con la sociedad. “Victoria no disfruta echando gente como hace (el ministro de Desregulación, Federico) Sturzenegger”, ejemplifican.
Al respecto, destacan que la caída de agentes en el Senado (de 4583 en diciembre de 2023 a 3583 en marzo de este año) se logró sin grandes traumas, a partir de aplicar controles de asistencia, planes de retiro voluntarios y jubilaciones, renuncias y cesantías por no concurrir a su lugar de trabajo. “Pero también es la contracara de Milei porque ella es nacionalista, católica y productivista y él es globalista y liberal”, afirman en cercanía de la vicepresidenta.
Así se explican los permanentes viajes de Villarruel al interior, contactándose con gobernadores provinciales y tomando de primera mano el pulso de la economía. La otra cara de la moneda, afirman, de un Milei que prefiere los viajes al exterior y, en su mayoría, con una agenda política vinculada con la derecha global.
En ese sentido, la estrategia del contraste permite ahora explicar la adicción de Villarruel de replicar los comentarios y posteos que la critican o que la acusan de traidora en redes sociales, una costumbre que la vicepresidenta defiende a capa de espada y mantiene fuera del alcance de sus asesores. Esas intervenciones le han servido para criticar, en duros términos, a funcionarios y aliados del Gobierno. “Son temas muy fuertes” como para que Villarruel pueda quedarse callada, explican.
Hablan de los escándalos de patrimoniales del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y del vaciamiento de la obra social de las Fuerzas Armadas, como casos emblemáticos. Sobre las acusaciones de traición, insisten en que todo es un invento de la Casa Rosada. “Si la vice no está con Milei es por Karina”, afirma uno de los colaboradores más cercanos de Villarruel, señalando a la hermana presidencial como la principal responsable de la pelea con el jefe el Estado.
En ese sentido, la misma persona destaca que el enfrentamiento se produjo sin que ambos protagonistas hayan cruzado palabra alguna. De hecho, afirma que la última vez que hablaron Milei y su vicepresidenta fue hace ya casi dos años, en el desfile militar del 9 de Julio en Avenida del Libertador, cuando los dos se subieron al tanque en medio de risas y chistes. Imágenes de un pasado que parece muy lejano.
Delta